Coronavirus: una amenaza sin fronteras

Escrito por el 13/03/2020

Télam, 12/03/2020 Buenos Aires: En el Aeropuerto Internacional de Ezeiza 2000, se activó el protocolo de seguridad ante en brote de coronavirus, revisando a todos los pasajeros, para evitar la propagación de la enfermedad. Foto: Daniel Dabove
Télam, 12/03/2020 Buenos Aires: En el Aeropuerto Internacional de Ezeiza 2000, se activó el protocolo de seguridad ante en brote de coronavirus, revisando a todos los pasajeros, para evitar la propagación de la enfermedad. Foto: Daniel Dabove

El día 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró pandemia (enfermedad infecciosa de alcance global) a la epidemia de coronavirus (COVID-19) que se iniciara en Wuhan, China el pasado diciembre. En términos de afectados, los datos del sitio web interactivo de la Universidad John Hopkins de los Estados Unidos, que se actualiza en base diaria, dan cuenta de alrededor de ciento veintiocho mil casos reportados y en ascenso, en ciento veinticinco países, con algo más de cuatro mil setecientos fallecidos. Otras fuentes confiables hablan de casi seis mil personas en estado serio o crítico.

Hoy el mundo está en alerta máxima luchando contra esta crisis de salud global, de consecuencias multidimensionales y aún impredecibles. El panorama en cuanto a la expansión futura de la pandemia y sus efectos directos e indirectos es aún incierto.

China, país de origen de la infección, es la nación más afectada, con 81 mil casos y el 67% de los fallecidos. Allí la lucha se ha dado en todos los frentes y ha incluido medidas drásticas, como la cuarentena de decenas de millones de personas y la puesta al servicio de la más alta tecnología disponible en el país para controlar la infección. El segundo país más afectado es Italia, con cerca de doce mil quinientos casos y luego Irán con diez mil. En este panorama desolador, la tasa de mortalidad promedio asciende hoy al 3,6% de los infectados.

En nuestra región de América Latina y el Caribe, los casos conocidos totalizan doscientos trece distribuidos en veinte países, con tres fallecimientos. Argentina ya ha reportado 31 casos y un fallecido

Estos números excluyen en los hechos a la golpeada Venezuela, con una profunda crisis de salud previa al coronavirus. De Venezuela se desconoce la existencia de infectados, lo mismo que de otros países reticentes al reporte, tal el caso de Corea del Norte.

La pandemia del coronavirus ha resultado en una profunda disrupción de la actividad humana, con múltiples consecuencias en todos los niveles, que afectan tanto a la vida cotidiana de las personas como al funcionamiento de los países y al orden global.

En el nivel nacional, las imprescindibles cuarentenas, las restricciones en los viajes, la limitación de las reuniones públicas, obligadas o autoimpuestas, el cierre de las instituciones educativas y tantas otras medidas, además de influir en el ánimo de los individuos, han llevado a una drástica disminución del consumo con perspectivas de agravamiento en el futuro cercano. También, han conducido a una reducción del ingreso de los trabajadores por la paralización de muchas fuentes de trabajo, con la consecuente retracción del gasto.

Por el lado de la oferta, muchas compañías alrededor del mundo están experimentando escasez en los insumos y servicios provenientes de los países más afectados, principalmente, aunque no en forma excluyente, de China y de Italia. Esto detiene la producción de las industrias locales de muchos países, lo cual conduce a una espiral descendente que afecta la economía, el empleo y el ánimo social.

En el contexto actual, crisis graves que ocurren en países de alto nivel de desarrollo industrial, productores de alta tecnología y/o proveedores de servicios sofisticados, afectan a la inmensa mayoría de las naciones, todo esto derivado de la interconexión e interdependencia global. Así, no es aventurado decir que lo que sucede a un país de este perfil, sucede a todos los países.

De ahí que a veces resulta alarmante observar a quienes, desde su ignorancia o insensatez, sonríen ante alguna desgracia de magnitud en alguno de esos países a los que llamamos “potencias”, como si las consecuencias no impactaran de una u otra forma en los intereses de todas y cada una de las demás naciones.

En el nivel global, la crisis del coronavirus amenaza directamente la economía y los mercados financieros, abriendo perspectivas de fuerte recesión. El precio del crudo ya ha registrado este impacto de disminución de consumo global de combustibles. El West Texas Intermediate (WTI) y BRENT cayeron ayer a 31 y 33 dólares por barril, respectivamente, perdiendo en lo que va del año 2020 alrededor de la mitad de su valor. Además de la baja de la demanda global debida al efecto disruptivo de la pandemia, ha sido determinante la falta de acuerdo de los países de la OPEC para enfrentar la crisis y la guerra de precios actual entre Rusia y Arabia Saudita.

A la caída del crudo se sumó la caída de las bolsas de todo el mundo que oscila entre un diez y un veinte por ciento, en lo que va del año, derivada de combinación entre datos de la realidad, expectativas, pánico e incertidumbre de los mercados.

A raíz de esto, tanto las instituciones financieras multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) como las mesas de análisis de las consultoras más relevantes ya están recortando sus predicciones de crecimiento del PBI global, cuanto menos un 0,5 por ciento, respecto del escenario pre-coronavirus, estimado en un tres por ciento anual. Sin embargo, los más pesimistas indican que, ante la incertidumbre en la evolución de la crisis, se podría configurar el peor de los escenarios, con una caída similar a la de la crisis financiera global de 2008, la más severa desde la Segunda Guerra Mundial.

Es evidente que el mundo enfrenta un evento no-económico de enrome magnitud que trae aparejadas gravísimas consecuencias económicas, que se proyectan hacia el futuro. Para reducir el riesgo en esta clase de eventos inusuales, es fundamental diseñar estrategias y planes de prevención y la repuesta tempranas, lo cual requiere de voluntad política, preparación y por qué no, del valor de los funcionarios para tomar las medidas adecuadas en tiempo y forma.

En ese orden de cosas, se han alzado voces críticas hacia la OMS respecto de la demora en catalogar como pandemia al coronavirus, entre ellas, la del ministro de salud de Brasil, Luiz Henrique Mandetta, quien atribuye a tal retraso la decisión de muchos países de postergar la adopción de protocolos más rígidos para el combate de la enfermedad, lo cual habría llevado a un agravamiento la situación.

Como reflexión final, esta amenaza sin fronteras lleva a pensar el rol de cada uno de nosotros, como miembro responsable de la sociedad. La clave es reducir el pánico, informarse a partir de fuentes confiables y observar y hacer observar las medidas indicadas, para evitar poner en riesgo a nuestros semejantes. También, nos cabe ejercer el control ciudadano de las acciones gubernamentales, en este tema de máximo interés común.

En cuanto a los que nos gobiernan, se espera de ellos el ejercicio de sus roles específicos con responsabilidad, idoneidad y transparencia, más allá de cualquier ideología, interés o especulación política. De esto depende reducir a la menor expresión posible las seguras consecuencias negativas de esta crisis de alcance global.

La autora es presidente de la Fundación NPSGlobal

Source: Infobae

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