Al Qaida, un grupo exangüe pero con "franquicias" activas

Escrito por el 14/03/2020

Su jefe vive recluido y ha dejado de ejercer como coordinador, pero Al Qaida no ha muerto. Muchos grupos yihadistas han adoptado la “marca” y aunque carecen de ambiciones planetarias tienen intereses en distintos países y en el contrabando.

El grupo fundado por Osama bin Laden, cuya firma sigue siendo los atentados de Nueva York del 11 de septiembre de 2001, está muy debilitado. La organización Estado Islámico (EI) y su efímero califato autoproclamado (2014-2019) le ha robado el liderazgo del yihadismo internacional.

Pero Al Qaida sigue presente y en algunas zonas intenta proyectarse a largo plazo mediante negociaciones políticas.

A nivel mundial, “Al Qaida se halla en una posición débil. El corazón del grupo en torno a [su líder, Ayman] Al Zawahiri ha recibido un golpe duro”, estima Daniel Byman, investigador de la universidad de Georgetown en Washington.

“Zawahiri permanece recluido por necesidad y su ausencia de carisma frena la capacidad de atraer a nuevos partidarios a Al Qaida. No es el rostro del futuro”, asegura Katherine Zimmerman del American Enterprise Institute en Washington.

Alain Chouet, ex alto cargo de los servicios de inteligencia franceses (DGSE), va más allá: “Aparte de Zawahiri y de algunos allegados que están en Pakistán, la organización en sí misma no tiene ninguna capacidad”.

“El mito se ha fortalecido por el hecho de que los movimientos islamistas violentos o contestatarios en el mundo árabe y musulmán reivindican ser de Al Qaida para ganar credibilidad, y porque a los gobiernos de estos países les conviene hacer pasar a sus oponentes por miembros de Al Qaida para obtener apoyo de los occidentales”, afirma.

– Desperdigados –

Apropiación del mito, uso de la marca, adopción de una franquicia … Independientemente del vocabulario utilizado, existen vínculos entre la organización y los grupos que se declaran afines a ella, como AQMI (Al Qaida en el Magreb Islámico) ) AQAP (en la Península Arábiga), los somalíes de Al Shabab y algunos grupúsculos sirios. Eso sin contar con sus raíces en Pakistán.

En cada caso coincide la metodología: se funden en el panorama local o regional y participan en la dinámica política, étnica y religiosa, aprovechando los puntos débiles de los Estados.

Suministran armas y dinero a los habitantes que se convierten, a largo plazo o a veces, en yihadistas ocasionales. Una forma de aumentar las filas manteniendo el caos.

AQAP y Al Qaida en Siria aplican modelos bastante simétricos, según Michael Horton, investigador sobre el mundo árabe en la Fundación Jamestown.

Diseminan a los combatientes en distintas milicias para “adquirir influencia, fondos y acceso a los tráficos”, explica, recordando que el contrabando y las alianzas locales “son más útiles que una adhesión ideológica y los caros ataques terroristas en el extranjero”.

Los yihadistas del suroeste de Libia afiliados a AQMI, operan en los confines de Argelia y Níger. También se centran en cobrar tasas a los traficantes, evitando “ataques que podrían llamar la atención”, según un informe de expertos de la ONU encargados del control de las sanciones, publicado en enero.

– El caso de Malí –

Describir a Al Qaida como una nebulosa coherente con una dirección es una pista falsa, aseguran las fuentes consultadas por la AFP, que sin embargo instan a no fiarse demasiado del hecho de que el grupo no haya cometido un ataque coordinado en Europa o Estados Unidos.

Porque la “marca” va bien. “Los afiliados de Al Qaida son más fuertes que el EI en muchas zonas de conflicto, sobre todo en el Sahel, Somalia, Yemen y el noroeste de Siria”, aseguran los expertos de la ONU.

Estos yihadistas también están en primera línea en una serie de negociaciones.

Los expertos destacan los vínculos entre Zawahiri y el jefe de los talibanes Sirajudin Haqani, quien acaba de firmar un acuerdo histórico con Estados Unidos.

Y en Malí, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM) de Iyad Ag Ghaly, afiliado a Al Qaida, declaró estar dispuesto a negociar con Bamako si Francia y la ONU retiraban sus fuerzas del país.

El conflicto de Malí es el principal desafío de Al Qaida en la actualidad, pese a ser local, opina Katherine Zimmerman: “Tales negociaciones podrían, como con los talibanes, hacer que [el GSIM] se convierta en un grupo integrado en la sociedad, y no al margen de la misma”.

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Source: Infobae

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