A 40 años del desnudo en “American Gigolo” que cambió la vida de Richard Gere

Escrito por el 04/04/2020

American Gigolo,  Richard Gere
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American Gigolo, Richard Gere
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Cuando recibió en sus manos el guion de American gigolo, el carilindo Richard Gere estaba por cumplir 30 años y había llegado tarde al mundo de Hollywood. Podría haber sido músico, gimnasta o licenciado en filosofía, sus inclinaciones de adolescente. A los 20, supo que iba a ser actor y dio sus primeros pasos en el teatro. Se fue a Londres y protagonizó el musical Grease. A la tele le huía y el cine le gustaba pero todavía no lo atrapaba. Quizá porque en vez de enfocarse en presentarse a cuanto casting pudiera prefirió irse un año a Nepal y acercarse al budismo.

A la vuelta, los productores se fijaron en su cara bonita. Sobresalió en el drama de época Días de gloria y gustó mucho su papel de italoamericano en Looking for Mr. Goodbar. También notó que asomaban los primeros problemas. Le llovieron propuestas para encarnar italianos y no quería encasillarse. Era muy pronto para sentirse tan asfixiado y estaba dispuesto a dar un golpe de timón.

El guionista y director Paul Schrader vivía a pleno la efervescencia de los ‘70. Escribía a más no poder, pero el exceso de cocaína le hacía descartar la mitad. Era la pluma detrás de Taxi Driver que dirigió Martin Scorsese y protagonizó Robert de Niro. El submundo era su zona de confort, y eso había dejado de agradarle. Escarbó en su memoria y de sus años de estudiante extrajo el prototipo de Julian Haye, un seductor high class. Ahí estaba su próxima creación.

A veces la historia se escribe a partir de algunos desencuentros y otras tantas casualidades. La opción natural para el papel del seductor era John Travolta, un paso natural para el Tony Manero de Fiebre de sábado por la noche. Pero John dijo que no. Schrader, argumenta tres motivos en la negativa de Travolta. El reciente fallecimiento de su madre, su primer gran fracaso en la industria del cine con Vivir el momento y el contexto homosexual que rodeaba al personaje de Julian y del que Travolta luchaba por escapar.

Richard Gere en "Gigolo Americano" (1980)
Richard Gere en “Gigolo Americano” (1980)

Schrader tenía unos pocos días para encontrar su protagonista y apenas dos opciones. Christopher Walken seguía en el orden de prioridades, aunque no le cerraba su perfil demasiado marcado de joven americano. “Le falta misterio”, pensó. Se fijó quién seguía en la lista y sintió que tenía que ser el elegido. Agarró el auto y se fue a la casa de Richard Gere en Malibu. El actor estaba despreocupado mirando el Super Bowl. Cuando terminó el partido, Richard apagó la televisión y le dio el ok. Sin saberlo, había tomado la decisión que le cambió la vida.

Con un contrato histórico con una multinacional de cosméticos, Lauren Hutton había inaugurado la era de lo que se llamaría más adelante súper modelos. Llevaba una década actuando, tratando de liberarse del encasillamiento de “cara bonita” y tampoco era la opción principal para American Gigolo. Mia Farrow lo era, como para casi todo proyecto de la época. Pero su brillo le jugó en contra. Cuando hicieron la prueba inicial, Mia opacaba a Travolta, y eso era precisamente lo que el director necesitaba evitar. Lauren transmitía otra cosa. Un misterio, quizás. Y una belleza particular, realzada por su sonrisa imperfecta. La actriz ideal para encarnar a Michelle Stratton, la esposa de un senador que va a obsesionarse con el gigoló.

Pese a haber declinado el papel, Travolta dejó su sello en la película. Fue por sugerencia de su representante que contactaron a Giorgio Armani, un sastre italiano de escasa repercusión de este lado del océano. Volaron a Milán y se entendieron de inmediato. El diseñador empezó a trabajar medidas y estilos. Travolta se bajó, pero el arreglo ya estaba hecho. Solo había que ajustar un poco el centímetro para que las hombreras y los colores claros hicieran su ingreso triunfal en Hollywood.

'AMERICAN GIGOLO' '' Richard Gere, 1980
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‘AMERICAN GIGOLO’ ” Richard Gere, 1980
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La otra pata de la película era la música, y otra vez Italia iba a hacer su aporte. El elegido fue Giorgio Moroder, que venía de ganar un Oscar por Expreso de medianoche. El italiano compuso la melodía y una posible letra, “Man machine”, y convocó a Stevie Nicks, la cantante de Fleetwood Mac. “Tenía que ser la voz de una mujer”, puso como condición. Pero Stevie dijo que no, y otra vez, hubo que recurrir a un plan b.

Mientras tanto, en Nueva York y al frente de Blondie, Debbie Harry era la diosa de la escena new wave. Cuando recibió la letra de “Man Machine” algo no le cerraba. “Era la perspectiva de un hombre, estaba teñida de machismo. Sentí que no podía cantarla y pregunté si podía escribir la letra”, contó. Para ello, la invitaron a ver algunas secuencias de la pelicula. Richard Gere conduciendo un Mercedes negro por la autopista fue suficiente. La canción no podía llamarse de otra manera que “Call me”. “Llamame, es lo que su personaje le decía a todas las mujeres”, agregó la rubia.

Con este escenario planteado, Richard Gere irradia seducción. Su personaje viste como nadie, sonríe como pocos, maneja un descapotable, habla cinco idiomas, seduce a mujeres y encanta hombres de la alta sociedad. Un universo desconocido para el actor que confesaba “No tengo trajes, no hablo idiomas y no sé nada de la comunidad gay. Me tuve que sumergir en eso en apenas dos semanas”.

'AMERICAN GIGOLO' '' Richard Gere, 1980
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‘AMERICAN GIGOLO’ ” Richard Gere, 1980
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El personaje se entromete en los recovecos más intrincados de la alta sociedad y ofrece sus servicios. Puede ser chofer, traductor, guía de turismo o todo lo que la clienta desee. Es extremadamente narcisista y nada le importa más que el dinero y la imagen. Su guardarropa es una tienda y la combinación exacta del traje, camisa y corbata la clave del éxito. Nadie había representado tan fielmente la estética yuppie hasta ese momento, y durante buena parte de los ’80, muchos jóvenes americanos jugaron a ser ese Richard Gere. Humilde, Gere no reconocía que su porte y facha natural también lo hacían objeto de deseo. Para muestra alcanza una anécdota. Hutton contó que cuando lo vio por primera vez quedó tan impactada que, nerviosa, le arrancó los brazos al muñeco del increíble Hulk con el que jugueteaba. “Hay una razón por la cual las estrellas se llaman estrellas y es esa cualidad incandescente que emanan. Richard tenía eso”.

Pero aún con todos estos ingredientes, si por algo se recuerda a la película es por incluir el primer desnudo frontal de un varón en Hollywood. Pero no solo eso, también al hombre cosificado, tratado como un objeto, digámoslo con las palabras exactas: el hombre prostituido. Hasta ese momento la prostitución se presentaba solo como un ámbito exclusivo para las mujeres. La película rompió con eso.

Según cuenta la leyenda, el desnudo tampoco fue algo programado sino una intuición del actor, que de manera casualmente descuidada, deja ver su masculinidad mientras se levanta de la cama. “Hasta lo que yo sé no estaba en el guion, se dio en el proceso natural de filmación”, confesó en una entrevista en 2012, donde se explayó sobre sus sensaciones. “Realmente me sentí vulnerable, pero pienso que es diferente para hombres y para mujeres”. Cuarenta años más tarde la situación sigue siendo la misma.

En 1983, más seguro de sí mismo y dentro de la estructura del guion, iba a repetir el desnudo en Sin aliento. Pero no hay como la primera vez, y el inexorable paso del tiempo la convirtió en una película de culto.

(Foto: Instagram)
(Foto: Instagram)

Reducir el impacto de American Gigolo a los segundos en los que Richard Gere exhibe sus genitales sería sumamente injusto para todas las piezas que se fueron moldeando, con mayor o menor premeditación, en el rompecabezas para convertirlo en el hombre más sexy del planeta. La química con Lauren Hutton, la historia de Paul Schrader, la ropa de Giorgio Armani, el paisaje de California y la música de Blondie aportaron a la causa. También lo hizo el contexto de Hollywood, en el que el rubro galanes necesitaba un recambio. Paul Newman y Robert Redford ya estaban grandes, y Robert de Niro y Al Pacino eran demasiado serios. A partir de American gigolo, Richard Gere tomo por asaltó el panteón de los hombres más sexies de Hollywood y tuvieron que trabajar muy duro para sacarlo.

Después de American Gigolo, Gere se transformó en el actor del momento y en un sex symbol. Es que lejos de ser un carilindo perfecto o lucir el aspecto de un machote rudo, el encanto de Gere se basa en una imagen despreocupada y una mirada entre tierna y desvalida capaz de enamorar abuelas, madres y nietas.

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Source: Infobae

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