Errores no forzados

Escrito por el 24/04/2020

Puntos ganadores y errores no forzados en la política española (Shutterstock)
Puntos ganadores y errores no forzados en la política española (Shutterstock)

Quería que por un momento saquemos la lucha contra el coronavirus del marco conceptual de la “guerra” que utilizan varios gobiernos para animarnos a analizarla bajo la órbita deportiva que tanto extrañamos y nos apasiona. Por la responsabilidad solitaria del gobernante en medio de una crisis y la similitud en la puntuación se me ocurre pensar en tenis.

En tenis los puntos siempre acaban en dos opciones. Puntos ganadores: aquellos donde el jugador anota sin que el rival llegue siquiera a tocar la pelota o en los que el jugador fuerza el error del rival con una pelota muy difícil de llegar. Y los errores no forzados: esos puntos en donde la situación parece estar bajo control pero sin embargo fallas y la pelota queda en tu lado de la red. En política suelen darse la misma relación solo que en este partido contra el coronavirus, el marcador duele como nunca.

Lamentablemente el Grand Slam que se está jugando en España encuentra a los principales jugadores divididos. El Gobierno intenta derrotar al COVID-19 al mismo tiempo que devuelve las bolas con un efecto envenenado de la oposición, ataja la economía y negocia con Europa el futuro de la Unión Europea. Es como si Nadal tuviera que jugar simultáneamente contra Federer, Djokovic y Dominic Thiem sabiendo que cada pelota perdida en un terreno le resta puntos en todos los marcadores.

En esta titánica tarea de competir en tantos frentes a la vez, es “normal” cometer los errores no forzados que el Gobierno cometió en la última semana. No es lo deseado. Tampoco dije que “está permitido”. Pero es “habitual”. Le pasa a los mejores. Máxime cuando los brazos y las piernas se empiezan a cansar. Cuando llevas dos meses dándole a la raqueta sin parar. Cuando corres el riesgo de cometer un “furcio” o una frase mal entendida por hacer más de cien ruedas de prensa intentando que la información le gane al mentira. Cuando generas una expectativa decidiendo ir a la red y a mitad de camino tienes que rectificar. Así es el tenis y la política, llena de errores no forzados. Claro que en una final como la que estamos atravesando, cada fallo duele más y genera incertidumbre pero tal como nos enseñan los grandes tenistas, una seguidilla de errores no forzados solo se detiene aumentando la concentración y la humildad. Y eso es lo que está persiguiendo el Gobierno hoy. Esa es la única opción de victoria.

Claro que todos tenemos el poder y el deber de criticar cuando veamos que una jugada sale mal, pero que sea para poder corregirla lo antes posible, no para sacar ventajismo político. No es momento de cambiar al jugador y, seamos sinceros, nadie en la oposición estaría dispuesto a bajar a la pista. Hoy quien está en la cancha, nos guste o no, es el Gobierno y debemos alentar su victoria porque será la nuestra. No seamos ese relator que nunca le dio a la pelota pero da cátedra sobre cómo habría que pegarle. No seamos parte de esos incongruentes que reclaman más test y cuando se hacen las pruebas recriminan que aumentan los casos positivos o de los que se quejan del alto costo de mascarillas al mismo tiempo que se oponen a establecer un precio máximo. Esos que quieren controlar el virus pero quieren a la gente en la calle para que la economía no se detenga. Ese no es el pensamiento ganador que necesitamos. Ese justamente es el pensamiento que nos lleva a perder como sociedad.

Ningún Gobierno pretendía jugar el torneo más difícil de nuestra historia reciente contra un rival tan desconocido. Nadie siquiera imaginaba este fixture. Tenemos en frente un adversario que hasta hace poco no sabíamos con qué mano le pegaba a la pelota, desconocíamos su velocidad y su fuerza de revés. Solo podemos ir aprendiendo mientras competimos, intentando que la pelota siga el mayor tiempo posible dentro de las líneas.

No intento comparar la lucha contra el COVID-19 con el deporte, esta pandemia es una pesadilla que se lleva a miles de personas en todo el mundo y pone en duda nuestro futuro económico, social y político. Simplemente quiero que reflexionemos sobre qué haríamos si en vez de políticos fueran los jugadores de nuestra selección nacional los que se enfrentan a un reto descomunal. Seguro los apoyaríamos enfáticamente. No nos dejaríamos engatusar con dicotomías de izquierdas y derechas, denuncias y reproches. Nadie desea que le llegue el día de gestionar una crisis de estas características, nadie se preparó para esto y afrontarla no es tarea sencilla.

Este es el desafío que nos convoca a todos como sociedad. Pone a prueba nuestro poder de unión frente a la dificultad. Nos muestra de qué estamos hechos y nos anticipa el carácter con el que afrontaremos las próximas pandemias (porque lamentablemente, las habrá). También desvestirá las mezquindades de cada jugador político, nos consultará sobre los futuros liderazgos y las políticas públicas inaplazables. Estoy seguro que este partido lo vamos a ganar pero mejor si lo ganamos juntos.

El autor es analista y consultor político

Source: Infobae

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