Estudiantes de Abogacía ganaron la mayor competencia en Derecho Internacional. La coordinadora es la chajariense Laura Pessarini

Escrito por el 26/04/2020

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Un equipo argentino le ganó a los de universidades como Harvard, Oxford, Columbia y Sydney, entre otras. Por el coronavirus, no pudieron viajar a Washington. Allí se iba a hacer la defensa oral, que se canceló.
Era enero. Muchos jóvenes ya habían salido a sus vacaciones en las playas. Otros habían elegido las montañas. Pero ellos tenían otro plan: tomaron los colchones de sus casas y se fueron para la facultad de Derecho de la UBA. Sí, ahí sobre la avenida Figueroa Alcorta de la Capital. Allí, estos cinco estudiantes se “internaron” durante dos semanas con el objetivo de llegar a tiempo para presentar los escritos para la principal competencia de derecho internacional del mundo: la demanda y contrademanda de dos Estados ficticios que se enfrentan en un caso hipotético ante la Corte Internacional de Justicia. Eran ellos cinco y los guardias de seguridad, nadie más en el palacio.

Este domingo se enteraron de que el esfuerzo valió la pena: les ganaron a todos. Aunque el premio tiene cierto sabor agridulce: por la pandemia de coronavirus, no pudieron viajar a Washington, donde se hubiera hecho la defensa oral.
La competencia internacional Philip C. Jessup es organizada por la International Law Students Association desde 1960. Los temas de esta edición incluyeron sucesión de Estados, legalidad de armas autónomas, admisibilidad de procedimientos paralelos, jurisdicción de disputas comerciales e inmunidad de oficiales públicos ante la Corte Penal Internacional. Participaron cerca de 700 universidades de más de 100 países. Los de la UBA les ganaron a universidades como Harvard, Oxford, Columbia y Sydney, entre otras.
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“A fines de agosto nos seleccionaron en la facultad y a mediados de septiembre nos dieron los casos que teníamos que tratar. Nos juntábamos los fines de semana, para darles vueltas a los argumentos hasta ver cuales funcionaban mejor. Mientras tanto, seguíamos estudiando en la carrera y algunos trabajando. La entrega era el 13 de enero, que es una buena fecha para el hemisferio norte, porque ahí es invierno y los estudiantes pueden juntarse a preparar los casos. Pero a nosotros nos tocó en pleno verano. Era tanto el trabajo que nos había quedado que decidimos juntarnos todos en la Facultad y, como no nos daba tiempo para ir y volver a nuestras casas, directamente nos quedamos a vivir ahí”, cuenta a Clarín Josefina del Rosario Lago, una de las cinco estudiantes.
Josefina también relata la frustración que sintieron en el momento que se enteraron de la cancelación del viaje. “El 6 de marzo habíamos ganado la ronda nacional contra la Universidad Di Tella. El 11 de marzo, cinco días después, estábamos todos juntos haciendo las prácticas de lenguaje oral para las presentaciones (tanto el escrito como el oral es todo en inglés) cuando recibimos el mail que nos informaban de la cancelación. Fue una decepción y una frustración muy grande. Fue como que todo el esfuerzo que habíamos hecho no tenía un cierre, un propósito. Dejamos muchas cosas, muchos días, y fue muy triste no tener la oportunidad de poder ir y competir en el lugar. Para nosotros este premio es una revancha”, dice.
Además de Josefina, el grupo de estudiantes de la UBA está integrado por Catalina Aguirre Jones, Pedro Grijalba Marsans, Fernando Riva de Quesada y Julián Gabriel Rivainera; y coordinado por las tutoras académicas Carolina Carla Catanzano y María Laura Pessarini.Obtuvieron los mejores resultados en las presentaciones escritas (conocidas como “memoriales”) de este año. Ganaron dos de los cuatro premios y salieron segundos en un tercero. Es el mejor resultado que obtuvo la UBA en trabajos escritos. En 2016 esa universidad había ganado en la parte oral.
La competencia Philip C. Jessup funciona como una suerte de “semillero” mundial de talentos en el derecho internacional. “Los escritos tienen entre 40 y 60 páginas y son evaluados por mucha gente, todos jueces con experiencia en cortes internacionales. Lo que se busca es ir mejorando los argumentos de defensa de Estados ante conflictos que son comunes en la actualidad. Por ejemplo, el de la sucesión de Estados, como la Unión Soviética, ¿cuáles relaciones internacionales surgen después en cada Estado?; o la legalidad de las armas autónomas: si es legal que un Estado ponga muros con armas automáticas; o la suba de aranceles de un Estado como ocurrió con Trump y el aluminio”, explica María Laura Pessarini, una de las tutoras del equipo.
Más allá de las frustraciones de este año, para la Argentina queda este equipo de futuros abogados que tienen un futuro prometedor para jugar, muy pronto, en las grandes ligas del derecho internacional.

Source: TalCual Chajarí

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