300 personas en lista de espera: Casaclub inauguró otra sede para acompañar a quienes tienen un padecimiento de salud mental
El corte de una cinta azul marcó el comienzo de una nueva etapa para Casaclub Baires en el barrio porteño de Villa Ortúzar. Adentro, los miembros de la organización, sus familias y quienes acom...
El corte de una cinta azul marcó el comienzo de una nueva etapa para Casaclub Baires en el barrio porteño de Villa Ortúzar. Adentro, los miembros de la organización, sus familias y quienes acompañaron el proyecto se reunieron para celebrar la apertura de una sede más amplia, con una cocina moderna, salas de reuniones, una barra y un espacio al aire libre. Al fondo, una parrilla y las mesas preparadas para compartir la comida completaban la escena. Además, es autosuficiente gracias a los paneles solares. Los propios integrantes de la comunidad estaban a cargo de distintas tareas, desde la cocina hasta la atención de los invitados.
La inauguración coincidió con una nueva edición de la jornada Salud Mental Sin Etiquetas, una iniciativa que busca poner en discusión los prejuicios que todavía rodean a los padecimientos psíquicos. La propuesta de Casaclub parte de una premisa: “Los invitamos a ver la salud mental sin etiquetas, con otra propuesta desde otro lugar y no desde la falta de un diagnóstico, sino desde el valor, la potencialidad y los lazos que creamos en comunidad”, expresó Cecilia Salas Gatti, directora ejecutiva de la organización, durante el acto de inaguración.
En Casaclub, quienes participan no son considerados pacientes, sino miembros. La diferencia no es solo una cuestión de palabras: el modelo propone una comunidad en la que las personas intervienen activamente en el funcionamiento cotidiano, eligen las tareas en las que quieren participar y trabajan junto con el equipo de la organización. No es un dispositivo clínico ni reemplaza los tratamientos profesionales, sino que busca complementar los apoyos disponibles mediante la participación social, las oportunidades laborales y la construcción de vínculos.
La jornada es de 9 a 17 y se organiza alrededor del trabajo compartido. Hay actividades vinculadas con la cocina, la atención, la comunicación y la búsqueda de oportunidades de empleo, entre otras. Los miembros deciden cómo involucrarse de acuerdo con sus intereses y capacidades.
La nueva casa representa algo más que una ampliación edilicia: “Esta sede no empezó con un proyecto de arquitectura, sino cuando en Cabrera -la anterior sede- nos dimos cuenta de que la comunidad crecía más rápido de lo que crecía nuestra propiedad. Ahora, lo mejor está por venir: las historias, los vínculos, los empleos y todo lo que se tracciona acá adentro”, señaló Gatti. Además, destacó que el desafío no consistía únicamente en conseguir un lugar más grande, sino en sostener el crecimiento de un proyecto que se construye a partir de la participación de sus miembros.
Beatrice Bergamasco, fundadora de Casaclub e integrante de la dirección de Clubhouse International, también destacó el significado de la apertura. La iniciativa local forma parte de un modelo mundial que comenzó en Estados Unidos y que propone una alternativa comunitaria para personas con padecimientos de salud mental. En la Argentina, la experiencia tuvo primero su desarrollo en Rosario y luego llegó a Buenos Aires.
La nueva sede busca ofrecer un entorno que transmita dignidad y respeto. Durante el brindis, Bergamasco recordó uno de los estándares internacionales del modelo, que establece que el espacio debe estar diseñado para promover la jornada laboral diaria y tener un tamaño adecuado. “Sabemos que en muchos centros de salud mental, hospitales o guardias no se transmite esa dignidad”, señaló a LA NACION. Y agregó que ese principio es importante para quienes van a habitar y trabajar en la nueva sede.
Alicia López, presidenta de la fundación y una de sus socias fundadoras, definió la apertura como un momento especialmente emotivo. “Es un sueño esto que se logró. Una Casaclub no te medica, no te hace terapia: es terapia en sí misma al explicar el valor de una comunidad que pone el acento en la participación y en las posibilidades de cada integrante. Solo tengo palabras de agradecimiento”, dijo durante el brindis.
Trabajar, compartir y recuperar la pertenenciaJimena Schvindlerman, de 49 años e integrante de Casaclub desde 2023, presentó su experiencia durante la inauguración. Para ella, la jornada diaria tiene un sentido que va más allá de ocupar el tiempo: “Una vez que sos miembro, no dejás de formar parte nunca. Es un lugar de pertenencia”, resumió al describir cómo los miembros evolucionan con el paso de los días y los meses. “Según la Organización Mundial de la Salud, este es el sistema más eficaz, económico y sustentable, algo que para nosotros es muy importante”, afirmó, haciendo referencia al modelo de rehabilitación psicosocial comunitaria.
Fátima Cinosi, de 32 años, también encontró en la comunidad un espacio propio. Forma parte de Casaclub desde hace casi tres años y participa de la unidad de cocina, una de las áreas que más disfruta. La mudanza le exigió adaptarse al cambio, pero hoy celebra las posibilidades que ofrece el nuevo lugar. “Para muchos de nosotros es como nuestro segundo hogar”, contó a LA NACION. Sobre la nueva cocina, destacó que es mucho más amplia que la anterior y permite trabajar con mayor comodidad.
“Para mí es donde están mis amigos, donde está la gente con la que comparto todos los días y nuestras vivencias”, explicó Fátima y cuestionó la idea de que las personas que participan de estos espacios permanecen sin hacer nada. “Venite un día acá y salís muerto del laburo que hacemos”, dijo entre risas, al describir una rutina en la que encuentra satisfacción tanto en las tareas como en el tiempo compartido con sus compañeros.