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ADN del crimen. La zona oeste del conurbano ocultaba los secretos de los “reyes del desguace”

Durante más de diez años, Elbio Fernández, que se autodenominaba “el rey del corte” debido a que se jactaba de que podía desarmar un automóvil en menos de 40 minutos, dominó los desarmade...

Durante más de diez años, Elbio Fernández, que se autodenominaba “el rey del corte” debido a que se jactaba de que podía desarmar un automóvil en menos de 40 minutos, dominó los desarmaderos clandestinos más grandes del sudeste del conurbano.

Desde El Triángulo de Bernal, la zona que marca el límite entre los partidos de Quilmes y Avellaneda las pilas de automóviles y autopartes sobresalían en una geografía dominada por casas bajas.

Esos vehículos apilados superaban la altura del terraplén que se levantó para la construcción del Acceso Sudeste. Dicha obra no se terminó y la mencionada vía de comunicación terminó en la rotonda en la que la antigua ruta 2 se dividía en las avenidas La Plata y Calchaquí.

Lejos de estar ocultos los desarmaderos del “rey del corte” funcionaron a la vista de los vecinos, de policías y de funcionarios judiciales de esa época.

“Vi que llegaban los ladrones con sus gorras y se bajaban de un auto. Había días en los que no tenían espacio en el galpón y salía Elbio con una amoladora o una autógena y se ponía a cortar el coche en la calle. En poco tiempo, del auto no quedaba nada. Cuando se iban, los ladrones de las gorras descartaban de las llaves del auto en alguna alcantarilla”, dijo uno de los testigos durante el juicio al describir cómo desarmaban un rodado en pocos minutos.

Durante el juicio oral que terminó con la condena de siete años y medio de prisión contra Fernández, esos galpones constituyeron el lugar al que concurrían ladrones de automóviles para cambiar los vehículos que robaban por dinero, según declararon los testigos en el debate.

Más de veinte años después, en la zona Oeste del Gran Buenos Aires y sin el ruido de Fernández, quien se movía con una Ferrari amarilla entre los desarmaderos que tenía en la avenida Monteverde en Quilmes y la avenida Lynch, en Wilde, una banda denominada “los reyes del desguace”, aplicó una novedosa metodología para desarmar automóviles robados.

Del modo industrial aplicado por “el rey del corte”, los “reyes del desguace” recurrieron a los garajes de sus viviendas para desarmar los vehículos que sustraían. También quedó en evidencia el alto nivel de reincidencia entre los integrantes de ambas bandas. Por ejemplo, Fernández, fue apresado nuevamente en 2017, a pesar que un tribunal le prohibió el acercamiento a un desarmadero durante veinte años.

Mientras que uno de los once detenidos por formar parte de la banda de los “reyes del desguace”, tenía un antecedente penal porque había sido apresado el 15 de mayo de 2024 durante un allanamiento en un desarmadero clandestino que funcionaba una de las trece casas en las que irrumpió la policía durante las últimas horas.

A pesar que había sido beneficiado con la libertad condicional por la causa del desarmadero ilegal de mayo de 2024, volvió a hacer lo mismo que antes: desguazar automóviles. Así lo detuvieron por segunda vez en dos años.

Aunque existió una notable diferencia entre los volúmenes de autopartes que movían “el rey del corte” y “los reyes del desguace”, la materia prima que usaban era la misma: automóviles robados.

Si bien operaron en épocas distintas, ambos grupos delictivos tercerizaron la tarea de sustraer los vehículos.

Tal como declararon los testigos en el juicio contra Fernández, los ladrones concurrían a sus galpones para llevar los automóviles que “levantaban de yuga”, tal como se conocía al hurto de automotores estacionados en la vía pública mediante la utilización de una percha usada como ganzúa o los que se robaban “de caño”, denominación que se aplica al robo a mano armada, según la jerga del hampa.

Además de las diferencias de estructuras entre la banda de Fernández y los “reyes del desguace”, que recurrían a una modalidad de robo hormiga y menos visible, la diferencia más notable entre ambas organizaciones criminales fue la forma de comercialización.

Según fuentes policiales y judiciales, la banda de los “reyes del desguace” usaba exclusivamente redes sociales para vender las autopartes robadas. Dicha herramienta tecnológica no existía en la época que operaba el “rey del corte”.

En los celulares de algunos de los detenidos figuran las fotos de ópticas, puertas, capots y baterías, entre otras autopartes que los responsables de la cadena de ventas ofrecían en Facebook, Telegram o WhatsApp.

La banda de los “reyes del desguace” fue desbaratada en las últimas horas luego de trece allanamientos realizados por los efectivos de la Dirección Departamental de La Matanza, a cargo del comisario mayor Flavio Marino.

Los operativos ordenados por el fiscal Fernando Garate terminaron con las detenciones de once sospechosos, acusados de formar parte de la organización criminal.

En los allanamientos, los funcionarios judiciales y policiales encontraron 50 autopartes, seis vehículos que estaban en proceso de desguace y once automóviles que habían sido robados y tenían pedido de secuestro activo.

Mientras que los once sospechosos detenidos habrían sido identificados por fuentes de la investigación como Diego Fernando Genaver, Gabriel Alberto Marino, Bernardo Gabriel Demasi, Jonathan Delgado, Brian Ricardo Gómez de Olivera, Leandro Emanuel Umaño, Iván Maximiliano Villarreal; Lucas Damián Pereyra y David Absalón Martínez Argüello.

La lista de sospechosos apresados se completó con Fabián Ariel Galván, de 35 años, y dos imputados que fueron sorprendidos por los policías en dos casas que fueron allanadas. Ante los funcionarios judiciales, los acusados dijeron que no tenían ninguna vinculación con la banda y que habían concurrido a esos domicilios a comprar repuestos. No obstante, quedaron detenidos hasta confirmar que no formaban parte de la organización delictiva.

Con respecto al acusado Galván, fue el primer detenido del caso. Los detectives de la DDI de La Matanza lo interceptaron cuando salía de una vivienda situada en Coronel Isleños al 300, en Isidro Casanova, a bordo de un Alfa Romeo MITO que tenía una patente apócrifa y registraba y un pedido de secuestro activo porque era robado.

En ese momento, los policías solicitaron la aprehensión de urgencia del sospechoso y, al mismo tiempo, quedó una consigna policial en el lugar hasta que la fiscalía ordenó el allanamiento de la vivienda.

Cuando los detectives irrumpieron en la vivienda hallaron autopartes, vehículos en proceso de desguace y herramientas utilizadas para cortar los automóviles.

Al revisar su celular y sus perfiles de redes sociales, los investigadores policiales determinaron que el sospechoso “desguazaba los rodados en su domicilio, comercializaba las autopartes que ofrecía a través imágenes que publicaba o que le mandaba varios de sus contactos más frecuentes”.

Con la información hallada en los teléfonos, los investigadores reconstruyeron la estructura de la banda y la función que cumplía cada uno de los integrantes de la organización.

Así fue que no pasó inadvertido para los responsables de la pesquisa la estrategia aplicada por los jefes de la banda que decidieron no involucrarse de forma directa en los robos de los automóviles y tercerizar esa función.

Según fuentes de la investigación, los mencionados Demasi y Umaño se desempeñaban como nexos con los ladrones de autos. Con el agregado que el primero de ellos, también cumplía la función de coordinador de la banda.

Mientras que Gómez de Olivera, Marino, Martínez Argüello, Pereyra y Villarreal se desempeñaban como cortadores de los vehículos.

Si bien no participaban de forma directa en los robos de los automóviles, aparentemente los jefes de la organización delictiva habrían provisto de armas e indumentaria a los asaltantes.

Entre los elementos secuestrados en los allanamientos, los policías encontraron municiones intactas calibre .38, handys de frecuencia punto a punto, un portacredencial con chapa identificatoria de la Gendarmería, un chaleco con un parche con la inscripción de esa fuerza federal de seguridad, un juego de esposas, un chaleco de la policía bonaerense y una baliza policial azul.

El hallazgo de estos elementos abonó la presunción entre los investigadores que apuntaría a que los responsables de la banda de los “reyes del desguace” planificaron que los robos de los automóviles se concretaran mediante la puesta en escena de falsos operativos de control vehicular realizados por ladrones vestidos como policías o gendarmes.

Cuando los robos terminaban, los ladrones debían reponer los elementos utilizados en esos falsos controles a los jefes de la banda.

La existencia de desarmaderos ilegales que comercializan autopartes de vehículos robados quedó reflejada en las estadísticas. Según las cifras oficiales, en la Argentina hubo 94.500 robos de vehículos en un año. Ese dato indicó que por día se sustrajeron 260 vehículos en todo el país. Se trata de uno de los delitos que más crecieron en nuestro país en los últimos cinco años. Si bien se evidenció una disminución en los últimos meses, en línea con una baja generalizada del delito que muestran las estadísticas gubernamentales, desde 2021 a la actualidad la cantidad de robos de vehículos aumentó en forma global 54 por ciento, según el estudio realizado por el organismo oficial que ejerce la superintendencia de seguros en el país.

El estudio oficial indicó también que el 67 por ciento de los robos fueron denunciados en territorio bonaerense. De acuerdo con el informe, la mayor cantidad de hechos ocurrieron en el denominado corredor sudoeste, integrado por los partidos de La Matanza, Lanús y Lomas de Zamora.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/adn-del-crimen-la-zona-oeste-del-conurbano-ocultaba-los-secretos-de-los-reyes-del-desguace-nid14062026/

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