Generales Escuchar artículo

Adolfo Aristarain: un maestro del policial y de un cine de autor que hizo escuela

En un año que marcó como pocos, en tan breve tiempo, la partida de nombres fundamentales del cine argentino, ...

En un año que marcó como pocos, en tan breve tiempo, la partida de nombres fundamentales del cine argentino, la noticia del fallecimiento de Adolfo Aristarain conmueve profundamente en su importancia, pero también en su inmediatez con otras recientes despedidas.

Al momento de su muerte (aun no fueron difundidas las causas del deceso), el extraordinario director tenía 82 años y una filmografía que se cierra inevitablemente con tan sólo once películas (más una miniserie), pero con las que consiguió un sitial de relevancia en la historia del cine argentino y latinoamericano difícil de igualar. Alejado de las cámaras desde Roma, estrenada hace 22 años, también había progresivamente abandonado la vida pública, aunque cada tanto reaparecía como cuando acompañó la retrospectiva del Bafici, en 2013, o cuando presentó El oficio del cine, su libro integrado por los guiones de Martin (Hache), Lugares comunes, Roma y el inédito Al norte de Marrakesh, en 2022.

De mediados de septiembre de 2024 se remonta su último contacto con el público, cuando recibió la Medalla de Oro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, institución que en la tarde de ayer brindó la triste noticia de su fallecimiento.

Nacido el 19 de octubre de 1943 en el porteño barrio de Parque Chas, su primera infancia mezclaba un incipiente amor por el jazz con el mundo del cine que veía en aquellos palacios plebeyos de barrio como el 25 de Mayo y el Grand Bourg. Su adolescencia no estuvo enmarcada por la finalización del quinto año del secundario. Dejó la escuela y fue vendedor ambulante e incluso tomó clases de trompeta buscando emular a sus ídolos.

Lo que sí tuvo decidido arraigo en todos esos años fue la lectura que lo llevó a la vida cultural de la calle Corrientes y donde además de las películas de género de su infancia y adolescencia abrazó al cine de autor que consecutivamente programaba el Lorraine.

Su primer contacto con el cine argentino fue en el rodaje de Dar la cara (1961), de José Martínez Suárez, donde apareció como extra de un mundo que nunca más abandonaría. Fue asistente de dirección de Julio Saraceni, Román Viñoly Barreto, Emilio Vieyra, Rodolfo Kuhn, guionista del corto Borges, realizado por Luis Angel Bellaba e incluso de Mario Camus en Digan lo que digan, estrenada en 1968 con el protagónico del cantante Raphael. Ese viaje a España, donde permaneció siete años, le permitió además vivir la fragua del spaghetti western rodado en Almería y trabajar para directores como Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon o Alexander Singer en películas protagonizadas por Lee Van Cleef, Henry Fonda o Charles Bronson. En buena medida era la cercanía a uno de los géneros que había abrazado en esas tardes de cine en continuado.

Regresó a la Argentina en 1974 y fue asistente de dirección de Juan José Stagnaro, Mario Sábato, Sergio Renán, Juan José Jusid y de Daniel Tinayre, hasta que en 1978 consiguió concretar su primera labor como director. Fue con La parte del león con la que Aristarain comenzó a forjar su nombre como un director de importancia y además de devolver al cine argentino al género policial, conseguiría uno de los títulos más importantes de nuestra cinematografía en toda su historia.

Protagonizada por Julio de Grazia, como ese hombre desdichado que por obra del azar se queda con el botín robado a un banco y es por eso que comienza a ser perseguido por los delincuentes, fue toda la declaración de principios en su filmografía, y también desde una leyenda que citaba textual: “Nuestro agradecimiento a Warner Bros. (1930-1950), Michael Curtiz, Henry Hathaway, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Mervyn Le Roy, Nicholas Ray, Joseph Von Sternberg, Jacques Tourner, Raoul Walsh y John Ford, sin cuya colaboración no hubiera sido posible escribir esta historia”.

Para su producción, el director consiguió que tres abogados financiaran el film. No tuvo el favor del público, ni tampoco premios, pero la crítica comenzó a destacar su labor: “Manifiesta la destreza descriptiva del director... para construir su película con tomas breves, seguramente discriminadas rítmicamente en la mesa de montaje”, escribía por entonces LA NACION.

Luego de ese debut, vendrían dos trabajos por encargo de la poderosa productora Aries Cinematográfica: La playa del amor y La discoteca del amor, dirigidas para consumo pasatista y popular, y a comienzos de la década del 80, con la dictadura militar aún en el poder, dos poderosas películas -también con producción de Héctor Olivera y Fernando Ayala- que mezclan tanto el policial como la denuncia política: Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima. En la primera, un exsindicalista que trabaja como dinamitero para una empresa multinacional corrupta, decide junto a su compañero de trabajo realizar una explosión que parezca accidental y negociar, de acuerdo con un inescrupuloso abogado, una indemnización millonaria. La segunda, un sicario es contratado para matar a un hombre de quien nada sabe y se ve involucrado en una red de intrigas y secretos del poder. Alegorías sobre los desaparecidos, los presos políticos y la trama corrupta del poder militar que evadieron los filtros de la censura.

Tiempo de revancha ganó el primer premio del Festival de Cine de La Habana y el Gran Premio de las Américas del Festival de Montreal y Últimos días de la víctima hizo lo propio en el Festival de Huelva. Desde su estreno se convirtieron en dos películas fundamentales y además marcaron el inicio de una colaboración permanente con Federico Luppi como una suerte de “alter-ego” cinematográfico o “actor fetiche”, que hizo que estuviera como actor fundamental de siete trabajos del realizador.

Luego Aristarain volvería a España donde, a mediados de los ochenta, conquista uno de los mayores éxitos del entonces universo televisivo con Pepe Carvalho, que protagonizó Eusebio Poncela. El policial también estaría presente en la coproducción con los Estados Unidos, The Stranger, la única película que Aristarain dirigió en inglés, y que fue protagonizada por Bonnie Bedelia y Peter Riegert, rodada en 1987.

Pasó un lustro para que llegara su labor más exitosa con Un lugar en el mundo, por la que ganó el premio Goya, fue celebrada en los festivales de San Sebastián, Nantes, Friburgo y Gramado y obtuvo una nominación al Oscar como Mejor Película Extranjera, sitial del cual luego la Academia de Hollywood la retiró al haber sido presentada por Uruguay y al no considerarse que el equipo técnico fuera suficiente para dicha representación.

Rozó el Oscar, pero tocó los corazones del público tanto en la Argentina como en España, que le brindó un enorme éxito y un sitial del cual Aristarain ya prácticamente no se movería, porque a sola excepción de La ley de la frontera, rodada en España y donde acariciaría de nuevo su gusto por el western, todo su cine siguiente estaría afincado en los recuerdos, la nostalgia, la añoranza y el valor de la ética frente a un presente decadente. Ese fue el denominador común de Martin (Hache), Lugares comunes y Roma, que definieron el último tramo de su labor poética en el cine.

Aristarain dejó varios guiones sin filmar, una mujer que fue su compañera de trabajo y de la vida como Kathy Saavedra (coguionista de muchas de sus películas), y muchos espectadores con un enorme sentimiento de orfandad porque ya no sucederá aquello que se esperó desde hace décadas, una nueva película que devolviera al cine su extraordinario ingenio.

“No puede desaparecer algo que crea la ilusión de que la vida tiene lógica y un sentido, que obedece a reglas y que hasta permite finales felices. Es como el deporte, hay reglas y resultados que obedecen a una lógica inventada y que se recibe y se siente con agrado. Como cualquier cosa que nos haga olvidar, por un rato, el sinsentido y el absurdo en el que estamos metidos. En Argentina, el Gobierno ha manifestado su desprecio por el cine. No tenemos que defender el cine, hay que defender al país. Y cuando consigamos que este Gobierno cambie, el cine va a seguir resurgiendo”, fueron sus últimas palabras brindadas al público en aquellos días donde el cine de España había hecho pie en Buenos Aires para premiar a un director irrepetible como Adolfo Aristarain.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/adolfo-aristarain-un-maestro-del-policial-y-de-un-cine-de-autor-que-hizo-escuela-nid26042026/

Comentarios
Volver arriba