Andrea Frigerio, Benjamín Vicuña y José María Muscari: el poder, las decisiones y las rebeliones que se esconden detrás de su nueva película
Un camarín puede ser refugio, trinchera o el lugar donde empieza una rebelión. En Pancake es un poco de todo eso. La película reúne a Andrea Frigerio, Benjamín Vicuña y José María Muscari a...
Un camarín puede ser refugio, trinchera o el lugar donde empieza una rebelión. En Pancake es un poco de todo eso. La película reúne a Andrea Frigerio, Benjamín Vicuña y José María Muscari alrededor de una entrevista televisiva decisiva: una conductora está por recibir a un candidato a presidente y, antes de salir al aire, decide que ya no quiere seguir jugando con las reglas de siempre.
La historia transcurre en un espacio acotado, pero sus preguntas son grandes. ¿Quién construye el relato? ¿Cuánto poder tiene quien hace las preguntas? ¿Qué pasa cuando alguien que lleva años cerca del poder decide darse vuelta? Durante una visita al set, en Barracas, sus protagonistas conversaron con LA NACION sobre cómo se gestó la película de Mariano Laffitte que, según cuentan, combina humor, acción y suspenso político.
El título guarda dos pistas. “En la televisión de los años anteriores, el pancake es lo que se usaba para maquillar”, explica Frigerio. “Pero también remite al panqueque que se da vuelta”, agrega la actriz. Su personaje, la presentadora Demi Burgos, está por hacer justamente eso: dar un giro brusco en su vida. “Quiere dejar de ser la arrastrada del poder y poner un punto. Demi cree que, desde su lugar en el periodismo y con esa entrevista, puede cambiar el futuro de su país”, cuenta Frigerio.
Para Muscari, que interpreta al maquillador y confidente de la conductora, el vínculo entre ambos necesitaba sentirse vivido. “Si no hay cercanía en lo que decís, se denota texto”, señala. Por eso valora la libertad que encontraron durante el rodaje para ajustar los diálogos y hacerlos más orgánicos. También celebra la oportunidad de compartir una película con sus compañeros: “Cuando supe que estaban Andrea y Benja , para mí fue como: ‘Qué honor’”.
Vicuña describe a su personaje como una presencia que se impone incluso cuando no aparece en escena. En el camarín donde permanecen Demi y su maquillador, cuenta Muscari, se siente todo el tiempo “el poder que ejerce” ese hombre que está por llegar. Es una manera de llevar el conflicto político a un terreno íntimo: la espera, una puerta cerrada y dos personas que deben decidir qué hacer.
Una película pequeña para contar algo grandeLa escala del proyecto también apareció en la conversación. Los actores explican que Pancake fue pensada para filmarse en dos semanas y en una sola locación. Vicuña ve en esa decisión una respuesta creativa a un momento difícil para la producción audiovisual: “No nos vamos a quedar de brazos cruzados, vamos a seguir filmando. ¿Cómo lo hacemos? Busquémosle la vuelta”.
Frigerio coincide en que hacer cine nunca fue sencillo. “Hay un mito de creer que esto alguna vez fue fácil”, dice. Para ella, la dificultad no apaga las ganas de contar historias: obliga a encontrar una forma posible de hacerlas. Muscari, por su parte, destaca que la película fue concebida para el cine, aun cuando después pueda tener otro recorrido.
El argumento les permite hablar de los medios, el dinero, la exposición y la permanencia en una profesión en la que el público elige cada día. Pero, cuando la charla pasa de la ficción a sus propias carreras, los tres coinciden en algo: elegir un trabajo también implica saber rechazarlo.
Vicuña distingue entre interpretar a alguien cuyas ideas no comparte y sumarse a un proyecto contrario a sus valores. “Personajes que encarnen ideas que no comparto, asesinos, criminales, genocidas, ahí te puedo defender el personaje, incluso encontrarle la humanidad”, explica. Con un proyecto o una marca, en cambio, ha podido decir que no. “Pero sé que tener esa posibilidad es un privilegio”, aclara.
Frigerio cuida otro criterio: la alegría de trabajar. “Los no son muy importantes, más importantes que los sí”, afirma. Si siente que no podría aportar nada a un proyecto ni encararlo con entusiasmo, prefiere no subirse. Tiene, además, una regla que aplica a sus decisiones: “Cuando hay dudas, no hay dudas”. Si empieza a buscar razones para aceptar, suele entender que la respuesta es negativa.
Muscari, acostumbrado a crear y dirigir sus propios proyectos teatrales, presta especial atención a las personas con las que trabaja. Saber que compartiría esta película con Frigerio y Vicuña fue, dice, “una caja de garantías”. Y resume su postura con una frase: “Con quién elegís trabajar, cuáles son las personas que te rodean, qué elegís decir, define mucho más de tu vida que lo que vos digas de vos mismo”.
Lo que pasa detrás de la puertaLa conversación termina, inevitablemente, en el lugar que ocupa el centro de la película. “El camarín funciona un poquito como trinchera”, dice Vicuña. Es también, para él, el espacio donde se dejan por un rato las preocupaciones personales antes de entrar en la ficción.
Frigerio lo vive como un lugar de transformación y defiende esos minutos de intimidad. Cuenta que a veces le golpean la puerta mientras intenta concentrarse y tiene que pedir: “¿Me das dos minutos, por favor?”. Convertirse en un personaje, explica, “no es apretar un botón”.
Muscari ofrece la mirada de quien suele estar del otro lado: para un director, el camarín es el territorio de los actores. “El director no tiene lugar físico”, observa entre risas. Quizás por eso le interesa tanto su misterio. Vicuña recuerda, a su vez, una obra que vio a los 16 años en Chile, en la que el público atravesaba los camarines y podía asomarse a la concentración de los intérpretes. Aquella experiencia, cuenta, fue reveladora para su vocación. “Cuando caminé por el medio de esos camarines me di cuenta que quería ser actor”, revela.
En Pancake, la puerta del camarín también separa dos mundos. Afuera espera una entrevista capaz de alterar el rumbo de una historia; adentro, una mujer decide si está lista para darla vuelta.