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Andreas Oelker: “El estrés y un estado de ánimo negativo aumentan la tentación de usar internet”

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El estrés y el mal humor pueden aumentar las ganas de conectarse a ciertas aplicaciones. Un estudio realizado con 900 adultos en Alemania, con encuestas al final de cada jornada durante 14 días, relacionó el uso problemático de redes sociales, videojuegos y compras en línea, entre otros, con más tensión, peor ánimo y descuido de otras áreas de la vida.

Estrés y uso problemático de internet: qué reveló el estudio de PLOS One

La investigación de PLOS One publicada el 29 de julio define este comportamiento como el empleo excesivo de aplicaciones hasta el punto de provocar angustia o dificultades en las actividades cotidianas. Entre sus posibles consecuencias se encuentran el incumplimiento de responsabilidades laborales, académicas y personales.

Andreas Oelker, estudiante de doctorado e investigador en Psicología General de la Universidad de Duisburgo-Essen y autor principal del estudio, explicó a CNN que “el estrés y un estado de ánimo negativo aumentan la tentación” de utilizar internet. A su vez, esa conducta puede profundizar el malestar que motivó la conexión inicial.

Silke Müller, asistente de investigación posdoctoral de la misma institución y coautora del análisis, señaló que este problema todavía no está clasificado como un trastorno, aunque consideró que podría clasificarse como tal. También precisó que el estudio siguió únicamente a adultos, por lo que sus resultados no permiten establecer si el mismo proceso ocurre entre niños.

Cómo el uso compulsivo de aplicaciones puede reforzar el malestar emocional

Parin Kamdar, psicóloga clínica licenciada de Princeton, Nueva Jersey, comparó los resultados con los patrones presentes en los trastornos alimentarios, las adicciones y el trastorno obsesivo-compulsivo. La especialista explicó por correo electrónico a CNN que estos impulsos suelen funcionar en un nivel subconsciente y habitual.

Ese mecanismo puede llevar a una persona a recorrer contenidos antes de advertir qué está haciendo. De esta manera, las emociones negativas favorecen la conexión, mientras el comportamiento digital problemático puede empeorar el estado inicial.

Tiempo frente a las pantallas: efectos sobre el ánimo, la atención y el bienestar

Kara Alaimo, profesora de Comunicación en la Universidad Fairleigh Dickinson, es autora de Over the Influence, un libro sobre los efectos perjudiciales de las redes sociales en mujeres y niñas. En su nota para CNN, explicó que el desplazamiento constante por contenidos suele reemplazar el movimiento corporal, una actividad esencial para la salud y la felicidad. Mirar una pantalla de cerca durante períodos prolongados también produce una estimulación que puede terminar en agotamiento.

El cansancio aumenta cuando una persona alterna entre distintas tareas, como responder mensajes y varias cadenas de correos electrónicos mientras revisa las redes sociales. A esto se suman interacciones digitales menos amables que las conversaciones cara a cara, debido a que los usuarios no siempre asumen la responsabilidad por su comportamiento.

Las imágenes seleccionadas y filtradas que otras personas publican también favorecen comparaciones capaces de generar una sensación de inferioridad. Además, las amistades resultan esenciales para la salud y el bienestar, pero suelen desarrollarse mejor mediante encuentros presenciales.

Estrés, agotamiento y discusiones: qué activa el impulso de conectarse

Por su parte, Kamdar recomendó identificar los momentos que activan el impulso. Una discusión estresante con un jefe o una pareja, el agotamiento y la sensación de estar abrumado pueden llevar a buscar una pantalla como vía de escape.

La especialista indicó que reconocer la aparición del deseo permite enfrentar la conducta con mayores recursos. “Una vez que una persona puede identificar de forma confiable la presencia del impulso, se encuentra en una posición mucho más sólida para afrontar la tentación”, afirmó.

Cinco minutos de espera y pausas digitales: estrategias para reducir el impulso

Kamdar aconsejó esperar cinco minutos antes de ingresar a internet cuando aparezca la necesidad de hacerlo para sobrellevar una emoción negativa. Durante ese intervalo, propuso hacer ejercicio, escuchar música o relajarse, y sumar otros cinco minutos al período de espera cada vez que vuelva la tentación.

A su vez, Alaimo recomendó planificar bloques sin pantallas. La profesora de Comunicación de la Universidad Fairleigh Dickinson contó que viajará con su esposo y sus hijos a un campamento familiar en una zona rural de Minnesota, donde navegarán por un lago, montarán a caballo y harán otras actividades que dificultan el uso simultáneo del teléfono.

La autora señaló que esta práctica no requiere un presupuesto elevado ni una semana completa. Como alternativa, sugirió desconectar el router durante una tarde del fin de semana y compartir juegos de mesa en familia.

Alaimo asesora a padres, estudiantes y docentes sobre la administración del tiempo frente a las pantallas. Quienes lograron controlar el impulso constante le contaron que se sienten más felices, prestan mayor atención a su entorno y disponen de más momentos para salir al aire libre, moverse, encontrarse con familiares y amigos o ayudar a otras personas.

Por último, Kamdar agregó que la terapia puede colaborar en el proceso y aclaró que, aunque el impulso quizá nunca desaparezca por completo, “su intensidad y su influencia disminuyen” hasta convertirse en un pensamiento que puede reconocerse y dejarse pasar.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/andreas-oelker-el-estres-y-un-estado-de-animo-negativo-aumentan-la-tentacion-de-usar-internet-nid02082026/

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