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Antes y después: cómo transformar un patio oscuro en una jungla urbana

“Quiero mucho verde, quiero una jungla”. Ese fue el pedido de Guadalupe Manero cuando decidió transformar el patio de su departamento. Al principio, no había más que un espacio oscuro con la...

“Quiero mucho verde, quiero una jungla”. Ese fue el pedido de Guadalupe Manero cuando decidió transformar el patio de su departamento. Al principio, no había más que un espacio oscuro con las paredes verde agua; un lugar chato y deslucido. De no más de 40 m², el patio contaba con un césped deteriorado por la falta de luz, algunas piedras y poca profundidad visual. Lo que siguió fue un proceso de diseño colaborativo que lo transformó en un espacio funcional, atractivo y cargado de significado.

Con una necesidad de combinar el contacto con la naturaleza que había marcado su infancia con una rutina dictada por el trabajo y los viajes, Guadalupe empezó a aportar al proyecto de la paisajista Agustina Busto desde su pasión por la decoración. Con esa premisa tan simple como ambiciosa, ambas -paisajista y cliente- colaboraron muy cercanamente para transformar el espacio. En las palabras de Agustina: “Creo que se hizo una linda sinergia”.

Sin embargo, llegar a ese resultado implicó superar varios desafíos. El principal condicionante en la refacción fue el nivel del suelo: el patio estaba construido sobre las losas de las cocheras del edificio. Para elevarlo, se implementaron canteros. Pero, como en Buenos Aires las lluvias no escasean, el drenaje del agua se convirtió en un nuevo problema a considerar. Con esto en mente, Agustina fabricó una zanja desde los canteros hasta el desagüe con granza de granulometría grande. Para que no se hundieran en la tierra, utilizó una tela geotextil y, por encima, unos 3 cm de piedras más chicas, llamadas bínder Mar del Plata. Con flejes negros que le dan un aspecto moderno y atemporal a la vez, el cantero se convirtió en una estructura capaz de albergar distintas especies, alturas y texturas. Para simplificar el mantenimiento, decidió conservar algunas de las piedras existentes e incorporar un sistema de riego por goteo. De esta manera, el espacio amplió su atractivo sin sacrificar la practicidad.

Teniendo en cuenta las condiciones oscuras del lugar, la paisajista trabajó con una “paleta deliberadamente contenida”, basada principalmente en verdes y blancos. Las hojas grandes de la Strelitzia nicolai aportan una textura gruesa para que contrasten con la altura mediana y las hojas redondeadas de la boina de vasco. Sus flores amarillas aportan un contrapunto luminoso que, como dice Agustina: “traen la alegría del sol que falta”. Entre las plantas de relleno, aparecen las anémonas japonesas, que se lucen especialmente durante su floración, y las neomaricas cándidas, también llamadas lirio caminante, una planta nativa que contribuye a la diversidad de formas.

La diseñadora destaca la importancia de que el espacio tenga un “interés visual y estacional durante todo el año”, especialmente en jardines chicos, donde cada centímetro cuenta. En sus palabras, “las distintas alturas y texturas fueron como distintas capas de vegetación donde pude lograr contrastes y variaciones de escala”.

Además de las plantas, otro recurso que utilizó la diseñadora del jardín para crear profundidad fue un sendero de lajas claras. Aunque se trata de apenas cuatro pasos, ella considera que fue fundamental para organizar el espacio y dirigir la mirada hacia el fondo. “Un sendero te exige un recorrido, agrega y separa el espacio en ambientes”. De esta forma, el patio deja de percibirse como un único espacio y adquiere nuevas capas y recorridos.

A lo largo del patio, desde las hojas de las strelitzias hasta las lajas en el piso, Agustina desafía la idea de que en los espacios pequeños todo debe ser de escala reducida. Lejos de recurrir a elementos diminutos, apostó por piezas de gran presencia destinadas a la colección de suculentas salteñas que Guadalupe heredó de su familia.

“Muchos objetos chicos en un espacio pequeño lo hacen mucho más ruidoso; las macetas grandes le dan más orden y armonía”

Así, conociendo las necesidades emocionales y prácticas de la clienta, Agustina Busto transformó un espacio chico y desaprovechado en una visual que se disfruta como un recorrido y, a la vez, desde el interior de la casa.

El patio recuperó para Guadalupe una conexión con la naturaleza que asociaba a su infancia y demostró cómo un espacio pequeño puede cambiar si se tienen en cuenta las necesidades de quien lo habita.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/antes-y-despues-como-transformar-un-patio-oscuro-en-una-jungla-urbana-nid26062026/

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