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Atención basada en valor: el desafío de cambiar la forma de cuidar la salud

A lo largo de los años, la medicina atraviesa momentos de revisión que exigen desafíos y cambios para mejorar. Hoy, ¿qué entendemos hoy por atención médica y cuidados? En ese sentido, hay un...

A lo largo de los años, la medicina atraviesa momentos de revisión que exigen desafíos y cambios para mejorar. Hoy, ¿qué entendemos hoy por atención médica y cuidados? En ese sentido, hay una nueva forma de pensarla y ponerla en práctica: la atención basada en el valor no es una moda ni un eslogan, sino una forma de ejercer la medicina sostenida por la evidencia científica, que gana terreno en todo el mundo.

Hacer más no siempre es mejor

Durante mucho tiempo, el sistema de salud tendió a asociar más intervenciones con mejor atención. Sin embargo, la evidencia científica nos muestra que no siempre es así.

Hablar de desimplementar prácticas de bajo valor podría interpretarse como hacer menos. Pero no se trata de hacer menos, sino de hacer mejor: hacer todo lo que hay que hacer, pero poniendo el foco en lo que realmente aporta valor a cada persona.

¿Y qué significa que algo tenga valor en salud? Son todas aquellas prácticas, estudios, tratamientos o cuidados que mejoran la vida de las personas. Pero “que les vaya mejor” no se limita a los indicadores tradicionales de la medicina. Durante mucho tiempo medimos el éxito en términos técnicos: si una cirugía fue correcta, si no hubo complicaciones, si un tratamiento cumplió su objetivo biológico. Pero eso no alcanza.

El verdadero cambio es incorporar una pregunta más profunda: cómo se siente ese paciente después de la atención, cómo vive y qué nivel de bienestar y funcionalidad recupera y si la atención tuvo sentido para su vida. Es decir, empezar a medir no solo lo que el sistema de salud considera importante, sino también lo que efectivamente les importa e impacta a las personas.

Desde este enfoque, la atención basada en valor busca dejar de hacer aquello que no aporta beneficios claros —y que incluso puede generar riesgos, incertidumbre o intervenciones innecesarias— y, al mismo tiempo, concentrar los recursos, el tiempo y la energía en todo aquello que sí mejora la vida de los pacientes.

Más que un cambio técnico, esta transformación implica pasar de un modelo tradicional, muchas veces paternalista —donde el médico indica y el paciente acata— a un modelo centrado en las personas que reconoce algo esencial: en la consulta dialogan dos expertos. El profesional de la salud, con su conocimiento científico, y el paciente, quien más sabe de su propia vida y de lo que está dispuesto a priorizar o a resignar. De esa interacción surge uno de los pilares de este enfoque: la toma de decisiones compartidas.

No se trata simplemente de informar mejor. También está lejos de atribuir la responsabilidad al paciente. La toma de decisiones compartidas consiste en construir, en conjunto, el mejor curso de acción posible entre alternativas que, muchas veces, son igualmente válidas desde el punto de vista técnico. Y para eso, los profesionales de la medicina tenemos que indagar, escuchar y entender qué tiene sentido para esa persona en ese momento de su vida.

Lejos del piloto automático

Esto exige algo que no siempre estuvo en el centro de la práctica médica: tiempo, escucha y entrenamiento específico. Porque estas habilidades no dependen de la buena voluntad ni de la personalidad de cada profesional. Se aprenden, se entrenan y deben formar parte del ejercicio cotidiano de la medicina, del mismo modo que se aprende a diagnosticar o a indicar un tratamiento.

También implica respetar la autonomía de las personas de manera más profunda, como práctica concreta. Incluso cuando el paciente decide algo distinto de lo que el profesional haría para sí mismo.

Para quienes ejercemos la medicina, esto supone trabajar en un vínculo más genuino con cada paciente, porque el cuidado no se reduce a aplicar un protocolo, sino a comprender a quien tenemos enfrente. Así, creamos en forma conjunta un plan a medida.

Por último, la atención basada en el valor es un cambio de mirada profundamente transformador que llegó para quedarse: nos invita a poner en primer plano a la persona —con su historia, sus valores y su contexto— para, desde ahí, abordar la enfermedad. Hoy estamos redefiniendo qué significa cuidar y curar. Y ese cambio no es menor: implica dejar de medir el éxito sólo en términos biomédicos para empezar a medirlo en vidas mejor vividas.

Directora de la Unidad Académica de Ciencias de la Salud, Universidad Hospital Italiano y Jefa Honoraria Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria Hospital Italiano.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/atencion-basada-en-valor-el-desafio-de-cambiar-la-forma-de-cuidar-la-salud-nid10052026/

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