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Bahía de Cochinos. El hallazgo de Rodolfo Walsh y Jorge Masetti que frustró la invasión para derrocar al régimen de Fidel Castro en Cuba

Era 1961, hacía poco que Fidel Castro había llegado al poder, y las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se iban tensando cada vez más.En una redacción de La Habana, entre rollos de te...

Era 1961, hacía poco que Fidel Castro había llegado al poder, y las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se iban tensando cada vez más.

En una redacción de La Habana, entre rollos de teletipo y cables, un mensaje en clave llamó la atención de dos periodistas argentinos. Fue el azar, ese hallazgo fortuito, que terminó por desbaratar una invasión militar que pudo terminar el con el régimen castrista cuando recién estaba comenzando...

Años después, ese episodio sería reconstruido por el Premio Nobel Gabriel García Márquez en un artículo publicado en la revista Alternativa, de Bogotá.

Hablaba, en primera persona, como testigo directo de los hechos. “Uno de mis mejores recuerdos de periodista es la forma en que el Gobierno revolucionario de Cuba se enteró, con varios meses de anticipación, de cómo y dónde se estaban adiestrando las tropas que habían de desembarcar en la bahía de Cochinos”, empieza.

Condenado al fracaso

Estados Unidos tenía, en términos técnicos, todo para ganar. Reclutas entrenados por la CIA, un plan secreto sobre el día, el lugar y la forma del desembarco en playa Girón, en Bahía de Cochinos, y el apoyo de exiliados cubanos que se oponían a Castro, que había llegado al poder dos años antes. Sin embargo, la operación estaba condenada desde el inicio: Cuba ya sabía que algo estaba por pasar.

Como repasa la BBC: “La Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Pentágono y la Casa Blanca, bajo la administración de Dwight Eisenhower, se propusieron liquidar al líder revolucionario. Y encontraron en un grupo de cubanos exiliados el ejército perfecto para ejecutar el plan. En total, fueron reclutados unos 1400 hombres. Cuba, mientras, se preparaba ante las sospechas de una invasión inminente”.

¿De dónde surgía esa sospecha?

Dos argentinos clave

“La primera noticia se conoció en la oficina central de Prensa Latina (LP), en La Habana, donde yo trabajaba en diciembre de 1960, y se debió a una casualidad casi inverosímil”, continúa el relato de García Márquez.

Prensa Latina es una agencia de información, todavía activa, que nació en Cuba tras la derrota de Fulgencio Batista. En su página oficial explica: “Sus primeras señales fueron lanzadas sin espectacularidad, modestamente y en condiciones muy difíciles. Resultó el primer proyecto comunicacional latinoamericano de alcance internacional con una visión alternativa de la realidad regional”. Fue ahí que dos periodistas argentinos jugaron un papel clave.

Jorge Ricardo Masetti era el director general de la agencia. Rodolfo Walsh trabajaba en el Departamento de Servicios Especiales, la unidad de inteligencia y periodismo de investigación, donde llegaban los cables.

En la Argentina, Walsh ya había publicado Operación Masacre en 1957. Recién empezaba a involucrarse en política, aunque hasta ese momento se declaraba antiperonista. Con la investigación sobre la Revolución Libertadora para ese libro, empezó a cuestionarse sus creencias. Poco tiempo después, cuando en Cuba triunfó esa otra revolución, se radicó en el país insular con el objetivo concreto de trabajar en PL.

Masetti, por su parte, trabajaba como periodista en Canal 7 y Radio El Mundo. En 1958 viajó como corresponsal de ese medio a Cuba. Los entrevistó a Fidel Castro y al Che Guevara, de quien todavía no se conocía mucho. Gracias a ese contacto le ofrecieron fundar la agencia.

Mensajes encriptados

“Jorge Ricardo Masetti, el director general había instalado una sala especial de teletipos solo para captar y luego analizar en junta de redacción el material diario de los servicios de prensa del mundo entero. Dedicaba muchas horas a escudriñar los larguísimos rollos de noticias que se acumulaban sin cesar en su mesa de trabajo”, cuenta Gabo.

Entre todos esos rollos, un día encontraron uno que, asegura el escritor, había llegado de la Tropical Cable, una filial de la All American Cable Inc., la red estadounidense, en Guatemala. “En medio de los mensajes personales había uno muy largo y denso, y escrito en una clave intrincada. Rodolfo Walsh se empeñó en descifrar aquel cable con la ayuda de unos manuales de criptografía que compró en alguna librería de viejo de La Habana”, continúa.

Después de varias noches, lo consiguió. El mensaje era más que una simple noticia: era un informe de suma utilidad para el gobierno revolucionario.

Lo había mandado un funcionario de la CIA desde la embajada de Estados Unidos en Guatemala a Washington. Contaba cómo se preparaba el desembarco armado en Bahía de Cochinos. Daba todo tipo de información, incluyendo el lugar donde se preparaban los reclutas, en la hacienda de Retalhuleu, cerca de la costa del Pacífico.

“¿De qué tiene cara Rodolfo?"

¿Qué podían hacer los periodistas con esa información? Las opciones eran investigar o pasar el dato al gobierno. Se decidieron por la primera y pergeñaron un plan que ni entonces podía catalogarse de maestro.

La nota de García Márquez profundiza: “Un hombre con el temperamento de Masetti no podía dormir tranquilo si no iba más allá de aquel descubrimiento accidental. Como revolucionario y como periodista congénito se empeñó en infiltrar un enviado especial en la hacienda de Retalhuleu. Por fin, y tal vez cuando menos lo pensaba, concibió la idea magistral”.

Estaba en la oficina cuando lo vio a Walsh, que caminaba por el vestíbulo con “pasos cortos y rápidos”. Gabo lo describe con detalles precisos: ojos claros y “risueños” detrás de “cristales de miope con monturas gruesas de carey”, calvicie incipiente, pálido y con la piel “como un cazador en reposo”. Vestía un pantalón de paño oscuro y una camisa blanca. Se había enrollado las mangas hasta los codos. A Masetti esa imagen le dio una idea.

“Masetti me preguntó: ‘¿De qué tiene cara Rodolfo?’. No tuve que pensar la respuesta porque era demasiado evidente. ‘De pastor protestante’, contesté. Masetti replicó radiante: ‘Exacto, pero de pastor protestante que vende biblias en Guatemala’. Había llegado, por fin, al final de sus intensas elucubraciones de los últimos días”.

Walsh viajaría al día siguiente a Panamá para pasar hacia Nicaragua y Guatemala. Iba a ir “vendiendo biblias” de puerta en puerta, predicando “los desastres del apocalipsis” hasta encontrar el campo de instrucción de la CIA. Conseguiría la información necesaria para escribir la noticia del año.

Pero las cosas no salieron tan bien: “Todo el plan fracasó porque Rodolfo Walsh fue detenido en Panamá por un error de información del Gobierno panameño. Su identidad quedó entonces tan bien establecida que no se atrevió a insistir en su farsa de vendedor de biblias”.

La aventura de Masetti y Gabo

Masetti no quería dar el brazo a torcer. No tenía otro plan, pero lo iba a intentar. Gabo explica que, un día, los dos viajaban a Lima desde México, cuando el avión tuvo que hacer una escala imprevista en Guatemala.

Tomaban una cerveza y se pusieron a charlar: “Masetti no tuvo un instante de sosiego. Estaba empeñado en que alquiláramos un coche, nos escapáramos del aeropuerto y nos fuéramos sin más vueltas a escribir el reportaje grande de Retalhuleu. Aquella vez, como en algunas otras, logré disuadirle. ‘Está bien, che’, me dijo, convencido a la fuerza. ‘Ya me volviste a joder con tu sentido común’”.

El colombiano le propuso a cambio, casi a modo de consuelo, otra “aventura”. Le sugirió que escribieran juntos un relato con la información que obtuvo Walsh, pero diciendo que la habían conseguido in situ, en un viaje clandestino. Así lo hicieron, entre risas, y firmaron las hojas con sus nombres reales. Después se tomaron una foto, una especie de evidencia de que estuvieron ahí. La pusieron en un sobre junto con la historia que escribieron, y se lo mandaron al general Miguel Ydígoras Fuentes, presidente de Guatemala en aquel entonces.

“Entonces me pregunté espantado qué sería de nosotros si se desataba una tormenta imprevista y se cancelaba nuestro vuelo hasta el día siguiente, y el general Ydígoras Fuentes recibía la carta con nuestros retratos antes de que nosotros hubiéramos salido de Guatemala. Al cabo de veintiún años, lo único que me inquieta de aquel día inolvidable es no haber sabido nunca si el general Ydígoras Fuentes recibió nuestra carta al día siguiente, como lo habíamos previsto durante el éxtasis metafísico”, concluyó.

Ningún periodista de PL escribió sobre esto, porque cuando le informaron al gobierno cubano, este les prohibió que lo publicaran. Pero ellos seguían creyendo en su gran valor como reportaje. Entonces, Walsh lo envió a la revista Che de Buenos Aires. Esa actitud marcó el fin de los dos periodistas argentinos en Prensa Latina: el gobierno de Castro intervino la agencia y Masetti y Walsh volvieron a su país.

El 17 de abril de 1961, finalmente, las tropas contrarrevolucionarias entrenadas en Guatemala (un ejército de 1200 hombres autodenominado “Brigada 2506″) desembarcaron en playa Girón para derrocar al nuevo líder, que estrechaba lazos comerciales y militares con el otro gran enemigo del norte, la URSS.

Las tropas entrenadas en Guatemala iban a ocupar la zona. Intentarían resistir el tiempo necesario para establecer un gobierno opositor en la región. Llegarían también aviones para bombardear los aeródromos cubanos. El presidente John F. Kennedy ponía especial atención a que no se descubriera que Estados Unidos era el impulsor del plan, por lo que empleaban, sobre todo, exiliados cubanos opositores en los batallones.

Por el hallazgo de los dos periodistas argentinos, perdieron el factor sorpresa. Fidel Castro en persona, al frente de un ejército de 12.000 soldados, los estaba esperando.

Para al tarde, los anticastristas ya estaban derrotados. Sin embargo, siguieron combatiendo por tres días, hasta las 17:30 del 19 de abril, cuando se produjo la rendición.

No existen cifras oficiales respecto a las bajas que dejó el combate. El presidente de la Asociación de Veteranos calcula que hubo 103 muertos entre los contrarrevolucionarios. Por el lado de Cuba, uno de los comandantes que dirigió la resistencia, José Ramón Fernández, dijo (en un libro que firmó junto a Fidel Castro) que murieron 176 cubanos repeliendo la invasión.

El régimen cubano (que ya cumplió 67 años) lo celebró como una victoria militar sobre los Estados Unidos. El triunfo de David sobre Goliat. En el lugar todavía hay un cartel que dice “Playa Girón, primera gran derrota del imperialismo en América Latina”.

Destinos cruzados

De vuelta en el país, los dos periodistas sostuvieron una postura política cada vez más marcada. Esos años en la isla los había cambiado.

Walsh empezó a militar en el Peronismo de Base y en 1973, de ser antiperonista en su juventud pasó a formar parte de las Fuerzas Armadas Peronistas y se convirtió en un cuadro fundamental en la inteligencia de Montoneros. Siguió ejerciendo el periodismo y fundó la Agencia de Noticias Clandestinas (Ancla). Periodistas e historiadores lo destacan como el autor intelectual del ataque con una bomba vietnamita a la Superintendencia de Seguridad Federal, lo que resultó en el atentado más sangriento en la historia de Montoneros, que dejó un saldo de 23 muertos y 110 heridos.

Masetti, en cambio, dejó el periodismo. Y se volcó entero a la lucha armada: fundó el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en 1963, un grupo que se localizó en la zona selvática de Salta y que pretendía formar una “guerrilla guevarista” en la Argentina.

Los destinos de Walsh y Masetti terminarían, una vez más, coincidiendo.

Para 1964, el gobierno de Arturo Illia sabía de la existencia del EGP. La Gendarmería Nacional los combatió. Varios guerrilleros guevaristas fueron capturados, pero de Masetti no se supo nada más. No hubo cuerpo ni noticias concretas sobre su final, aunque los funcionarios de Defensa lo dieron por muerto.

Varios años después, en el contexto de la última dictadura militar en la Argentina, Walsh murió asesinado.

Rodolfo Walsh fue asesinado el 25 de marzo de 1977 en Buenos Aires, en la intersección de las avenidas San Juan y Entre Ríos, en una emboscada perpetrada por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. Murió tras un enfrentamiento armado al resistirse a su secuestro. Su cuerpo nunca apareció.

Décadas más tarde, la histórica fecha del 17 de abril volvería a representar un momento histórico, esta vez, en la literatura latinoamericana. Ese día, pero en 2014, falleció el padre del realismo mágico, García Márquez, quien, tras su paso por Cuba y la agencia de noticias PL, continuó con una prolífica carrera literaria. La gente lo conocería más por éxitos como Cien años de soledad, publicado en 1967, o El amor en los tiempos del cólera, de 1985, que por su vínculo con Cuba, con Walsh o Masetti. Lo recordarían más por el clan de los Buendía que por su papel en la frustrada invasión a Bahía de Cochinos, 53 años antes de su muerte.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/bahia-de-cochinos-el-hallazgo-de-rodolfo-walsh-y-jorge-masetti-que-frustro-la-invasion-para-derrocar-nid17042026/

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