Belleza perfecta: un policial de bajo vuelo y trazo grueso, con mucho sermón y un resultado caricaturesco
Belleza perfecta (The Beauty, Estados Unidos/2025) Creada por: Ryan Murphy y Matthew Hodgson. Fotografía: Jason McCormick. Elenco: Evan Peters, Rebecca Hall, Anthony Ramos, Ashton Kutcher, Isabell...
Belleza perfecta (The Beauty, Estados Unidos/2025) Creada por: Ryan Murphy y Matthew Hodgson. Fotografía: Jason McCormick. Elenco: Evan Peters, Rebecca Hall, Anthony Ramos, Ashton Kutcher, Isabella Rossellini, Bella Hadid. Disponible en: Disney+. Nuestra opinión: regular.
Ryan Murphy es, desde hace varios años, una suerte de hombre pulpo en el mundo de las series. El productor, guionista, director y showrunner cuenta con una notable lista de éxitos en materia de ficciones, entre las que se destacan verdaderas gemas como Glee, Nip/ Tuck y Feud, otros títulos muy dignos como American Crime Story o American Horror Story, y algunos papelones que para qué nombrar. Lamentablemente, todo indica que Belleza perfecta, su más reciente estreno, se inscribe dentro de este último grupo.
El comienzo es prometedor. En un pretencioso desfile de modas parisino, una modelo bruscamente sufre un cambio de comportamiento, en el que comienza un raid de violencia que deja un tendal de heridos y varios muertos, y que concluye cuando la mujer muere por combustión espontánea (tal cual, así como lo leen). Lejos de ser un episodio aislado, situaciones similares se vivieron en otras ciudades del mundo, en las que modelos adoptaron de golpe una conducta errática y terminaron cometiendo violentos crímenes hasta morir por extraordinarias razones. Esos hechos dan pie a que se convoque a Cooper Madsen (Evan Peters) y a Jordan Bennett (Rebecca Hall), dos agentes del FBI que deberán encontrar quién se esconde detrás de esos episodios.
En simultáneo al caso policial, Belleza perfecta despliega otras ramas argumentales. Una de ellas tiene que ver con la relación sexoafectiva que mantienen Cooper y Jordan, a medida que sale a la luz el eje de la historia. Al parecer, una corporación fabrica un producto que le garantiza a sus usuarios una belleza hegemónica, pero que deriva en esas erupciones de violencia que terminan por provocar la muerte como reacción adversa. De ese modo, la serie imprime una moraleja algo obvia alrededor del precio elevado que muchos podrían estar dispuestos a pagar con tal de alcanzar una belleza presuntamente perfecta.
Belleza perfecta es una serie de trazo grueso en el sentido más inmediato del concepto. No hay matices ni sutilezas de ningún tipo. Y ojo, porque si bien algunas historias hacen de ese rasgo su principal capital (la saga Rápido y furioso, sin ir más lejos), en este caso el producto final termina por ser caricaturesco. La representación de muchos personajes, obsesionados todos con alcanzar un canon de belleza imposible de mantener, deriva en situaciones burdas que incluyen no pocas escenas de body horror. Ah sí, ese concepto que tan bien utilizó David Cronenberg, pero que de un tiempo a esta parte, parece potestad única de La sustancia (otro relato de trazo grueso pero de mensaje presuntamente relevante).
En Belleza perfecta, el cuerpo humano se convierte en una mesa de experimentos en la que todos quieren practicar cambios, modificaciones o vejaciones. Una y otra vez, los personajes dialogan sobre la búsqueda del cuerpo ideal como un objetivo ineludible de estos tiempos. También se habla mucho del sexo, pero se muestra poco. Y ahí hay algo de la esencia de esta ficción: el querer ser algo que no es. Porque Belleza perfecta se supone que quiere cuestionar la importancia de tener un físico hegemónico,pero recurre a actores y actrices a los que alcanza con verlos para comprender que no comparten esa idea. También hay muchas escenas que deberían elevar la temperatura, pero que terminan siendo inocentes porque, a fin de cuentas, esto tampoco es un thriller erótico.
El panorama entonces es que Belleza perfecta no termina de elegir un grupo de pertenencia. Aunque la serie es dinámica y los capítulos avanzan a gran velocidad, la sensación es la de una ficción que no cumple con las expectativas (¿o debería decir sexpectativas?). Eso sí, hay muchos soliloquios sobre el alto precio de alcanzar una belleza hegemónica, también mucho sermón sobre la importancia de separar el sexo del amor, y varias escenas de cierta truculencia que tampoco impactan mucho. Y a fin de cuentas, nada de esto es novedoso, porque la lluvia de clips virales que hacen del físico una única virtud, hace rato ya nos pusieron en alerta sobre peligrosas tendencias que lamentablemente vuelven a ser moda (el regreso de la extrema delgadez como canon de belleza).
En definitiva, Belleza perfecta termina por decir algo que ya sabemos, y es que lo importante es ser buenos por dentro. Y para aprender eso es preferible rever Amor ciego, una comedia salvaje de esas que no andaban pidiendo tanto permiso para decir algo claro y a los gritos.