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Bienestar Fest: vení a probar el yoga de la risa, una práctica para recuperar la alegría en el día a día

El acto de ...

El acto de reírse es una de las primeras expresiones que aparecen en la vida de los seres humanos. Mucho antes de aprender a hablar, entender lo que pasa o de poner en palabras lo que sentimos, las personas tenemos la capacidad intrínseca de reírnos.

Se estima que durante la infancia, los chicos se ríen entre 300 y 400 veces al día. Sin embargo, parecería que esa liviandad se pierde con los años y que en la adultez, entre las obligaciones, preocupaciones y el ritmo acelerado de la rutina, esos momentos se vuelven cada vez menos frecuentes.

Recuperar esa espontaneidad es parte de la propuesta del yoga de la risa, una práctica que asegura que no hace falta que algo nos cause gracia para empezar a reírnos.

María Laura Bardelli, instructora de yoga de la risa, terapeuta en inteligencia emocional y neurociencia e instructora en mindfulness, participará de la segunda edición del Bienestar Fest, el evento de bienestar más importante del país organizado por LA NACION y OSDE, se realizará el 24 y 25 de octubre en Hipódromo Palermo. Para acceder a más información sobre la agenda y dónde sacar las entradas hacé clic acá.

La referente promete invitar al público a explorar una práctica que combina movimiento, ejercicios lúdicos y risa.

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Reírse para cambiar de estado

El yoga de la risa fue creado en la India por el médico Madan Kataria y propone activar la risa de manera voluntaria. Su fundamento, explica Bardelli, está en la relación entre los gestos del rostro y la respuesta del cerebro. En particular, señala la importancia de los músculos cigomáticos, que participan en la sonrisa, y del orbicular de los ojos, que interviene cuando la risa se expresa de manera más intensa.

La explicación es que esos movimientos pueden desencadenar respuestas fisiológicas asociadas con el bienestar, incluso cuando la risa no surge naturalmente.

Bardelli sostiene que el cerebro interpreta esos gestos como señales vinculadas con un estado positivo y que, a partir de esa respuesta, intervienen sustancias como las endorfinas, la dopamina, la serotonina y la oxitocina, relacionadas con distintos procesos del organismo, entre ellos la regulación del ánimo y la respuesta al estrés.

La instructora también destaca el papel de la respiración y la postura. Según explica, una expresión facial seria, una respiración superficial o una postura corporal rígida pueden acompañar estados de tensión y alerta. Por eso, los ejercicios buscan modificar esos patrones a través del movimiento y la risa, con el objetivo de favorecer un cambio en el estado físico y emocional.

Entre los efectos que asocia con la práctica, Bardelli destaca la disminución del estrés, el alivio del dolor y el fortalecimiento del sistema inmune. Según explica, las endorfinas que libera el organismo actúan como analgésicos naturales, mientras que la reducción del estrés sostenido puede contribuir al funcionamiento de las defensas. En ese sentido, señala que la risa también se utiliza en hospitales y clínicas como complemento en el acompañamiento de pacientes oncológicos, para ayudar a aliviar dolores y malestares asociados con los tratamientos.

La instructora también destaca los efectos sobre la respiración: reírse implica movilizar el aire de una manera diferente, lo que puede favorecer la ventilación pulmonar y generar una sensación de relajación. Más allá de las respuestas fisiológicas, sostiene que uno de los cambios más significativos es la posibilidad de tomar distancia de aquello que nos preocupa y modificar la manera en que percibimos lo que nos pasa.

El efecto de la risa en primera persona

La experiencia personal fue lo que llevó Bardelli a profundizar en estos mecanismos. En 2018, mientras atravesaba una enfermedad, conoció un espacio que trabajaba desde la relación entre el cuerpo y la mente. Durante una actividad, participó de un ejercicio de risa y se detuvo a observar cómo se sentía antes y después. “Yo estaba preocupada, tensa. Hicimos el ejercicio y me sentí súper bien, y dije: acá hay algo más”, recuerda. Esa experiencia despertó su curiosidad y la llevó a formarse en neurociencia e inteligencia emocional para comprender mejor los procesos que podían explicar ese cambio.

Desde 2019 coordina encuentros en los que combina esa mirada con los ejercicios de yoga de la risa. Durante la pandemia comenzó a organizar sesiones gratuitas de 20 minutos por Zoom que mantiene hasta hoy, con una comunidad de alrededor de 600 personas en un grupo de WhatsApp. En los mensajes que recibe después de los encuentros, cuenta, hay una sensación que se repite: la de haberse sacado un peso de encima. “Me dicen: ‘Me saqué una mochila de encima, no sabés lo liviano que estoy’. Al cambiar la química, también cambiás la percepción de lo que está pasando”, señala.

Reírse con otros

Las sesiones de Bardelli comienzan con una breve explicación sobre los fundamentos de la práctica y un precalentamiento que puede incluir estiramientos o baile. Después llegan los ejercicios de risa, que al principio pueden generar vergüenza o sentirse forzados, pero que muchas veces terminan en carcajadas espontáneas.

En ese proceso, el encuentro con los demás cumple un papel central. Ver a otra persona reírse puede ser suficiente para contagiarse, un fenómeno que Bardelli relaciona con las neuronas espejo, involucradas en la observación e imitación de acciones ajenas. Para ella, la experiencia compartida es una parte fundamental de la práctica, porque ayuda a que quienes llegan con cierta resistencia se suelten y participen. “Algunos vienen con condicionamientos, otros vienen con diez millones de problemas. Pero cuando empezás a reírte, la risa que forzamos termina convirtiéndose en una risa genuina, porque mirás al otro que se está riendo y te tienta la risa del otro”, cuenta.

Bardelli también describe esa dimensión colectiva a partir de la sincronización que puede producirse cuando un grupo comparte una misma actividad. En sus palabras, la risa compartida permite que las personas salgan por un momento de sus preocupaciones individuales y se conecten con lo que sucede alrededor.

Para Bardelli, el objetivo no es reírse de todo ni restarle importancia a lo que nos pasa, sino encontrar una manera diferente de atravesar las dificultades. En sus encuentros propone observar cómo llega cada persona y registrar qué cambia después de los ejercicios. Esa atención, sostiene, puede ayudar a reconocer los estados de tensión y a responder de otra manera ante situaciones que habitualmente generan estrés.

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Volver a conectar con la alegría

“Un niño se ríe entre 300 y 400 veces al día, y un adulto hoy, por ahí le preguntás si se rio y te dice que no en todo el día”, reflexiona Bardelli. En esa diferencia encuentra una de las razones por las que considera importante recuperar el juego y la espontaneidad.

Su propuesta en el Bienestar Fest será una invitación a experimentar esa posibilidad en primera persona. Durante media hora, el público podrá conocer los fundamentos de la práctica y participar de ejercicios que no requieren experiencia previa ni llegar con ganas de reírse. La idea es prestar atención a las sensaciones del cuerpo y observar cómo cambia el estado de ánimo a lo largo de la actividad. “Lo primero que digo es que sientan lo que pasa en el cuerpo, que se observen y que sientan. Cuando te das cuenta de cómo viniste y cómo saliste, ahí está todo”, concluye.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/bienestar-fest-veni-a-probar-el-yoga-de-la-risa-una-practica-para-recuperar-la-alegria-en-el-dia-a-nid11102026/

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