Boca resistía con 10 ante Cruzeiro, se retrasó demasiado pronto y perdió el invicto en la Copa Libertadores
El buen momento de Boca se detuvo en Belo Horizonte. En su tercer partido en la Copa Libertadores, al que llegó con puntaje ideal, dio un paso atrás en el rendimiento y, tras jugar todo el segund...
El buen momento de Boca se detuvo en Belo Horizonte. En su tercer partido en la Copa Libertadores, al que llegó con puntaje ideal, dio un paso atrás en el rendimiento y, tras jugar todo el segundo tiempo con diez hombres por la expulsión de Adam Bareiro, y luego de los cambios de Claudio Ubeda que lo llevaron a replegarse cerca de su área, recibió un gol sobre el final y dejó en el camino un invicto de 14 partidos. Aunque sigue puntero en su grupo, ahora comparte el liderazgo con los brasileños y este miércoles también puede ser alcanzado por Barcelona, de Guayaquil, que recibe a Universidad Católica.
El último paso de Boca en el Mineirao no traía buenos recuerdos: allí, el equipo dirigido por Diego Martínez había quedado eliminado por penales en los octavos de final de la Copa Sudamericana, un golpe que marcó un quiebre en su ciclo. A partir de entonces, dirigió seis partidos más, con apenas un triunfo, antes de cerrar su etapa, mientras Cruzeiro terminaría llegando a la final del torneo. Esta vez, el escenario era distinto: Boca llegaba en alza, en el mejor momento de la era de Ubeda, ante un rival que, lejos de su historia copera, pelea en la zona baja del Brasileirao.
Sin embargo, en la cancha, casi no hubo diferencias. Boca mostró más aplomo, pero fue Cruzeiro el que tomó la iniciativa, con la movilidad de Matheus Pereira y el buen trabajo de Christian atacando por la banda izquierda. A Boca le llevó unos minutos acomodarse al partido, tras un inicio con dudas, condicionado además por la amarilla a Leandro Paredes, tras un empujón sin pelota contra Pereira, con quien tuvo un duelo aparte. El 10 brasileño fue su sombra y lo obligó a jugar lejos del arco de Otávio, limitando su rol a iniciar jugadas en campo propio. Así, Boca lo sufrió por partida doble.
De todos modos, Boca tuvo sus pasajes de buen juego. Fue cuando logró saltear la presión de Cruzeiro con juego asociado, toques de primera y buenas intervenciones de Tomás Aranda, que partió por izquierda pero se soltó a armar por el centro. En ese tramo, Boca fue mejor, aunque le faltó claridad en los metros finales. Progresó sin profundidad, volcando el juego por el sector derecho, el más flojo de su ataque y el más firme de la defensa rival. En ese sentido, los avances de Marcelo Weigandt se diluyeron, y el equipo no volvió a explotar la banda opuesta, con Aranda activo y Fágner, su marcador, amonestado desde los 29 minutos. Ambos equipos terminaron el primer tiempo sin remates al arco.
¡DOBLE AMONESTACIÓN Y ROJA EN 5 MINUTOS!
🟨 La primera amarilla de Bareiro fue a los 40' del primer tiempo por este empujón a Gerson
🟨 🟥 La segunda lo vió a los 45' por este manotazo en la cara a Christian
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Todo fue friccionado, trabado, con muchos roces y discusiones. Solo en la primera mitad, Esteban Ostojich mostró cinco amarillas y una roja, más algunas tarjetas que se guardó. En ese contexto, Boca lo terminó sufriendo: Adam Bareiro cometió cinco de las ocho faltas del equipo en ese pasaje. Y aunque ninguna fue especialmente violenta, terminó viendo la roja más por acumulación que por la gravedad de las infracciones. En cinco minutos recibió dos amarillas, con una advertencia previa del árbitro.
En el segundo tiempo, Boca se acomodó mejor a un papel secundario que Cruzeiro al de protagonista. Descansó en un rival que tuvo más la pelota, pero sin peso en ataque, fue lento en los traslados y nunca asumió del todo la iniciativa, más preocupado por sostener el orden que por profundizar, pese a que el empate le servía de poco. Boca, en cambio, se mantuvo en la misma tónica, bien parado en defensa y con Lautaro Blanco, que de a poco empezó a soltarse, generando peligro por izquierda.
Lo mejor de Cruzeiro vs. BocaSin embargo, Ubeda buscó bajarle la persiana al partido demasiado pronto: a los 17 minutos, armó una línea de cinco con el ingreso de Nicolás Figal por Tomás Aranda y apostó por la velocidad de Exequiel Zeballos en lugar de Miguel Merentiel para salir de contra. Ese movimiento fue un mensaje: Boca se retrasó y cedió un terreno que Cruzeiro no había sabido ganar por mérito propio.
El ecuatoriano Arroyo, de flojo primer tiempo, empezó a desnivelar por derecha; en el eje, Romero y Gerson comenzaron a manejar los hilos y a imponerse en las segundas pelotas; y los centrales se instalaron decididamente en campo de Boca. El dominio no era desde el juego, pero sí territorial. Y en esos 50 metros en los que se disputó el segundo tiempo, Cruzeiro dio la sensación de estar más cerca.
En el cierre, esa percepción se tradujo en jugadas de peligro. Primero fue Kaio Jorge quien exigió a Leandro Brey en su primera -y única- intervención en la noche; y poco después, tras una buena acción colectiva que inició Matheus Pereira, el propio Jorge envió un centro rasante para que Néiser Villarreal la empujara sobre la línea: pese a los cinco defensores, tanto Villarreal como el lateral Kaiki estaban ahí para convertir.
La imagen del final, con los jugadores de Boca arremetiendo contra el árbitro y cruzando empujones con los rivales, quedó lejos de lo que el equipo había ido a buscar a Brasil: allí dejó dos puntos y también las formas, justo cuando parecía haber encontrado una línea que lo invitaba a pensar en algo más.