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Boris Cyrulnik, psiquiatra: “A los 60 años, ya no podemos engañarnos”

En un contexto donde cada vez más personas buscan herramientas para entender sus emociones, ...

En un contexto donde cada vez más personas buscan herramientas para entender sus emociones, el concepto de resiliencia volvió a ocupar un lugar central. Lejos de las fórmulas rápidas que aparecen en redes sociales, el psiquiatra francés Boris Cyrulnik propone una mirada más profunda sobre los traumas, la forma de poder abordarlos y el paso del tiempo.

“La resiliencia es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma”, explicó el especialista, uno de los principales referentes internacionales en el tema. Su enfoque no apunta a olvidar lo ocurrido ni a “superarlo” por arte de magia, sino a reorganizar la vida a partir de aquello que dolió. Además, para el psiquiatra, el dolor no es un obstáculo a eliminar, sino una experiencia que, si logra ser procesada, puede transformarse en una base sólida para el crecimiento personal.

Uno de los principales aportes del experto en este tema es el de desmentir la idea de que la resiliencia es una meta que se alcanza en un momento determinado de la vida. Por el contrario, se trata de un proceso que puede llevar años e incluso muchas personas no logran alcanzarlo nunca en sus vidas.

Pero aquellos individuos que asisten a terapia, con el avance de la edad, pueden comenzar a llevar a cabo análisis personales mucho más grandes y simbólicos de lo que vivieron. “Las certezas que nos han sostenido toda la vida empiezan a resquebrajarse”, advirtió Cyrulnik sobre las experiencias que viven muchos de sus pacientes de avanzada edad.

El punto de quiebre para el médico sería a los 60 años. Esto se debe a que, en este período de tiempo, aspectos que antes parecían fundamentales —como el éxito profesional, la acumulación material o el reconocimiento externo— pierden centralidad. En su lugar, aparece una mirada más selectiva, orientada a lo esencial y con menor necesidad de validación externa.

“A los sesenta, ya no podemos engañarnos. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación”, afirmó el experto. Sin embargo, reconoció que no para todas las personas los procesos son iguales, ya que no todas las heridas cicatrizan de la misma manera ni en los mismos plazos. Algunas experiencias requieren años, incluso décadas, para ser comprendidas e integradas. Por eso, el especialista insiste en que no existe una edad exacta para sanar.

En ese recorrido, hay una diferencia clave entre quienes enfrentan su dolor y quienes intentan evitarlo. “Quienes aprenden a convivir con sus heridas suelen avanzar con más solidez”, sostuvo. En cambio, quienes postergan o niegan esas experiencias pueden sentirse desorientados cuando la vida se desacelera y ya no hay distracciones que funcionen como refugio.

Es por eso que los 60 años marcan un punto de quiebre en el individuo. A diferencia de etapas anteriores, donde es posible sostener ciertas negaciones o postergaciones, la madurez impone una forma de honestidad más directa. Lejos de representar una crisis, este momento puede convertirse en una oportunidad para integrar la propia historia desde un lugar más auténtico. Sin máscaras ni exigencias externas, la persona puede reconocer sus heridas sin necesidad de ocultarlas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/cuidado-cuerpo-belleza/boris-cyrulnik-psiquiatra-a-los-60-anos-ya-no-podemos-enganarnos-nid21042026/

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