Chunchuna Villafañe. Juana e Inés Molina despidieron a su madre en el cementerio de Chacarita rodeadas de sus íntimos
El jueves 4, a los 92 años, murió Chunchuna Villafañe, acaso una de las argentinas más bellas de todos los tiempos y un ícono pop: modelo, actriz, militante social, decoradora de interiores y ...
El jueves 4, a los 92 años, murió Chunchuna Villafañe, acaso una de las argentinas más bellas de todos los tiempos y un ícono pop: modelo, actriz, militante social, decoradora de interiores y paisajista, su imagen marcó a fuego los años sesenta y setenta. La noticia la confirmó por redes sociales su hija, la actriz Juana Molina (fruto de su matrimonio con Horacio Molina, igual que Inés, su otra hija): “Queridos amigos, murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada”, escribió Juana.
También fue ella la que reveló, en 2024, que Chunchuna no tenía Alzheimer ni demencia senil, como muchos creían, sino que padecía afasia de expresión, una condición que le impedía poner en palabras lo que quería decir, aunque reconocía a todos y conservaba intacta su manera de ser: directa, frontal, sincera.
Hasta último momento vivió en su casa de Florida, de cuyo jardín –que ella misma proyectó– se ocupaba con dedicación, y donde prácticamente se recluyó desde poco después de la muerte de su última pareja, el marchand Adolfo “Chango” Lavarello, ocurrida en 2010.
El viernes 5, su familia y sus amigos la despidieron en el cementerio de Chacarita, con una ceremonia íntima y discreta, como le hubiera gustado a Chunchuna, en la que estuvieron presentes sus dos hijas, su única nieta, Francisca Mayol –hija de Juana y del artista Federico Mayol–, las actrices Katja Alemann y Verónica Llinás, Paula Lavarello, hija del Chango, Carlos Galli y su amiga desde sus años de modelo Claudia Sánchez (juntas armaron la Asociación Modelos Argentinas, AMA, en 1967).
Dos días después del último adiós, Juana compartió la desolación por la pérdida de su madre en un texto en el que se la adivina en carne viva: “No esperaba sentirme así”, arranca su catarsis, y avanza en sus reflexiones contando que buscó intensamente un poema de Jorge Luis Borges sobre las caras que no se repiten, la singularidad de cada ser querido y el misterio de las ausencias hasta que lo encontró. “No se repetirá tu fuerza aquí en la tierra. No volverá tu voz a lo que el verso encierra ni tu memoria a su pequeño universo. Se perderán las cosas que sólo tú sabías. Morirá el sabor de una fruta, el matiz de una tarde, la forma de una cara que no se repetirá”. Y contó que ese mismo día, no pudieron entrar a la casa de Chunchuna, que las llaves que venían usando desde hace años ya no abrían la puerta. “Creemos que es ella que no puede irse protegiendo sus cosas, esas que ‘durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido’”, terminó, mientras repasaba recuerdos, imágenes y anécdotas que seguramente la ayudaron a empezar a atravesar el duelo.