Datos de la UCA: advierten que, aunque hay menos chicos en los hogares, no se logra todavía mejorar su calidad de vida
En 2025, el 15,7% de los niños, niñas y adolescentes no realizó ninguna consulta médica y el 34,6% no asistió al odontólogo. En casi uno de cada cinco casos, la razón fue económica, lo que ...
En 2025, el 15,7% de los niños, niñas y adolescentes no realizó ninguna consulta médica y el 34,6% no asistió al odontólogo. En casi uno de cada cinco casos, la razón fue económica, lo que expone barreras de acceso incluso en un sistema de salud formalmente gratuito.
El dato surge de dos informes presentados este miércoles por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), que advierten que, aunque se registran algunas mejoras puntuales en indicadores vinculados a la pobreza estructural y el acceso a la salud, persisten desigualdades profundas que afectan de manera desproporcionada a los chicos en los sectores más vulnerables.
Estas brechas no pueden explicarse únicamente por la falta de ingresos, sino por un entramado de condiciones de vida que se acumulan y se potencian entre sí: la alimentación, la vestimenta, los vínculos, la escolaridad y el entorno en el que crecen.
Es necesario pensar estos datos en una Argentina con cada vez menos niños, como consecuencia de la baja de la natalidad. Mientras que en 1991 el 56% de los hogares tenía integrantes menores de 18 años, en 2022 ese valor descendió al 44%. “Es una gran oportunidad para invertir en ellos”, sostuvo Ianina Tuñón, investigadora del ODSA-UCA. Y agregó: “Creo que estamos desaprovechando el bono demográfico. Estos datos dan cuenta de que no estamos invirtiendo lo necesario en muchos aspectos de la vida de un niño, que no son únicamente los económicos”.
Desde el observatorio, enfatizan que las políticas públicas no pueden limitarse a transferencias de ingresos, sino que deben avanzar hacia enfoques integrales que acompañen las trayectorias de vida desde la infancia. Es necesario, por ejemplo, invertir en infraestructura básica: el 42% de los niños aún vive sin cloacas, sin agua corriente o sin un inodoro en su casa. Aunque mejoró respecto del pico de 2023 (62,9%), todavía más de la mitad de los menores vive en hogares pobres y un 20,9% enfrenta condiciones de hacinamiento. De hecho, más de uno de cada cuatro niños comparte la cama o el colchón para dormir.
A estas carencias se suman también dificultades en aspectos básicos de la vida cotidiana, como la vestimenta. Según el informe, el 37,5% de los chicos experimentó privaciones por problemas económicos. La brecha social es marcada: en el estrato más bajo, el 58,3% no pudo comprar ropa y el 20,1% (uno de cada cinco) sufre por esto, mientras que en el nivel más alto el 17,8% no pudo comprar, pero un 1% lo padece.
Acceso a la saludAnte el déficit récord de cobertura formal, con seis de cada diez chicos que depende exclusivamente de las prestaciones estatales, el desafío es entonces fortalecer el sistema público de salud.
Si bien la irrupción de la pandemia provocó un aumento de postergación de consultas médicas, a partir de 2022 el indicador inició un descenso acelerado y sostenido, alcanzando el año pasado su valor más bajo de toda la serie. “Ahora cabe preguntarse si esta mejora es universal o si esconde, como suele ocurrir, nuevas desigualdades”, plantea el informe. Los datos revelan que la crisis económica actúa como una barrera de acceso fundamental.
En el caso de la atención odontológica, el 17,4% de los niños de entre 3 y 17 años dejó de atenderse por falta de recursos. En el estrato socioeconómico muy bajo, esa proporción asciende al 26,8%, mientras que en el nivel medio alto desciende al 6,8%.
“La problemática económica es parte de las dificultades para acceder a la salud, pero no la explica por completo. Hay factores que probablemente estén vinculados al funcionamiento del propio sistema”, advirtió Tuñón.
Alimentación: mejora con asistencia récordEl informe describe cómo, tras el salto registrado durante la pandemia, la asistencia alimentaria se consolidó como un componente estructural. En 2025 alcanza el valor más alto de toda la serie: el 64,8%, es decir, casi 2 de cada 3 niños en la Argentina reciben alimentos gratuitos del Estado o de organizaciones comunitarias.
La cobertura es casi universal en los sectores más vulnerables (86,4%), pero el dato más novedoso pospandemia –y que se mantiene estable en 2025– es la consolidación de la asistencia en estratos que antes no eran usuarios habituales. En el nivel socioeconómico medio bajo alcanza al 63,1%, en el medio no profesional al 41,3% y en el medio profesional al 14,7%, principalmente a través de la alimentación escolar.
A pesar de este alcance récord, el informe advierte sobre “bolsones de desprotección” en sectores que no son pobres por ingresos, pero igualmente enfrentan dificultades. Entre los hogares no pobres por ingresos, la cobertura es del 48,5%, muy por debajo del 79% de los pobres. Esto podría indicar que hay hogares que, sin ser pobres según su ingreso, enfrentan dificultades para acceder a alimentos y no están siendo alcanzados por las políticas de asistencia. Estas politicas están focalizadas en los sectores informales, pero la pobreza también ha alcanzado a trabajadores formales.
“Aun con una inversión importante en políticas como la Asignación Universal por Hijo, la Tarjeta Alimentar y la asistencia escolar y comunitaria, los niveles siguen siendo elevados y con fuertes desigualdades”, marcó Tuñón.
Aunque la asistencia es récord, la inseguridad alimentaria severa –cuando los niños pasan hambre– se ubica en 13,2%, un valor que aunque mejoró respecto al año pasado todavía duplica los niveles previos a 2017.
En materia alimentaria, los datos muestran una mejora respecto de los picos recientes, aunque con niveles aún elevados. El 28,8% de los niños vive en hogares que redujeron la ingesta de alimentos el último año, por debajo del pico de 35,5% registrado en 2024 y en el nivel más bajo desde 2018.