Generales Escuchar artículo

De obsesión, rechazo y amor. La historia romántica más top del tenis celebra sus bodas de plata

Cualquier historia de amor con final feliz emociona al público. Y mucho más si sus protagonistas son dos estrellas carismáticas como Andre Agassi (56) y Steffi Graf (57), que marcaron una época...

Cualquier historia de amor con final feliz emociona al público. Y mucho más si sus protagonistas son dos estrellas carismáticas como Andre Agassi (56) y Steffi Graf (57), que marcaron una época en el tenis profesional y forman uno de los matrimonios más icónicos del mundo del deporte desde hace veinticinco años, cuando el 22 de octubre de 2001 dieron el “sí, quiero” en una ceremonia íntima celebrada en el jardín de su casa. Tan íntima fue que, además de los novios, sólo estaban presentes el sacerdote que los casó y sus respectivas madres.

Exitosos y ya legendarios, entre ambos suman treinta títulos de Grand Slam (los dos fueron también medallistas olímpicos y números uno del mundo) y una fortuna estimada en doscientos millones de dólares. Viven junto a sus dos hijos, Jaden (24) y Jazen (22), en una mansión de más de ochocientos treinta metros cuadrados en Las Vegas, y hasta hay una película –Perfect Match, estrenada en junio de 2024 por Amazon Prime– que narra el devenir de esta love story en la que no faltaron rechazos y varios encuentros clandestinos. Sí, Cupido hizo de las suyas y la relación de Andre y Steffi tuvo muchas idas y vueltas porque, aunque Agassi estaba rendido a los pies de la alemana desde 1992 –sin haberla visto personalmente, incluso–, conquistarla fue el partido más difícil de su vida: recién obtuvo su premio en 1999, cuando empezaron a salir tras siete años de paciente y sostenido cortejo. “Yo estuve enamorado de Steffi antes de conocerla personalmente, desde que la vi en una entrevista en la televisión francesa”, escribió él en su autobiografía Open. Mi historia.

AMOR CONTRARIADO

Durante el verano europeo de 1992, el planeta tenis sólo hablaba de las proezas de un player de pelo largo, talentoso y transgresor: el norteamericano Andre Agassi, en ese entonces de 22 años, que llegaba a la primera ronda de Wimbledon arrasando rivales como un huracán. Según él mismo contó después, su motivación no era solamente deportiva: estaba obsesionado con Steffi Graf, un año mayor y una de las sensaciones del circuito femenino, a quien esperaba tener la oportunidad de conquistar en la Catedral del Tenis (el año anterior, durante Roland Garros, ya había intentado un approach dejándole un mensaje en su habitación de hotel, pero ella nunca le respondió). Así que el Kid de Las Vegas, que siempre jugaba a ganador, creía que en el Grand Slam inglés tendría su revancha. Transcurrió el torneo, cada uno se consagró ganador en su cuadro y, en la tradicional cena y gala de campeones que Wimbledon celebra cada año en tributo a los que alzan el trofeo, Agassi –que había corrido a Harrods a comprarse un smoking para la ocasión– aprovechó el momento en que le presentaron formalmente a la mujer de sus sueños: “Espero que no hayas malinterpretado mis intenciones, pero me encantaría hablar contigo en algún momento”, le dijo. Como respuesta sólo consiguió una evasiva, pero no se rindió: “En la pista de baile voy a tener otra chance”, pensó. Y, para su frustración, cuando entró a la fiesta le avisaron que el baile no se hacía. Así, de esa noche sólo quedó su primer posado juntos: él, con el smoking que adquirió ese mismo día para estar a la altura de Steffi, ella con un vestido de seda blanco. Después de ese encuentro, sus caminos deportivos y personales siguieron por distintos carriles.

GALÁN IRRESISTIBLE

A partir de ese 1992 y de la indiferencia de Steffi, Agassi vivió un período de soltero codiciado: su vínculo con Barbra Streisand –veintiocho años más grande que él– fue el más mediático y, aunque nunca ninguno de los dos confirmó la relación, la estrella de Hollywood no se perdía ningún partido de Andre. Al año siguiente comenzó su romance con Brooke Shields (arrancó vía fax) y, casi sin conocerse, se convirtieron en la pareja más glamorosa, adorada por el público y la prensa. Se casaron el 19 de abril de 1997 en California, y Brooke resultó clave para que él revelara su mayor secreto: el crack del tenis usaba un largo postizo rubio para ocultar que se estaba quedando pelado por miedo a perder contratos si sus sponsors se enteraban. Al lado de ella, Andre recuperó su autoestima, se rapó la cabeza y se presentó al mundo sin peluca en el Open de Australia de 1995. “Son tus ojos los que me resultan atractivos. Y tu corazón, no tu pelo”, le dijo la actriz. Una curiosidad que reveló el propio Agassi en su autobiografía: poco tiempo antes de la boda, Shields pegó en la heladera una foto de Steffi Graf por lo muchísimo que admiraba sus piernas y su cuerpo esculpido, era su modelo de mujer perfecta y su motivación durante las largas horas de entrenamiento físico en las que corría, levantaba pesas, hacía estiramientos y contaba hasta la última caloría. Por supuesto, ignoraba que también era el amor platónico de su futuro marido.

A Steffi, por su parte, se le conocieron pocos romances: el más sólido fue su noviazgo de siete años con el piloto alemán Michael Bartels.

UN RAMO DE ROSAS Y UNA NOTA

Tras divorciarse de Brooke Shields, Andre Agassi volvió a intentar conquistar a la alemana: le mandó un enorme ramo de rosas con una nota pidiéndole una cita después de compartir unos entrenamientos en Miami. “No quiero malentendidos… Estoy seguro de que has oído que Brooke y yo hemos roto. Creo que eres preciosa y fascinante y tengo un tremendo respeto por los valores por los que riges tu vida. ¿Podemos comer, tomar un café, dar un paseo? No me importa. Sólo quiero conocerte mejor”. Un tiempo después, y con el divorcio concretado, tuvieron su primera cita. Al principio de su relación, él le contó que se había iniciado en el consumo de drogas siendo un chico, cuando su padre le daba pastillas con cafeína para que pudiera entrenar más horas. En la adolescencia empezó con las anfetaminas y enseguida llegó a la metanfetamina. “Mientras hablaba, veía cómo su semblante se entristecía, pero no me juzgó –detalló Agassi en Open. Mi historia–. Ella se preocupaba por mí y se preguntaba cómo había sido mi vida para tomar tan malas decisiones”. Ese día, Andre también le confesó que odiaba el tenis y ella le contestó: “¿Quién no?”. Tres meses más tarde, Steffi Graf, la mejor tenista de todos los tiempos, abandonó el tenis profesional.

Su amor causó gran impacto en el universo del deporte, por lo opuesto de sus personalidades. Pero a ellos nunca les importó. Se casaron enamorados, descalzos y en jeans, con un par de tiras de rafia como alianzas que había hecho la novia, y unos días después nació su primer hijo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-hola/de-obsesion-rechazo-y-amor-la-historia-romantica-mas-top-del-tenis-celebra-sus-bodas-de-plata-nid19092026/

Comentarios
Volver arriba