El cuerpo y los sentidos se activan en una instalación donde la gravedad deja de ser una ley abstracta
La entrada al galpón de LABA, Laboratorio de Arte de Buenos Aires, se hace por la puerta grande. Una estructura inflable, más bien tubular, negra, llama a ser sorteada para ingresar. Puede que al...
La entrada al galpón de LABA, Laboratorio de Arte de Buenos Aires, se hace por la puerta grande. Una estructura inflable, más bien tubular, negra, llama a ser sorteada para ingresar. Puede que alguien del otro lado de esa bolsa de consorcio gigante, llena de aire, haga contacto visual y tienda una mano para ofrecer un poco de estabilidad en lo que es la primera aproximación entre los performers y el público de la experiencia titulada Poéticas de gravedad. Una pisada o dos y vuelve la tierra firme. Entonces empieza a sonar el viento.
Después de un largo año de investigación en microresidencias por diferentes puntos del país (el Centro Atómico Bariloche, el Observatorio Pierre Auger en Malargüe y el proyecto QUBIC, en San Antonio de los Cobres), el coreógrafo y director de escena Edgardo Mercado estrena esta noche su nuevo trabajo, realizado junto con un equipo de científicos, artistas y especialistas en materias tan diversas como pueden ser la danza, la física de partículas y la astronomía. Se define como “una instalación que cruza performance, cosmología y arquitectura somática” y propone “una experiencia inmersiva en la que la gravedad deja de ser una ley abstracta”.
Poéticas de la gravedad, con dirección de Edgardo Mercado, se estrena este jueves a las 20 en LABA, Laboratorio de Artes de Buenos AiresEl azar quiso que la hazaña del Artemis II esté todavía muy fresca en el imaginario de los espectadores que lleguen hasta Chacarita y puedan permitirse, de pronto, sentirse un poco astronautas en este paisaje indefinido y dinámico, rodeado de personas vestidas de blanco, que se mueven entre grandes estructuras confeccionadas con materiales de la industria aeroespacial y diseñadas por la española María Auxiliadora Gálvez. Se ponen en juego nociones de las que hasta hace una semana se hablaba las 24 horas por televisión: la ingravidez, principalmente. Y toda esa curiosidad casi infantil que despierta el tema se traslada al plano de la percepción: oír, mirar, tocar. Un zeppelin brillante invita a acariciar su superficie rugosa y enseguida el globo empieza a cambiar de forma a medida que se desplaza; si justo ahora parece un cono metalizado al rato servirá de gran abrigo a un performer o de paracaídas para aquel otro que se las ingenia en domesticarlo.
Antes aún de ser uno de los proyectos seleccionados y financiados por el programa Orillas Nuevas-Nouveaux Rivages del Institut français d’Argentine, con la colaboración de Fundación Williams y la participación de Fundación Medifé, Poéticas de gravedad. Operaciones para dimensionar un cuerpo suspendido –tal su título completo– fue una pregunta inscripta en el largo derrotero que Mercado viene haciendo siempre a partir de los dos ejes cartesianos de la danza: el tiempo y el espacio. “Empezó como la idea de seguir ahondando de una manera diferente la relación históricamente abordada entre el peso y la danza, de qué otras formas podemos pensar la gravedad, y en mi caso el espacio-tiempo, que son fundamentales en toda búsqueda desde el comienzo. Lo que sucede es que se nos escapan esos conceptos porque están fuera de la escala humana, tienen que ver con lo cosmológico y lo subatómico, y ahí es donde entra la arquitectura somática, como una herramienta para poder alcanzar esos conceptos de manera perceptiva”, dice Mercado, formado en Física en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA antes de hacer su pasaje definitivo a la danza contemporánea, donde es reconocido como creador, investigador y docente.
Como una suerte de luthier tecnológico, el artista sonoro Javier Bustos deja por un momento su posición detrás de una mesa con computadoras y varios gadgets y se acerca a las figuras muñido de unos raros dispositivos: si con un pequeño pincel lee la superficie de un inflable y en la barrida transforma la textura en ruido con otro aparato traduce el destello de un haz violeta que proyecta sobre la estructura mayor, que alcanza los 24 metros de largo. ¿Entonces se puede escuchar la luz? A simple vista, estos artefactos parecieran más instrumentos de medición de radiaciones que chiches musicales. “Ese mundo que mencionás es el que nos vino a nutrir en las residencias –confirma el director del proyecto–. En el Centro Atómico de Bariloche, por ejemplo, fuimos a visitar el reactor de potencia cero y tuvimos que ponernos un equipo especial“. En el mismo sentido, en Malargüe, donde los recibió la Doctora en Astronomía Beatriz García, consejera científica del proyecto, ensayaron en salas donde se fabrican detectores de rayos cósmicos. Experiencias semejantes fueron alimentando esta obra que tiene un manojo de nociones clave: “La inestabilidad, los infinitos (lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño), la ingravidez y el vacío. Todos esos conceptos están interrelacionados”.
Sin embargo, más que en la teoría, es en la práctica, lúdica y sensorial, donde el espectador podrá durante poco menos de una hora seguir, contemplar o ser parte de estas “operaciones para dimensionar un cuerpo suspendido” (incluso el propio: aunque no lo tenemos en cuenta, a diario el cuerpo interactúa con campos de fuerza centrífuga, de atracción, magnéticos). Abierta a recibir hasta 70 personas por función, la performance tiene momentos de participación en masa y otras intervenciones más pequeñas, voluntarias, no invasivas, sin estridencias ni excesos de euforia. Vale aclararlo, porque no es esta una de esas propuestas inmersivas que abrevan en lo frenético sino, más bien, en las antípodas de aquello, aquí la brújula es la percepción.
¿Cuán guionada está, entonces, la acción para que los siete bailarines puedan hacer su parte sin perder el timón? “Hay nodos donde exclusivamente ellos toman la posta del espacio, pero la mayor parte del tiempo es una instalación que hace un tejido con los materiales, los performers, el público, el diseño sonoro y las luces –revela Mercado–. Nos entrenamos para agudizar la percepción del tacto como de la mirada y la improvisación en general. Hay un guion base: sabemos cómo empieza, nos imaginamos qué cosas pueden llegar a pasar con la gente, y por supuesto cómo termina. Pero también sabemos que puede haber diferentes emergentes, algunos más orgánicos que podremos utilizar y otros que pueden ser molestos, y en ese caso también estamos entrenados para desarticularlos”.
Con una versión “de bolsillo” lista para transportar la experiencia a locaciones diversas, incluso al aire libre, la obra tiene gran potencial para seguir mutando y evolucionando. Incluso, para llegar a la otra orilla, la del Sena, de donde vino originalmente el impulso. Pero antes, por cuatro únicas funciones el campo poético y gravitacional estará instalado en este galpón de Chacarita de paisaje cambiante, para ver, tocar y escuchar.
Poéticas de gravedad. Operaciones para dimensionar un cuerpo suspendido, con dirección de Edgardo Mercado, en LABA, Fraga 648. Jueves 16/04 a las 20hs, sábados 18/04, 25/04 y 02/05 a las 21.30. Entradas, $25.000, en entradaweb