Generales Escuchar artículo

El don del olvido en tiempo de sobreinformación

Todavía hay gente que añora los tiempos en que teníamos los contactos de teléfono en la cabeza. ...

Todavía hay gente que añora los tiempos en que teníamos los contactos de teléfono en la cabeza. La neurociencia viene a decirnos que no éramos más inteligentes cuando ocupábamos la memoria con datos contingentes. Por el contrario, la inteligencia humana no se evidencia por lo que recordamos, sino porque lo que somos capaces de olvidar.

“El cerebro humano no busca recordar, sino entender” dice Rodrigo Quian Quiroga en su reciente libro La máquina del olvido. Cómo el cerebro almacena recuerdos (Ariel, 2026). La acumulación de datos no mejora nuestra comprensión del mundo afirma el neurocientífico radicado en Europa, donde desarrolla sus investigaciones.

Según los hallazgos que explica con didáctica Quian Quiroga, el cerebro humano comprende cuando selecciona y descarta, no cuando acumula. Y es un rasgo que nos distingue de la Inteligencia Artificial, que procesa y escupe información de manera secuencial. La inteligencia general de las personas selecciona, asocia y descarta para entender.

La neurociencia viene a decirnos que no éramos más inteligentes cuando ocupábamos la memoria con datos contingente

La conclusión no por obvia es menos inquietante: cuanto más olvidamos, mejor pensamos. Una mente que no olvida sería incapaz de pensar, como anticipó Jorge Luis Borges con el personaje de “Funes, el memorioso”. La ciencia confirma esa intuición literaria de que el olvido es la condición del pensamiento abstracto y de la comprensión.

Lo sabíamos cuando no logramos recordar cuando las necesitamos fechas y reyes que memorizamos repetidas veces a lo largo de la formación básica. Siendo que esta intuición fue ratificada por numerosos hallazgos de la neurociencia, va siendo hora de que redefinamos lo que significa ser una persona informada.

Los numerosos estudios históricos y más recientes que repasa Quian Quiroga vienen a derribar algunos mitos persistentes con relación al uso de la tecnología y al consumo de la información. Como ese lugar común de temer que el almacenamiento digital menoscabe nuestras facultades intelectuales.

La especie animal que se considera la más inteligente tiene una memoria bien modesta. Al final de nuestra vida, con suerte, alcanzaríamos una capacidad de unos 125 Megabytes, el tamaño que tenían esos primeros pendrives que aparecieron a inicios del siglo. Al final, la ciencia respalda a esos obsesos que fotografían cada instante de la vida: sin registro no hay recuerdos fidedignos.

Diariamente estamos expuestos al equivalente a 174 periódicos, cinco veces más que en la década de los ochenta. En este contexto, lo que abunda daña, desmintiendo la sentencia del refrán que decía lo contrario

Este hallazgo ya está teniendo impacto en el valor de los testigos en algunos sistemas judiciales. Y debería tenerlo en grado sumo en lo que el periodismo considera “fuentes confiables” porque sabemos que todo recuerdo no es más que un relato construido con inferencias y creatividad.

También se rebate el mito de que una persona informada es la que consume más información. En 2011 Martin Hilbert y Priscila López, citados en el libro, calcularon que diariamente estamos expuestos al equivalente a 174 periódicos, cinco veces más que en la década de los ochenta. En este contexto, lo que abunda daña, desmintiendo la sentencia del refrán que decía lo contrario.

Dice el neurocientífico que “Pretender recordar tanto es ir contra nuestra capacidad de pensar”. Este hallazgo científico reformula también el adagio de Mirtha Legrand de que el público se renueva: lo que ocurre es que las audiencias olvidan rápido. Por eso, en contextos de sobreinformación persona informada es la que puede discriminar lo relevante de lo accesorio para elegir bien qué es lo poco que vale la pena recordar.

El cerebro necesita fuentes informativas que funcionen como esos mapas digitales que reorientan el tránsito. Las calles, como los sucesos, siempre son los mismos. Pero agradecemos cuando se nos avisa de los cambios del contexto y se nos saca de los caminos saturados de la información para ayudar a nuestras neuronas a procesar lo poco que podemos guardar, antes de que se pierda en las calles del olvido.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/el-don-del-olvido-en-tiempo-de-sobreinformacion-nid26042026/

Comentarios
Volver arriba