El embajador de los Estados Unidos cuenta dónde come en Buenos Aires y qué opina de nuestras costumbres
Para quienes dedican su vida a la diplomacia, el hogar es una construcción móvil: una casa que se arma y se desarma una y otra vez en ciudades, idiomas y culturas diferentes pasada cierta cantida...
Para quienes dedican su vida a la diplomacia, el hogar es una construcción móvil: una casa que se arma y se desarma una y otra vez en ciudades, idiomas y culturas diferentes pasada cierta cantidad de tiempo. Y en ese ejercicio permanente de adaptación, la gastronomía ocupa un lugar central. Un restaurante donde reconocen los sabores de su tierra, un producto imposible de reemplazar, una costumbre local que terminan adoptando o que, por el contrario, no logran incorporar.
Aquí, el embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, comparte detalles del lugar que ocupa la comida en su estadía porteña.
-¿Cuáles son los tres lugares que recomendaría para probar cocina estadounidense en Buenos Aires?
–Es difícil hablar de una única cocina estadounidense. Estados Unidos es un país de inmigrantes y su gastronomía refleja esa diversidad de influencias. En Buenos Aires, Kansas y Rock&Feller’s tienen elementos que me recuerdan a mi país, tanto por la comida como por el ambiente. En particular, me gusta mucho la hamburguesa de Guita.
-¿Y los platos imperdibles de cada uno de esos lugares?
–Las hamburguesas, las papas fritas y los steaks son probablemente los platos que más fácilmente se identifican con Estados Unidos. Todavía estoy conociendo restaurantes, así que prefiero no elegir un plato específico de cada lugar.
-Si recibiera amigos o familiares del exterior, ¿a qué restaurantes poreños los llevaría?
–Don Julio sería uno. Tiene una gran reputación y ofrece una experiencia muy representativa de la carne y la parrilla argentinas. También Gardiner, por su excelente servicio y su propuesta gastronómica. Y me gusta mucho Casa Palanti, que funciona en una casa muy elegante que anteriormente fue una embajada. Otras opciones que me gustan son Sottovoce, con excelente comida italiana, y Bao Kitchen, una de las mejores comidas chinas que he probado en el mundo.
-¿Qué debería probar sí o sí alguien que visita la Argentina?
–Las empanadas. Es una excelente forma de descubrir la diversidad del país a través de la comida. Y, por supuesto, hay que probar la carne argentina y vivir la experiencia del asado.
-Cuando termine su misión, ¿qué va a extrañar gastronómicante de nuestro país?
–Muchas cosas seguramente. El ambiente que se construye alrededor de un asado es difícil de igualar, hay algo muy cálido en la manera en que los argentinos celebran esas reuniones. También creo que las empanadas son un formato muy fácil de adaptar para sumar como opción de street food en los Estados Unidos.
-¿Qué costumbres gastronómicas argentinas sumó y cuáles todavía le cuestan?
–El dulce de leche me resulta adictivo. Todavía no me volví un amante del mate: lo probé y me gusta, pero sigo siendo mucho más amante del café. A lo que me estoy acostumbrando es a cenar más tarde. A veces llego a un restaurante a las siete y media u ocho y está vacío.
-¿Hay algún plato argentino que todavía no logró incorporar?
–No realmente. Como de todo y me gusta probar cosas nuevas. Conocer un país también significa animarse a probar sus comidas y sus sabores.
-¿Cuál es su refugio en Buenos Aires?
–Café Tabac. Me gusta sentarme afuera, tomar un café, comer una medialuna y mirar a la gente cuando camina, conversa, pasea con sus perros. Es como una película sobre la vida cotidiana de Buenos Aires.
-¿Hay algún ingrediente o producto de su país que le gustaría traer aquí?
–Más ajo. En la cocina cubana que yo estoy acostumbrado a comer, ya que soy nacido en Cuba y americano por gracia de Dios, casi cualquier comida queda mejor con ajo.
-¿Cuál es su especialidad en la cocina?
–Yo no cocino, la que cocina es mi esposa, Stephanie. Y cocina comida cubana mejor que mi mamá. Hasta ahora no he encontrado un restaurante cubano en Buenos Aires: si alguien conoce uno, acepto recomendaciones.