El Gobierno perdió el impulso y el rumbo
Fue hace apenas 50 días. Javier Milei acababa de establecer, en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, “la moral como política de Estado”. También, de anunciar un aluvi...
Fue hace apenas 50 días. Javier Milei acababa de establecer, en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, “la moral como política de Estado”. También, de anunciar un aluvión (indeterminado y vago) de iniciativas legislativas para cambiar la Argentina de una vez y conducirla finalmente a la nueva era. Los insultos y agravios del Presidente a los opositores daban el marco para la pintura de la coronación del león triunfante.
Algo menos de dos meses después ese envión furioso, dado por el triunfo electoral y el paso arrollador del oficialismo por las sesiones extraordinarias, se transformó en un frenazo abrupto y en varios revolcones de los que ahora, en embrionario y temeroso modo prueba y error el Gobierno busca salir. Pero perdió el impulso y le cuesta reencontrar el rumbo.
Para colmo de males, el capital simbólico no solo se devaluó sino que se le volvió en contra. Por acumulación de escándalos, la moral dejó de ser el instrumento del tribunal de la santa inquisición libertaria, en el que terminarían condenados los réprobos que negaban la verdad revelada tanto como los que dudaban de ella, para convertirse en una pesadísima piedra que golpea todos los días sobre la cúpula del poder mileísta.
El centenar de proyectos que los ministerios en su totalidad y casi al unísono iban a hacer trabajar a destajo al Congreso y a exhibir el poder libertario sigue enredado en la telaraña que paraliza o hace tropezar al Gobierno.
“De los 1500 proyectos prometidos no hay ninguno en proceso cierto de ser aprobado y muchos ni siquiera lograron el visto bueno para ser enviados al Congreso. Es muy malo eso”, admitían y se lamentaban hace tres días en el despacho de uno de los más conspicuos representantes libertarios.
Las disputas internas, la falta de resultados económicos y la ausencia de un ministro coordinador con real poder y autoridad (aún desde antes de que Manuel Adorni patinara con su propia inconsistencia de palabra y de hecho) asoman como la causa madre de la imposibilidad de enhebrar esa lista de votaciones triunfantes soñada y prometida Milei con la que el oficialismo arrastraría por las buenas o por las malas al resto de las bancadas.
Que en poco más de dos años de gestión hayan dejado el equipo gubernamental más de 200 funcionarios, que haya habido tres jefes de gabinete y que el último esté en la cuerda floja, solo sostenido por su vínculo personal con la fraternidad que gobierna el país, es el corolario no solo de un déficit en el reclutamiento sino de un problema bastante más profundo que tiene sede en la cima del poder libertario.
A pesar del cerrojo informativo, de la desesperación por evitar filtraciones y de la persecución y represalias a supuestos infidentes, es posible escuchar cada más voces críticas y acusatorias hacia los propios. La negación de la realidad suele ser un refugio para líderes en problemas, pero nunca la solución.
Las flamantes y estridentes disputas entre dirigentes, voceros y comunicadores de la primera línea mileísta en el ring de las redes sociales son la representación hiperbólica pero no lo más significativo de la espiral ascendente en la que se ha sumido el oficialismo.
Compañeros en peligroLa hondura del problema es de tal calado que en ese contexto resultó muy sugestiva y generó más ruido la republicación de un mensaje que hizo en la medianoche del sábado Santiago Caputo desde su cuenta personal de X.
“Por encima de la ideología o la patria, la motivación más fuerte de un soldado no es el odio al enemigo, sino el amor, la lealtad y la protección hacia los compañeros con los que comparte el peligro”, decía el tuit que avaló el exgurú.
La aclaración inicial (“por encima de la ideología o la patria”) instaló la insidiosa duda acerca de si el mensaje era una convocatoria a la concordia para toda la grey libertaria o solo un llamado a unir fuerzas y dar batalla a sus fieles de Las Fuerzas del Cielo. La persecución judicial a algunos de estos “soldados” por parte del operador karinista Sebastián Pareja había sido el disparador del último enfrentamiento público, que tuvo por protagonistas a Lilia Lemoine, vocera oficiosa del mileísmo puro, y al comunicador caputista Daniel Parisini, alias Gordo Dan.
El internismo caníbal parece no tener límites. Hasta la silente ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, que goza de la protección absoluta del Presidente, se envolvió en ese fuego cruzado. Con un inusual comunicado oficial dejó expuesto por los problemas en el PAMI al ministro de Salud, Mario Lugones, que revista en el equipo del debilitado asesor Santiago Caputro,
Esa reacción y algunas otras acciones y decisiones de una de las funcionarias favoritas de Milei provocaron el malestar inclusive de prominentes karinistas, a pesar del enfrentamiento que mantienen con el caputismo.
“Eso y las filtraciones con errores a comunicadores amigos de algunas medidas importantes que se estaban por adoptar fueron algo más que una estupidez que complica al Gobierno. No tenemos ningún interés en avanzar sobre algunas áreas que nos traerían más problemas que soluciones, sin ningún rédito y para las que, además, no tenemos espalda ni gente. Aunque sí seguimos decididos a avanzar sobre sectores estratégicos”, explican en el karinismo.
Entre los motivos de encono con Santiago Caputo se acaba de sumar la acusación de ser el responsable de la fallida estrategia de comunicación aconsejada a Adorni para explicar sus gastos suntuarios y singulares adquisiciones inmobiliarias que “se le dieron todas juntas”, diría su escribana.
“Entre los consejos de Santi y del abogado de Manuel todo lo que podía explicarse y aclararse se volvió inexplicable e injustificable”, afirman integrantes del equipo de la secretaria general de la Presidencia.
Son esos más incentivos para que la ARCA, la agencia de recaudación y de reunión de información de todos los argentinos, sigue estando entre las colinas por arrebatarle al caputismo.
La SIDE, en cambio, es para los karinistas un objetivo más complejo, aunque cada vez más importante, en especial, después de los escasos resultados y los muchos problemas que se les han abierto desde lo cooptación del Ministerio de Justicia con la llegada de Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola.
La íntima y viciosa relación que desde hace 30 años se ha establecido entre el mundo de los espías y el Poder Judicial atraviesa otro momento estelar. Los escándalos que afectan a los hermanos Milei y a Adorni, y los consecuentes problemas judiciales que enfrentan son analizados con ese cristal.
A eso se suma la reconfiguración de alianzas en la Corte Suprema. La apuesta del karinismo a Horacio Rosatti se encuentra ahora con que el presidente del máximo tribunal ha quedado en soledad frente a la renovada relación surgida entre Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. La influencia que este mantiene sobre un amplio sector de la justicia federal (aunque no toda) desvela a los hermanos Milei.
Con ánimo de revancha, desde el karimenemismo se oyen cantos de guerra. Dicen que el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, escucha cada vez con más atención las voces de quienes lo impulsan a dar rienda suelta a sus ánimos de combate.
De ese sector del mileísmo surgen versiones respecto de complicaciones que podría enfrentar el misterioso Leonardo Scatturice, de estrecho vínculo con el asesor Caputo y, sobre todo, algunos de sus socios.
Las sombras se ciernen sobre las inversiones hechas con la compra de la siempre en problemas aerolínea Flybondi y de la empresa de correos OCA, que fuera la nave insignia del tristemente célebre Alfredo Yabrán. Habrá que ver si sus vínculos con el caputismo y con una de las alas del trumpismo le alivian o le agravan problemas. En todos lados hay disputas intestinas y negocios bajo la lupa relacionados con el poder.
Toto Caputo recalculaEn esta ciénaga está atrapado el Gobierno. Y muchos de sus proyectos más promocionados no logran pasar del estado publictario para ser realidades demandadas por buena parte de la sociedad, incluidos sus votanres. Es el caso de la reforma fiscal, que ya venía acotada a una suma más modesta de proyectos individuales de modificaciones impositivas y que tanto reclamaban nuevos inversores como empresarios que tienen desde hace mucho su capital hundido en el país.
El enredo y la confusión son de tal magnitud que en la cúpula de la administración y en el seno del gabinete se han trastrocado roles, ideas, tácticas, estrategias y responsabilidades.
De pronto, Milei y los suyos descubrieron el carácter sistémico de la toma de decisiones así como el costo de no prever o de desechar consecuencias y efectos colaterales de sus medidas, acciones y declaraciones.
También, se chocaron con lo que implica la disfuncionalidad de un equipo en el que la rigidez conceptual y una recurrente liviandad (o frivolidad) analítica, reemplazada por el dogma y el voluntarismo, se acentúan por la ausencia de un verdadero afecto societario y comunión de intereses entre muchos de sus integrantes. El determinado, pero también disruptivo y escasamente tolerante liderazgo de Milei no es necesariamente un activo para situaciones de crisis. Mucho más cuando son producto de lesiones autoprovocadas.
Las fallidas incursiones de Luis Caputo en el plano comunicacional seguidas de su flamante intento de injerencia en la táctica política para tratar de ordenar lo que su recetario tecnocrático no logra encauzar son la muestra más palpable de lo que está sucediendo.
“Toto está avanzando con propuestas que obligan a revisar algunos dogmas, como habilitar que haya más dinero circulante para reactivar la economía. A Milei eso mucho no le debe gustar. Y, encima, no tiene garantizado el éxito. Hay un cierto sentimiento de frustración en su equipo, porque sienten que hicieron todo lo que debían, pero no están teniendo el resultado esperado. Ahora tienen que exponerse al incierto método de prueba y error ante un jefe que está lleno de certezas”, dice uno de los economistas al que Milei no incluye entre los econochantas y ha colaborado con el Goiierno, aunque matiza apoyos con críticas.
La apuesta que se le atribuye al ministro de Economía de alcanzar un acuerdo con gobernadores aliados con la promesa de no complicarles su reelección el año próximo a cambio de que den soporte al Gobierno en estos meses difíciles sorprendió, generó algún ruido interno y desacomodó a varios.
También abrió dudas sobre su viabilidad. Ese compromiso para un tiempo que en la Argentina es el larguísimo plazo choca con los efectos negativos que está teniendo ya desde hace varios meses el programa económico sobre los ingresos, la actividad y el empleo en muchas provincias.
A ello se suma los problemas de gestión que demoran soluciones o demandas de los gobernadores. “Que muevan un papel y firmen un expediente de algo que venimos pidiendo a veces parece más difícil que poner en órbita la nave Artemis, aún cuando para el Gobierno puede ser una solución”, dice un mandatario provincial que en estos dos años ha prestado colaboración permanente al oficialismo.
La cesión de rutas para ser concesionadas, que en parte acaba de destrabarse después de más de un año de reclamos provinciales, es uno de los ejemplos que ponen sobre la mesa los gobernadores. Y hay muchos otros planteos pendientes.
Por otra parte, un acuerdo con los mandatarios provinciales no asegura mejorar la percepción en baja que está teniendo la sociedad respecto de la gestión oficial.
La flamante reactivación de la motosierra para seguir la poda en el gasto, que incluye a sectores vulnerables o que sensibilizan a la opinión, como los jubilados, los discapacitados y la educación, está volviendo a soldar cadenas de demandas sociales que habían sido desacopladas.
La pérdida del impulso y la dificultad para reencontrar el rumbo que afectan al Gobierno conectan muchas cosas que parecen inconexas. Son mucho los que creen que los mejores 18 meses de las últimas décadas no lo serán para todos y la advertencia de Milei de que si su proyecto no funciona se irá a su casa sin problemas no tranquilizó a nadie.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/el-gobierno-perdio-el-impulso-y-el-rumbo-nid19042026/