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El mago del Kremlin: el poder como espectáculo y la dimensión teatral de la política

El mago del Kremlin (Le mage du Kremlin, Francia, Estados Unidos/2025). Dirección: Olivier Assayas. Guion: Olivier Assayas, Emmanuel Carrère, basado en una novela de Giuliano da Empoli. FotografÃ...

El mago del Kremlin (Le mage du Kremlin, Francia, Estados Unidos/2025). Dirección: Olivier Assayas. Guion: Olivier Assayas, Emmanuel Carrère, basado en una novela de Giuliano da Empoli. Fotografía: Yorick Le Saux. Edición: Marion Monnier. Elenco: Paul Dano, Jude Law, Alicia Vikander, Tom Sturridge, Will Keen, Jeffrey Wright. Duración: 156 minutos. Calificación: apta para todo público. Nuestra opinión: buena.

Publicada en 2022, la novela El mago del Kremlin tiene como narrador a Vadim Baranov, un personaje ficticio inspirado en Vladislav Surkov, un estratega clave del ascenso de Vladimir Putin al poder en Rusia. El eje central de este best seller traducido a más de 20 idiomas del italiano Giuliano da Empoli es la dimensión teatral de la política, concebida como una puesta en escena permanente en la que la verdad importa menos que el relato y la confusión y el caos pueden ser herramientas deliberadas de gobierno. Hoy sobran en todo el mundo ejemplos para ilustrar esta tesis, incluyendo lo que ocurre día a día en Argentina.

La idea fuerza del libro es que el poder contemporáneo ya no se basa solo en controlar la realidad, sino en producirla. Y Olivier Assayas -director francés que ya se había acercado al mundo de la política y el poder estatal en Carlos (2010), una biopic del guerrillero venezolano Ilich Ramírez Sánchez- se propuso reflejarla con fidelidad, capturar el funcionamiento de un aceitado sistema basado en la manipulación de la realidad.

3 stars

La película de Assayas -cuyo guion el director escribió en sociedad con el prestigioso escritor parisino Emmanuel Carrère- plantea que la política rusa reciente puede entenderse como una forma de dramaturgia, una puesta en escena donde la verdad importa menos que el relato.

Baranov, interpretado con excesiva frialdad por Paul Dano, abandona el arte para dedicarse de lleno a convertir la política en una ficción total, convencido de que el poder se construye con decisiones firmes, claro, pero también con imágenes, símbolos y narrativas.

Esa dimensión teórica que en el libro funciona como motor no fluye tan bien en la película, que tiene una estructura episódica en la que se van encadenando momentos clave de la historia reciente rusa -la caída de Yeltsin, el ascenso de Putin, las crisis militares-, agrupados como una sucesión de viñetas ilustrativas bastante superficiales.

En ese contexto, la interpretación de Jude Law en el rol de Vladimir Putin se consolida como una de las fortalezas más evidentes de la película. Su trabajo evita la caricatura y apuesta inteligentemente por la construcción de una figura opaca, casi impenetrable, coherente con la idea del líder como máscara. Putin aparece en su interpretación como una fuerza abstracta, un centro de gravedad alrededor del cual giran los demás, pero nunca terminamos de acceder a su vida interior.

Por lo demás, Assayas confía exageradamente en la voz en off y en los diálogos explicativos para transmitir ideas que el cine puede sugerir de otras maneras. La tendencia a sobreexplicar, a enunciar ideas y conceptos en lugar de encarnarlos es una debilidad evidente de esta versión algo fallida de El mago del Kremlin, que en sus mejores pasajes deja entrever, eso sí, cómo el caos puede ser una herramienta de gobierno y la incertidumbre transformarse en estrategia.

La película se enfoca en esa capacidad performativa de la política actual para transformar la realidad en espectáculo, pero esa idea aparece más como teorización que grabada en su lenguaje o en el cuerpo de los protagonistas. No es eficaz para mostrar cómo erosiona los vínculos y condiciona la vida cotidiana más allá de los solemnes despachos del Kremlin. Ni siquiera cuando lo intenta con la introducción en la trama de Ksenia, el pragmático personaje que encarna la sueca Alicia Vikander, pensado probablemente para humanizar al robótico Baranov que compone Dano, un gurú maquiavélico cuyo vacío aparece apenas insinuado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/el-mago-del-kremlin-el-poder-como-espectaculo-y-la-dimension-teatral-de-la-politica-nid23042026/

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