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El nivel medio de educación no aguanta más parches

Hay sobradas razones para sostener que la escuela secundaria da muestras claras de agotamiento y que es necesario repensarla. Brevemente, las principales manifestaciones del colapso de la educació...

Hay sobradas razones para sostener que la escuela secundaria da muestras claras de agotamiento y que es necesario repensarla. Brevemente, las principales manifestaciones del colapso de la educación secundaria.

Lo que se aprende en la escuela está muy lejos de los nuevos parámetros culturales. En tiempos de IA se continúa enseñando siguiendo un currículum fragmentado en diferentes disciplinas, tal como fue diseñado en el siglo XIX. Un porcentaje importante de los egresados no domina los instrumentos básicos de la cultura letrada, como la lectura y la escritura. Quienes logran hacerlo provienen, en buena medida, de familias que ya dominan esa cultura. La escuela casi no logra incorporar a los sectores culturalmente marginales a los saberes dominantes de la sociedad.

Los parámetros de socialización de la escuela son muy débiles para procesar las subjetividades de los jóvenes actuales. Crece el ausentismo de los alumnos, muchos de los cuales dicen aburrirse en las escuelas. Al mismo tiempo, proliferan influencers y youtubers que logran captar el interés y la atención de infinidad de jóvenes con propuestas de alta densidad científica.

En este contexto, varias jurisdicciones están proponiendo y, en otros casos aplicando, reformas en el nivel que incluyen el trabajo por proyectos y la resolución de problemas desde una concepción compleja del conocimiento. También, en algunos casos, se avanza en cambios organizacionales que permiten el trabajo colaborativo, tanto entre docentes como entre alumnos.

Quienes producen y divulgan el saber pertenecen a sectores diferentes: ya no son solo los científicos

Sin embargo, todos estos cambios se piensan, diseñan y ejecutan entre los tradicionales agentes del sistema, que hacen un esfuerzo por adaptar una educación escolarizada concebida y diseñada, en todos sus aspectos, desde la lógica moderna y, por lo tanto, desde una cultura ilustrada y analógica que no logra comprender a los sujetos ni los patrones de construcción del conocimiento propios de la era digital.

No nos comunicamos igual que en la primera mitad del siglo XX. La producción del conocimiento está muy lejos de realizarse como en aquel momento. Quienes producen y divulgan el saber pertenecen a sectores diferentes: ya no son solo los científicos. Hay cambios epistemológicos que exigen otros modos de producir, organizar y comunicar el conocimiento. Las nuevas tecnologías permiten, pero también imponen, otras formas de articulación que, en general, son horizontales y no responden a las estructuras verticales y fijas propias de los sistemas analógicos. Ya no predomina una linealidad progresiva, sino la heterogeneidad, la fragmentación y la simultaneidad.

Por otra parte, toda la organización del sistema educativo responde a una concepción vertical y centralizada, bajo el supuesto de que unos planifican y mandan y los de abajo ejecutan según las órdenes. Desde mediados del siglo pasado, los estudios organizacionales comprobaron que la burocracia no funciona de acuerdo al modelo weberiano sino al de un teléfono descompuesto.

En la misma línea, se imparte un conocimiento fragmentado en disciplinas, producido por los científicos, transmitido en el aula por los docentes y acumulado en la cabeza de los alumnos. Una vez que se tiene todo en la cabeza, algunos logran articular los saberes de una y otra rama y descubren, por ejemplo, que la inundación de un sector del territorio puede tener que ver con la urbanización de otro, o que, si se articulan conocimientos de biología e ingeniería, es posible modificar determinadas características de un animal.

La era digital está basada en otro patrón epistemológico, vinculado con las transformaciones producidas por la física cuántica, la teoría de la relatividad y toda la revolución de la física de comienzos del siglo XX, en la que abreva la tecnología digital. Pensar una educación acorde con los tiempos en que vivimos exige hacerlo desde esta lógica y no limitarse a acomodar el modelo tradicional.

Los organismos de gobierno de la educación, en cooperación con las universidades, deberían contar con equipos de innovadores educativos en los que participen tecnólogos, pedagogos, neurocientíficos, comunicadores, psicólogos y jóvenes alumnos, con el objetivo de moldear la IA a las necesidades del desarrollo cognitivo de los estudiantes. La IA debe moldearse para hacer de ella un instrumento de multiplicación de la inteligencia humana y no su reemplazo.

En la organización de los sistemas educativos deben participar tanto quienes atienden a la gobernabilidad como aquellos que conocen las nuevas modalidades de organización de los servicios digitales. Por supuesto, las tecnologías no son neutrales: portan intereses y tienen sesgos. Pero ¿de qué nos asustamos? Desde la apertura democrática, las políticas educativas se han decidido, en buena medida, a partir de una negociación de intereses entre dos corporaciones: la política y la sindical. Y está claro que el sesgo de sus intereses no ha favorecido los aprendizajes de los jóvenes. Es imperioso abordar una transformación integral de la escuela secundaria para ponerla en sincronía con este momento histórico. Es un enfermo que no admite mas curitas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-nivel-medio-de-educacion-no-aguanta-mas-parches-nid14092026/

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