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El primer vegetariano

Tom King es un veterano boxeador que conoció tiempos de gloria pero que ahora, en el cuadrilátero, disputa su última pelea en busca de una bolsa que le alcanzará solo para pagar el alquiler atr...

Tom King es un veterano boxeador que conoció tiempos de gloria pero que ahora, en el cuadrilátero, disputa su última pelea en busca de una bolsa que le alcanzará solo para pagar el alquiler atrasado de su casa y aliviar el mar de deudas de su mísero presente. Frente suyo tiene a un adversario mucho menos experimentado, pero cargado del ímpetu y el coraje que le da la juventud.

El curtido peleador resiste los golpes del juvenil púgil y espera su tiempo de atacar. Golpea con acierto en momentos clave del combate y llega a poner en aprietos al muchacho. Pero para noquear definitivamente a su rival, el avezado boxeador requiere de un extra de energía que ya no tiene. Una porción de fuerza que, él está convencido, hubiera obtenido si al mediodía hubiera comido un buen bistec. Pero ningún carnicero de su barrio le quiso fiar. Para ellos, estaba viejo y decadente. El luchador, que en sus años prósperos obsequiaba bifes crudos a su mascota, se quedó, a falta de esa comida, sin el vigor necesario para ganar la pelea.

El título del cuento resumido aquí es Por un bistec. Allí, el escritor estadounidense Jack London expone con brutalidad cómo, por ley natural, lo nuevo viene a imponerse sobre lo viejo. Pero en este caso, un trozo de carne habría hecho la diferencia.

Leí este relato hace muchos años. Pero lo recordé hace poco cuando supe de la existencia de un personaje de la Argentina que, contemporáneo de London, expresaba exactamente lo contrario que el escritor: el bistec no era una salvación, sino una abominación. Se trata de Domingo Astorga, uno de los primeros -y más efusivos- vegetarianos del país.

El cuento de London se publicó en 1909. Para entonces, Astorga, nacido en 1862, era toda una personalidad en estas tierras. Comandante del ejército, desde muy joven, este mendocino se dedicó a difundir la causa vegetariana, convencido de que ese tipo de vida purificaba el cuerpo y el alma, y de que, en el futuro, sería la salvación de la humanidad. Ideas que, para su época, eran consideradas rupturistas, cuando no estrafalarias.

La base alimenticia de este hombre consistía en el consumo diario de medio kilo de pan de trigo sin condimento, cinco naranjas y dos racimos de uva. El comandante tenía una quinta en Guaymallén, “La Vegetariana”, con un cartel en el acceso que advertía contra la carne: “Aquí no se comen cadáveres ni se beben humores. El fruto de la tierra sustitiye el producto del crimen”. Pero lo suyo no se sostenía solo por su discurso. El militar le ponía el cuerpo a sus convicciones. Demostraba a través de distintas pruebas cómo, gracias a su dieta frugal, desbordaba vitalidad y energía.

Una de sus actos más recordados en este sentido se realizó en el Hipódromo Argentino de Palermo, el 30 de junio de 1903. El militar mendocino había prometido completar a caballo unos 70 leguas (364 kilómetros) en 14 horas. A las 5 de la mañana se montó al primero de los equinos de su regimiento de caballería con los que realizaría la travesía. A las 18.30, antes aún del tiempo previsto, había concluido su desafío sin mayores inconvenientes, ante la algarabía de las 500 personas presentes en el lugar.

Pero además de los retos de resistencia, el pionero del vegetarianismo realizaba acciones extremas e irresponsables. Se cuenta que en 1912 se inyectó la bacteria que causa la tuberculosis para curarse luego, según él, con métodos naturales. Pero en 1917, en Asunción de Paraguay, un experimento similar lo llevó a la muerte. “Lo venció la ciencia, en un demente desafío a los bacilos de Koch”, decía Caras y Caretas en un artículo en su recuerdo del año 1939. Allí se definía a Astorga: “Un hombre que en vida alcanzó una popularidad poco común solo comparable al profundo olvido en que su nombre cayó a poco de morir”.

“Hágase vegetariano y será feliz”, le dijo una vez el comandante Astorga a un huésped de su quinta. Una afirmación que Tom King pondría en duda. Especialmente, después de besar la lona en su postrera pelea.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-primer-vegetariano-nid14092026/

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