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El recuerdo de Jean-Pierre Wimille, el piloto francés que murió en una exhibición en las calles de Palermo

Jean-Pierre Wimille fue un exquisito piloto francés en la antesala de la Fórmula 1, suerte de espía y miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Murió en nuestro país, en las...

Jean-Pierre Wimille fue un exquisito piloto francés en la antesala de la Fórmula 1, suerte de espía y miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Murió en nuestro país, en las calles de Palermo, a los 40 años.

Un accidente fatal que permanece en la retina. Todavía fresco el show de Franco Colapinto, también en el barrio de Palermo, la memoria hace un giro y toma nota de una situación dramática. Este hecho, esta historia, ocurrió en el siglo pasado: el 28 de enero de 1949.

Wimille nació en París el 26 de febrero de 1908. Su padre, un fanático del automovilismo, tecleaba una antigua máquina de escribir como cronista del periódico Petit Parisien. A Jean-Pierre siempre le agradó la velocidad: cuando tenía 22 años hizo su debut en un Gran Premio, al volante de un Bugatti 37A en el GP de Francia de 1930, disputado en Pau. Admiró a Juan Manuel Fangio, fue un afecto deportivo absolutamente correspondido.

Cuenta la historia que durante la Segunda Guerra Mundial y bajo la ocupación nazi, Jean-Pierre Wimille, Robert Benoist y William Grover-Williams (otros pilotos de esa época), se unieron a la dirección de operaciones especiales que colaboraba a distancia con la resistencia francesa. De los tres, Wimille fue el único sobreviviente.

Años después, calificado por la moral de la época como “arrogante y mujeriego”, se casó con Christiane de la Fressange, juntos tuvieron a François, nacido en 1946. Jean-Pierre se convirtió en el principal piloto de Alfa Romeo entre ese año y 1948.

Murió al volante de un Simca-Gordini (también conocido como Gordini Tipo 15) durante los ensayos para el Gran Premio de Buenos Aires de 1949. “Los argentinos tienen a un piloto nacional de condiciones notables, que va a dar muchísimo que hablar”, había dicho horas antes, en referencia al genio de Balcarce.

¿Qué pasó?

En su segundo viaje a nuestro país (el primero bajo el cargo de la “Temporada Internacional” y el segundo, para el circuito callejero), Wimille se presentó en su Simca pintada de azul, el viernes 28 de enero de 1949, dos días antes del Gran Premio Ciudad de Buenos Aires. Palermo era una fiesta, alborotado por unas 60.000 personas, cuentan las crónicas. Y unos 300.000 en los tres días de actividad del deporte motor.

El recordado periodista Alfredo Parga escribió alguna vez este retazo de crónica: “Todavía el fardo de pasto era la contención para el drama y para la gente, tratando de ponerle una coraza a la vida, procurando salvarla. El reloj apenas había marcado las 6 horas de la mañana, cuando el sol veraniego empezaba a vislumbrarse apenas a través de los árboles, y los primeros autos salieron a girar. La Simca de Wimille dio un par de vueltas, como regulando. A la tercera venía mucho más rápido, a unos 140 kilómetros por hora, porque el piloto había indicado a su gente en el box que le tomara el tiempo. Había hecho mucho ruido en la recta que se tendía frente al Club de Gimnasia y Esgrima. El auto azul se pegaba dócil a la cuerda, bordeando el lago. Una curva a la izquierda y, de pronto, el viboreo repentino de la máquina enloquecida. El coche, catapultado por un fardo, despegó del piso, saltó el borde de la pista y cayó del otro lado, golpeando a su piloto contra un árbol, antes de quedar inmóvil mirando, ya sin ver, hacia dónde había venido. Una ambulancia lo llevó hasta el hospital Fernández, dónde llegó muerto. Con sus brazos plegados, cobijando un frío definitivo”.

En síntesis, mientras probaba su Simca-Gordini en el circuito de Palermo, sufrió un despiste fatal a unos 140 km/h.

La pluma de J.M. Vinuesa lo describe así en la web www.motor.es. “Jean-Pierre Wimille era muy inteligente y reflexivo, culto, con interés en la política hasta el punto de haber pertenecido a partidos políticos y pretender una carrera política posterior a su actividad deportiva. Dicen que era un gran orador, con una excelente capacidad de análisis. Junto a ello, era poco dado a la adulación, tanto a recibirla como a darla, y se mostraba bastante frío con el público. No era, en definitiva, uno que amase verse reverenciado por las masas. Junto a ello, era un empedernido mujeriego, a quien su novia y luego esposa parecía perdonarle todos los asuntos de faldas que siempre le rodeaban, más o menos intensos. Todo eso conformaba una combinación curiosa, que al volante se reflejaba en un pilotaje sereno, controlado, el coche jamás fuera de sitio, el gesto siempre calmado, dueño de sí y de la situación. Un piloto rápido que gustaba de ganar tomando el liderazgo y dejando atrás a todos. Él, el coche y la pista, solos en plena actividad creativa de la velocidad.”

La página 6 del diario LA NACION al día siguiente de la tragedia, reflejó el hecho con elocuencia. “En una sesión de adiestramiento volcó y perdió la vida el corredor Wimille. El accidente se produjo frente al Golf Club”, fue el doble titular.

A partir del quinto párrafo, empieza el relato del incidente. “Según la versión de testigos presenciales, Wimille tomó el viraje justo donde ha sido instalado un letrero indicador de la proximidad de una de las curvas más difíciles del circuito, a una velocidad superior a los 140 kilómetros por hora.

“Lo hizo sobre la izquierda y cuando todo hacía presumir que salvaría aquél sin inconvenientes, la máquina zigzagueó violentamente. El piloto procuró estabilizarla mediante varios golpes de dirección, pero la misma, lejos de obedecerle, se desvió extraordinariamente hacia la derecha. Tocó los pastos de fardo allí colocados y, quizás debido a su poca altura, al no poder pasar por encima de ellos, volcó al costado de una pequeña zanja”

“Wimille fue golpeado por el coche y, posteriormente, arrojado a un lado, en tanto que la Simca quedaba, en virtud de la coleada, en sentido contrario al que traía".

“El público apostado en el lugar no tuvo, en un principio, noción exacta de lo ocurrido, tan rápidamente se desarrollaron los sucesos... Lo trasladaron al hospital Fernández, donde falleció a los pocos minutos de su llegada”.

No ganó ninguna carrera de Fórmula 1, ya que murió una temporada antes de la creación del Campeonato Mundial de 1950. Se impuso en las las 24 Horas de Le Mans en 1937 y 1939 y fue uno de los pilotos más veloces de la posguerra.

Está enterrado en el Cementerio de Passy, en París. Un monumento en la Porte Dauphine, próximo a Bois de Boulogne, le hace un culto a su memoria.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/automovilismo/el-recuerdo-de-jean-pierre-wimille-el-piloto-frances-que-murio-en-una-exhibicion-en-las-calles-de-nid28042026/

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