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Embarazo en la adolescencia: la mayoría no es planificado y muchos jóvenes no tuvieron ESI en el colegio

Son las 9 de una mañana fresca de abril y Johana observa a su hija de dos años, Gianna, jugando dentro de una casita de juguete, en el patio del jardín maternal Jakairá, en Chacarita. Se asoma ...

Son las 9 de una mañana fresca de abril y Johana observa a su hija de dos años, Gianna, jugando dentro de una casita de juguete, en el patio del jardín maternal Jakairá, en Chacarita. Se asoma por una de las ventanitas, la ve acunar a un bebote y le sonríe. Johana se embarazó de ella a los 17, cuando estaba en cuarto año de secundaria y aún se sentía un poco niña.

Tuvo que madurar rápido, dice, “como a los golpes”. Apenas se enteró, decidió tenerla, aunque sabía que algunas cosas le serían más difíciles: terminar el secundario, encontrar un trabajo, ser independiente para sostener a su bebé, estudiar en la universidad. Se puso como objetivo lograr todo eso.

Pensó en hacerse tiempo para criar y estudiar, para criar y trabajar, para criar y no ser una carga para su mamá, empleada doméstica, y su padre, capataz de obra.

Le fue difícil contarles. Pero después de “un reto”, le dijeron que estaban para ella. Sí le fue difícil asimilar la reacción de su novio, un chico de su edad que al principio no quiso saber nada. “No nos cuidábamos. Yo pensaba que no me iba a embarazar nunca. Él también. Empecé con vómitos y creí que tenía un virus”, cuenta a LA NACION. Johana se sintió muy triste y un poco sola. Se preguntó entonces si iba a poder tener el futuro que soñaba.

Mucho de lo que cuenta tiene puntos en común con lo que viven otras madres adolescentes del país cuyas historias están marcadas por desigualdades y falta de información. Así lo evidencian los resultados de “Mientras crecen, crían”, el primer estudio federal cualitativo impulsado por la Fundación Kaleidos junto con la Red MAPA, una red de organizaciones que acompaña la maternidad y paternidad en la adolescencia.

“Quería ir a la escuela, pero la abuela paterna no lo quería cuidar. Yo tenía que prestarle atención al maestro y al nene. Así que preferí no ir”.

Paola, 16 años, entrevistada en la zona centro del país

Embarazo y desigualdad

El estudio se centró en entrevistas en profundidad a 30 adolescentes que fueron madres y dos adolescentes que fueron padres, tienen entre 14 y 20 años y son de 13 provincias y cuatro regiones del país. El objetivo fue saber cómo fue su trayectoria en el ámbito educativo y en el sistema de salud, si trabajan, cómo crían a sus bebés y cuál es su proyecto de vida.

La investigación no solo logró registrar algo que parece una obviedad, que el embarazo temprano muchas veces dificulta o trunca el desarrollo personal de los adolescentes. También evidenció que el embarazo es la consecuencia de varias desigualdades: el no haber accedido a una efectiva educación sexual integral (ESI), a métodos anticonceptivos y a información de referentes de salud.

“Son chicos y chicas que pasan por diferentes vulneraciones de derechos que a su vez se encadenan con otras vulneraciones de derechos. Por ejemplo, que en el colegio no les faciliten cursar mientras crían y que luego deban abandonarlo”, analiza Lucila Szwarc, una de las investigadoras a cargo del estudio, que destaca que por día 100 adolescentes se convierten en madres en la Argentina, según las últimas estadísticas oficiales, de 2023.

“Vimos muy claramente que en gran medida los embarazos son no intencionales. Las chicas no accedieron a la ESI y no acceden a métodos anticonceptivos hasta el primer embarazo. La ESI y el acceso a anticonceptivos en centros de salud se realizaban en el marco del Plan ENIA, que hoy está desmantelado”, agrega.

Esto ocasiona que muchas veces los padres y madres adolescentes dejen sus estudios para trabajar o para criar. En los sectores de mayor vulnerabilidad económica, llegan a abandonar ambas cosas.

“La ESI no solo sirve para que los chicos sepan qué es un anticonceptivo”, advierte Szwarc, sino que ”el objetivo es que entiendan, por ejemplo, qué es el consentimiento y que fundamentalmente tengan información veraz para que puedan decidir sobre su presente y su futuro”.

“Sufrí depresión”

Johana habla de lo importante que es la ESI cuando dice que no se le pasó por la cabeza pensar en las consecuencias de un embarazo. Romantizó lo que vendría después. Solo tuvo un par de charlas en primer año, pero dice que fueron “muy por encima”.

Cuando se embarazó cursaba cuarto año en un secundario comercial de Villa Urquiza, barrio donde aún vive con sus padres. Temía que sus compañeros y los profesores la hicieran a un lado. Pero pasó lo contrario. “Si perdía clases porque me sentía mal o tenía que hacerme estudios, me pasaban lo que habían hecho y me explicaban. Pasé de año sin problemas”, dice.

“Ellos no querían que yo vaya al colegio por si me resbalaba. Me metieron ese chamuyo. Yo tenía ganas de ir, no sentía vergüenza”.

Cristina. 16 años, entrevistada en el AMBA

Quien es hoy su expareja ya había accedido a acompañarla durante el embarazo. También tuvo el apoyo de su suegra. “Me empecé a sentir más segura porque sentía la contención del cole y la familia. Es muy feo sentirse sola”.

Pero cuando Johana tuvo a Gianna, se le vino el mundo encima. Era marzo de 2025 y mientras sus amigas estaban comenzando el último año de la secundaria y de su adolescencia, ella había parido. Dice que no recuerda las primeras semanas de su pequeña.

“Creo que sufrí depresión posparto, pero nadie me había dicho que me podía pasar esto”, dice. Sentía que estaba como sin rumbo, con la felicidad en pausa, teniendo que madurar rápido, amamantar, cambiar pañales. Y mientras sentía todo eso, pensaba en cómo retomar el colegio.

Uno de los hallazgos de Kaleidos y Red Mapa es que “el embarazo temprano refuerza las inequidades de género porque en la mayoría de los casos el cuidado recae exclusivamente en las jóvenes”, advierte la investigadora Szwarc. Por eso, dice que las redes de cuidado son muy importantes: las familias, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones del Estado como la escuela, las salas de salud, los hospitales, las guarderías.

A diferencia de Johana, algunas de las chicas entrevistadas en el estudio no tuvieron el apoyo de sus familias o de los padres de los niños, ni desde el colegio. A algunas, los directivos de los colegios les recomendaron “retomar más adelante”. Otras dejaron de estudiar porque no tenían quién les cuidara a sus bebés.

“Dejé la escuela porque tenía que trabajar para mi señora y mi bebé”.

Facundo, 16 años, entrevistado en la región Centro

El mito del adolescente irresponsable

De acuerdo con el estudio, en los casos en los que funcionaron las redes de cuidado —guarderías, colegio, familia—, muchas adolescentes lograron retomar y terminar la secundaria. Como Johana.

Cuando su beba cumplió cinco meses, volvió a la escuela en el marco de un protocolo para alumnas madres. “Iba tres horas y si no llegaba a una materia, recuperaba más tarde. Otras materias las rendí directamente en diciembre. Me dejaron ir con mi nena. Di todo bien y tengo mi título”, cuenta con satisfacción.

Según Szwarc, es tan importante que las políticas educativas sostengan, mejoren y refuercen la ESI en las escuelas, como que el sistema educativo se amolde a la realidad de los adolescentes padres y madres para que no abandonen.

“Muchos tienen muy presente que su proyecto de vida es desarrollarse para darle un mejor futuro a sus bebés. Esto derriba el mito del adolescente irresponsable y pone en valor la educación, porque todavía la consideran como una herramienta de progreso”, destaca la especialista.

“Necesitaba apoyo emocional”

Johana dice que durante el embarazo la trataron muy bien en el hospital público al que iba. Incluso, le informaron sobre métodos anticonceptivos, algo que está dentro de todos los protocolos. Pero recuerda que en algún momento recibió comentarios agresivos.

“Me dijeron ‘vos tendrías que estar estudiando, no deberías estar embarazada´”, explica. Eso la hacía sentir insegura, sin ganas de ir a las consultas.

“No quería saber nada . Lo quise interrumpir , pero no me dejaron. Era menor y decidía mi mamá”.

Paola, 16 años, entrevistada en la región Centro

Para Szwarc es necesaria una política de salud que capacite a profesionales para cuidar, informar y guiar, sin expulsar. “Aparecen muchos relatos como el clásico ‘¿por qué abriste las piernas?’ o muchas chicas que dieron a luz solas porque le habían prohibido el ingreso a sus parejas por ser menores de edad”, dice.

Cuando se le pregunta a Johana qué apoyo le faltó durante el embarazo y su maternidad, dice que habría necesitado apoyo emocional. Ese apoyo lo encontró cuando al año de ser madre, profesoras de su colegio, le recomendaron el jardín maternal Jakairá, que pertenece a Kaleidos.

“Sin Jakairá no sé dónde estaría. No puedo pagar un jardín privado y tampoco la ayuda emocional que me dan; charlo con psicólogas y asistentes sociales, y otras mamás como yo”, dice. En este centro, que recibe a hijos de madres y padres adolescentes, también dan apoyo escolar para los jóvenes y los guían en la búsqueda laboral.

Johana ya tiene trabajo, es empleada doméstica en cuatro casas de familia. También cobra la Asignación Universal por Hijo (AUH). “La plata se va enseguida con un bebé, entre pañales, la comida... No quiero ser una carga para mis padres”, dice con seriedad.

“Solamente quiero un futuro para mi nene mejor que el mío, que no fue tan lindo. Ese nene me gustaría ser yo, pero en miniatura”.

Lucía, de 14 años, entrevistada en el AMBA

En pocas semanas se anotará en la Licenciatura en Higiene y Seguridad del Trabajo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Eso la entusiasma mucho.

“Después quiero conseguir un buen trabajo para darle a mi nena un futuro lindo. Sueño con que crezca segura de sí misma, con más oportunidades y sabiendo que la voy a apoyar en lo que ella elija y sienta”, dice.

Más información:La Fundación Kaleidos promueve y restituye derechos de niños, niñas y adolescentes, con especial foco en el desarrollo infantil, la terminalidad educativa, el acceso a la salud y la igualdad de género. Para más información, hacé click aquíRed MAPA reúne organizaciones que acompañan a las maternidades y paternidades en la adolescencia, brindando formación, fortalecimiento institucional y apoyo técnico. Para más información, hacé click aquí

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/embarazo-en-la-adolescencia-la-mayoria-no-es-planificado-y-muchos-jovenes-no-tuvieron-esi-en-el-nid29042026/

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