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Empuñaron la espada por la patria y amaron el trabajo en la tierra

Cuenta don Luis Pozzo Ardizzi en su célebre Hombres del surco (Semblanzas de agricultores) la importancia que algunos de nuestros próceres dieron al desarrollo de la agricultura en nuestra Patria...

Cuenta don Luis Pozzo Ardizzi en su célebre Hombres del surco (Semblanzas de agricultores) la importancia que algunos de nuestros próceres dieron al desarrollo de la agricultura en nuestra Patria. El pequeño pero jugoso libro integra la Colección Campo Argentino, que fue editada por Raigal en los años 50 del pasado siglo.

Allí descubre sucesos que han permanecido ocultos para la mayoría de los argentinos. Breves semblanzas de los primeros agricultores que pertenecen a la pequeña historia -casi siempre olvidada- de la gran historia donde se gestó nuestra Patria.

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Trata de soldados conquistadores que han abierto los surcos para dejar caer los primeros granos de trigo en estas tierras; de los colonos que fueron pioneros de la agricultura con denodados esfuerzos y de la no tan conocida relación de nuestros patriotas con el campo.

En primer lugar, centra su atención en la figura del general Manuel Belgrano quien en sus deberes como secretario del Consulado no cesaba de fomentar la agricultura y recomendar la plantación de árboles en la llanura pampeana para evitar las grandes secas; ocupándose también de instaurar premios para los labradores que introducían adelantos en sus cultivos. Así, una real orden del 31 de marzo de 1797 dispuso que “para el labrador que hiciese constar haber introducido un cultivo con arreglo al clima se le asignarán cincuenta pesos” y al que establezca una huerta con monte árboles frutales otros cincuenta pesos.

Nos lleva luego a conocer la faceta ignota del general San Martín y su amor por el trabajo rural, dando paso a su sueño de retirarse del fragor del cuartel algún día para dedicarse a labrar la tierra. Es por eso que en octubre de 1816 el Libertador eleva una nota al gobernador de Mendoza, su tierra amada, pidiéndole como merced una fracción de campo en “Los Barriales” para establecer allí una chacra, donde trabajar la tierra. En noviembre de dicho año toma posesión de la tierra, pero pronto parte hacia Chile, volviendo recién dos años después. No obstante, nombró administrador de la chacra a don Pedro Moyano y pudo aumentar la superficie, comprando una fracción lindera donde diseñó una red de acequias. Cuando volvió del Perú en 1823 los viñedos ya estaban prósperos y la huerta con abundantes frutos y hortalizas. Sin embargo, poco pudo disfrutar de la tranquilidad del campo, ya que cuestiones políticas y la dolorosa muerte de su esposa lo obligaron a partir del lugar, al que nunca más volvería. “Sueño con regresar a mi refugio de La Tebaida”, manifestaba siempre que alguien le preguntaba por su tierra, llamándola así porque era una apasionado de los clásicos latinos y con ese nombre recordaba al poema de Estacio. A su muerte, la chacra fue vendida y años más tarde, el 6 de diciembre de 1941, el gobierno nacional la declaró lugar histórico.

Por último, nos muestra el afán chacarero del Almirante Guillermo Brown, a quien debemos la libertad de nuestros ríos y mares en momentos muy difíciles para nuestra Patria. Retirado de su actividad militar, se refugió en su querida quinta de Barracas, alejada del centro de Buenos Aires, donde, atraído por la noble tarea rural, buscó la serenidad que ansiaba su alma.

El almirante John Grenfell, marino británico al servicio del Imperio de Brasil y su bravo enemigo en la guerra, quiso visitarlo antes de partir del Plata y lo encontró sembrando alfalfa. Se presentó con su uniforme de gala y sus condecoraciones y se encontró con un Brown sudoroso, en ropa de trabajo y empuñando el arado. Luego de darle un abrazo, le dijo: “¡Ah, bravo amigo! ¡Si usted hubiera aceptado la propuesta de Don Pedro I, cuán distinta sería su suerte! ¡Porque, a la verdad, las repúblicas son siempre ingratas con sus buenos servidores!”. A lo que nuestro marino, erguido, contestó: “No me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos. Considero superfluos los honores y las riquezas… cuando bastan seis pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores”. Y continuó sembrando, con la serenidad que lo caracterizaba.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/empunaron-la-espada-por-la-patria-y-amaron-el-trabajo-en-la-tierra-nid22082026/

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