En la zona gris es un pálido thriller que sus estrellas protagónicas interpretan casi a reglamento
En la zona gris (In the Grey, Reino Unido-Estados Unidos/2026). Guion y dirección: Guy Ritchie. Fotografía: Ed Wild. Música: Christopher Benstead. Edición: Martin Walsh. Elenco: Eiza González,...
En la zona gris (In the Grey, Reino Unido-Estados Unidos/2026). Guion y dirección: Guy Ritchie. Fotografía: Ed Wild. Música: Christopher Benstead. Edición: Martin Walsh. Elenco: Eiza González, Henry Cavill, Jake Gyllenhaal, Rosamund Pike, Carlos Bardem. Duración: 98 minutos. Distribuidora: Diamond. Calificación: solo apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: mala.
Hacer En la zona gris costó alrededor de 100 millones de dólares. El gasto se repartió entre el eficiente equipo técnico, el desplazamiento de todo el equipo de filmación a las Islas Canarias (donde se filmó casi toda esta producción angloestadounidense), los costos de marketing y, por supuesto, el generoso salario que deben haber cobrado sus protagonistas, estrellas consumadas como Henry Cavill, Jake Gyllenhaal y, en menor medida, la mexicana Eiza González y la inglesa Rosamund Pike.
La película es un thriller con toques de intriga y suspenso que en apariencia cumple con todos los requisitos del género: espectaculares escenas de acción más o menos dosificadas en sus compactos 98 minutos, escenarios naturales vistosos, dobles de riesgo de alto rendimiento, rostros conocidos en los papeles protagónicos.
1 stars
De entrada, todo parece estar en su lugar. El producto luce muy profesional en un primer vistazo exterior. Pero detrás del impecable envase no encontramos nada que valga la pena: el argumento parece escrito íntegramente por algún programa de inteligencia artificial a partir de una mezcla de algoritmos, la trama podría tranquilamente desarrollarse a través de la realidad virtual y los personajes no son más que un conjunto de estereotipos expresando de manera mecánica (casi robótica) consignas similares a las que leemos en los globos de cada cuadro fijo impreso en las viejas revistas de historietas.
Lo que se cuenta aquí es un equivalente plano, básico y sin imaginación de algún episodio de Los simuladores. Los “buenos”, por llamarlos de alguna manera, pertenecen a un equipo de élite que opera clandestinamente para resolver situaciones delicadas y complejas con millones de dólares en el medio. Ahora tienen que ayudar a un banco de inversión a recuperar la fortuna que un magnate inescrupuloso y venal recibió como préstamo y se niega a devolver.
Los dos bandos tienen recursos, métodos y fuerzas de choque parecidas, pero del lado de los “buenos”, por supuesto, están Gyllenhaal y Cavill, dos ex agentes especiales infalibles con las armas y los puños. Que estén ellos o cualquier otro en ese lugar da exactamente lo mismo porque lo único que hacen es entrar en acción hasta que los dobles de riesgo se ocupen de las escenas más peligrosas.
Lo único que distingue a Gyllenhaal y Cavill es su condición de figuras con supuesto arrastre en la taquilla. Pero a los efectos de la trama da lo mismo verlos a ellos o a dos afiches con sus respectivas caras. No reconocemos ni en sus interpretaciones ni en la dirección de Guy Ritchie ni una sombra de la personalidad que supieron mostrar en otros momentos más felices. Pareciera que esta vez trabajan a reglamento.
Eiza González la pasa un poco mejor. Como premio consuelo puede mostrar algo de su desenvoltura y fotogenia natural porque algunas de sus escenas transcurren en oficinas, salas de reunión o tribunales. Pero la mayoría del tiempo la escuchamos con la voz en off haciendo explicaciones redundantes de los procedimientos que su equipo ejecuta en ese mismo momento. O sobran imágenes o sobran palabras; las dos cosas juntas es un despropósito que se repite varias veces a lo largo del relato.
El villano de nombre y acento hispánico que se enfrenta a estos mercenarios “bienintencionados” se asocia al bajo vuelo general. Es Carlos Bardem, cuya actuación cumple con todos los requisitos del clisé del malvado de origen latino construido pacientemente por el cine de Hollywood. Y a la vez se transforma, seguramente a su pesar, en la triste caricatura de los personajes desalmados y sin corazón que a veces le tocan a su más famoso hermano menor, Javier Bardem, cuando es convocado para actuar en inglés.