Ezequiel, argentino instalado en Honduras hace una década: “Se necesitan poco menos de 800 dólares para vivir bien”
Hace una década, Ezequiel tomó una decisión que cambiaría su vida: dejó Buenos Aires y se radicó en Tegucigalpa, la capital de Honduras. Periodista, biógrafo y trabajador del ámbito audiovi...
Hace una década, Ezequiel tomó una decisión que cambiaría su vida: dejó Buenos Aires y se radicó en Tegucigalpa, la capital de Honduras. Periodista, biógrafo y trabajador del ámbito audiovisual, encontró en ese país centroamericano un lugar donde desarrollar su profesión y una forma de vida que, según explica, puede sostenerse con menos de 800 dólares al mes.
Actualmente alquila un condominio en el barrio La Leona y utiliza una moto para trasladarse por la ciudad y evitar el intenso tránsito. En una entrevista con el canal de YouTube Historias de Migrantes, contó qué fue lo que lo llevó a quedarse y qué aspectos de la vida cotidiana más valora. “Me gusta la calidez del trópico, ese surrealismo bizarro del día a día y una experiencia laboral enriquecedora”, resumió.
El viaje que terminó en HondurasAntes de establecerse definitivamente en Tegucigalpa, Ezequiel pasó varios años recorriendo la región. Junto a un grupo de amigos viajó en combi desde México hasta Panamá durante cuatro años, una experiencia en la que realizaron reportajes autogestivos y entraron en contacto con diferentes comunidades.
Ese recorrido también le permitió construir relaciones que más adelante serían determinantes para su llegada a Honduras. “Viajar es la experiencia más enriquecedora que uno puede tener cuando lo hace por voluntad”, aseguró.
En 2014, uno de sus amigos, Gerardo, lo invitó a instalarse en el país. Por entonces, Honduras atravesaba una situación de fuerte inseguridad. Ya radicado allí, Ezequiel comenzó a trabajar y también fue testigo de distintos episodios de violencia. “Me tocó retratar las tragedias que fueron sucediendo a lo largo de esos años”, recordó.
Naturaleza, vínculos y una nueva forma de vivirEntre los aspectos que más destaca de Honduras aparecen el paisaje y el trato cotidiano con las personas. “No solo es la calidez del trópico, la abundancia de agua, sol y naturaleza, sino la calidez humana”, explicó.
Según su experiencia, esa cercanía se manifiesta incluso en pequeños gestos, ya que mencionó: “En otros lugares la gente es mucho más fría en el día a día. Eso es muy bonito”.
También utiliza una expresión particular para describir algunas situaciones que forman parte de la vida cotidiana en el país: “surrealismo mágico”. Ezequiel aclara que no se refiere al realismo mágico asociado a García Márquez o Cortázar, sino a una versión “más bizarra” de lo cotidiano. “Ese día a día es alucinante”, resumió.
Por lo que dio a conocer, la inseguridad fue uno de los desafíos que encontró al instalarse. Aunque considera que hubo mejoras, sostiene que todavía queda camino por recorrer. “Una sociedad tan violenta no la cambiás de un día para otro”, afirmó.
También habló desde su experiencia sobre las distintas razones que pueden llevar a una persona a emigrar. “Es muy difícil ser migrante por necesidad y no por elección, como lo soy yo”, dijo, y señaló que observó a muchos hondureños alejarse de sus raíces en busca de nuevas oportunidades.
Respecto del costo de vida, estimó que una persona sola que alquila puede vivir en la ciudad con unos 800 dólares mensuales. “Para una persona sin hijos que alquila, se necesitan como mínimo 20 mil lempiras, un poco menos de 800 dólares, para vivir bien en la ciudad”, aseguró.