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Faltan responsables y sobran culpables

Olvidado como recreación infantil El Gran Bonete se ha convertido hoy en una práctica adulta. El juego, cuyo origen se suele situar en antiguas festividades del Norte argentino, partía de la bas...

Olvidado como recreación infantil El Gran Bonete se ha convertido hoy en una práctica adulta. El juego, cuyo origen se suele situar en antiguas festividades del Norte argentino, partía de la base de que a un participante se le había perdido un botón, y comenzaba a preguntar a cada chico si era éste quien lo tenía. “¿Yo, señor? No, señor”, era la respuesta obligada. “¿Pues entonces quien lo tiene?”, inquiría el Gran Bonete. El niño nombraba entonces a otro jugador como culpable (estaban todos identificados con un color). El interrogante caía de esa manera sobre este, y así la ronda continuaba hasta el infinito. Nadie era culpable y el botón no aparecía.

Escritores, cantantes y cantoras, periodistas, intelectuales y variopintas figuras más o menos públicas y más o menos famosas de ciertos países adhirieron al hervidero con sus propios agravios

Como los chicos ya no juegan si no es con lo que les ofrecen los algoritmos en celulares y computadoras, El Gran Bonete se convirtió en una práctica funcional para adultos. La reciente oleada de fobia antiargentina post Mundial es una muestra de ello. Escritores, cantantes y cantoras, periodistas, intelectuales y variopintas figuras más o menos públicas y más o menos famosas de ciertos países adhirieron al hervidero con sus propios agravios. Lo curioso es que varios de ellos deben buena parte de su popularidad, y sus ingresos, a la fama lograda en la Argentina. Cuando vieron la consecuencia de sus denuestos comenzaron a jugar al Gran Bonete. No eran ellos, decían. No era lo que habían querido decir, juraban. Habían sido mal interpretados, argüían, a pesar de que habían dicho o escrito brulotes muy claros. Y hasta un escritor publicó una larga carta, propia de un ilusionista, para terminar demostrando, a su pesar, que había querido decir lo que dijo que no dijo. Es que el inconsciente existe y siempre habla. A veces lo hace de manera paradójica para expresar finalmente aquello que la conciencia se esfuerza por ocultar o disfrazar. Mientras tanto, reconocer la falta, enmendar el daño, asumir la culpa no forman parte del juego.

Hoy se adjudica a las redes el perjuicio provocado, como si estas existieran por sí mismas, como si fueran una abstracción y no la conjunción de seres con responsabilidad e identidad propias, aun cuando se oculten detrás de seudónimos

Usado también por políticos, gobernantes, deportistas, artistas y figuras públicas de toda índole, El Gran Bonete es un recurso habitual también en nuestro país. Y en todo el mundo su práctica resulta más frecuente desde que existen las redes sociales. Hasta hace poco se eludía la responsabilidad de lo dicho o hecho achacando al periodismo el haber “sacado de contexto” la tropelía. Hoy se adjudica a las redes el perjuicio provocado, como si estas existieran por sí mismas, como si fueran una abstracción y no la conjunción de seres con responsabilidad e identidad propias, aun cuando se oculten detrás de seudónimos.

El tema central de este asunto es, precisamente, la responsabilidad, un valor en default en tiempos de cólera e intemperancia

El tema central de este asunto es, precisamente, la responsabilidad, un valor en default en tiempos de cólera e intemperancia. “Es incorrecto e inmoral tratar de escapar de las consecuencias de los actos propios” señalaba Mahatma Gandhi. No hay acción, inacción, palabra o silencio que no tenga consecuencias. Quien las asume es responsable. Y no basta con asumirlas de palabra (“Me hago cargo”, “Pido disculpas”, etcétera). La reparación debe ser de la misma calidad que la acción dañina. Toda responsabilidad no asumida se convierte en culpa de otro, ya que la consecuencia no desaparece. A menor responsabilidad circulante, mayor inflación de culpa echada sobre otros, sobre las redes, sobre la suerte, sobre el clima, sobre lo que sea.

Y así gira el mundo presente, anémico de responsabilidad, intoxicado de culpas sin dueño. “El hombre está condenado a ser libre, porque una vez arrojado al mundo, él es responsable de todo lo que hace”, afirmó el filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre. Es así, aunque se pretenda escapar de esa responsabilidad con la excusa de que no se quiso herir a quien se hirió o no se quiso decir lo que se dijo o se lo interpretó mal, aunque se lo haya entendido perfectamente. Entre adultos, el Gran Bonete no es un juego. Y la responsabilidad es un deber si no queremos vivir en la jungla.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/faltan-responsables-y-sobran-culpables-nid09082026/

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