Francisco Prado: de joven vendía carbón, se peleaba en los boliches y hoy cumple su sueño como luchador de UFC
El fútbol fue uno de los primeros deportes que practicó, pero se dio cuenta que no era lo suyo. “De chiquito me gustaba pelear...en la escuela, en la calle. Entonces me llevaron a karate y taek...
El fútbol fue uno de los primeros deportes que practicó, pero se dio cuenta que no era lo suyo. “De chiquito me gustaba pelear...en la escuela, en la calle. Entonces me llevaron a karate y taekwondo. Ahí ya me di cuenta que eso era lo que me gustaba y seguí”. La frase le pertenece a Francisco Prado, el santafesino que de adolescente también se peleaba en los boliches. Su padre le llamó la atención y hoy su ejemplo es otro: “Si tienen ganas de pelear, vayan a un gimnasio que ahí se van a sacar las ganas”. Agradece a Dios que hoy se gana la vida con esto porque alcanzó su sueño y actualmente brilla como luchador en UFC (Ultimate Fighting Championship), la compañía más importante de artes marciales mixtas en todo el mundo.
Pero, para llegar hasta allí, tuvo que atravesar un camino de esfuerzos y los contó en una entrevista con LA NACION. Primero, tuvo que trabajar: ayudó a su padre en mudanzas, fue vendedor y hasta estuvo en una videoteca. Pudo juntar plata y alcanzó el objetivo de irse del país para continuar con su sueño. Se fue a Brasil. Al principio le costó y tenía muchos miedos, pero la fe siempre fue más grande que el temor. Regresó a la Argentina y mientras se lucía en un evento sudamericano de MMA, recibió el llamado de UFC. Recuerda ese momento como inolvidable, y este sábado buscará otro triunfo cuando se mida en el UFC Fight Night de Las Vegas ante el brasileño Ismael Bonfim, con la transmisión por streaming de Paramount+.
Prado se prepara para su sexto combate en UFC; se siente muy bien, lleno de energía y feliz por la oportunidad. “Estoy ansioso. Pelee por última vez en abril y de inmediato volví a entrenarme”. Para el combate de este fin de semana le avisaron dos meses antes, aunque iba a ser ante otro rival, que se lesionó. Hace unas cinco semanas le avisaron que debía combatir ante Bonfim. “Tuve que cambiar mi plan de pelea. Al otro le gustaba más la estrategia, pero a este le gusta más el cruce, entonces es mejor para mí, porque también me gusta. Va a ser entretenida, la pelea de pie, va a ser muy linda”.
El santafesino, que hoy está radicado en Estados Unidos, se describe como un luchador completo y argentino: “Digo eso porque tengo mucho corazón, mucha garra y pasión. Es algo que tenemos al nacer y por criarnos ahí. Llevo todo eso adentro de la jaula y es un plus para mí”. Además advierte: “Yo no me voy a rendir nunca, me tienen que dar un tiro en la cabeza para que pare de pelear. Nunca me entrené tanto, me siento muy fuerte, mi condición física está perfecta, sin lesiones y estoy hambriento por la victoria”.
Este combate de UFC Night de Las Vegas, al igual que las 12 restantes, serán transmitidos por Paramount+, empresa que firmó un acuerdo histórico por 7.700 millones de dólares por siete años a partir de 2026 con la compañía norteamericana de MMA.
Francisco Prado nació en San Lorenzo, Santa Fe, el 16 de junio de 2002. De niño empezó fútbol, deporte que practicaban sus hermanos y también que le gustaba mucho a toda su familia. Sin embargo, no prosperó: “Me gustaba, pero me di cuenta que no era lo mío”. Así aparecieron otras disciplinas relacionadas con las artes marciales con las que sí tuvo continuidad. “De más chico fui a karate y a taekwondo porque estaba cerca de mi casa, no porque dije que quería hacer eso”. Pero todo avanzaba y a los 14 decidió empezar MMA (artes marciales mixtas) en un gimnasio cerca de su casa. “Siempre quise aprender más, entonces fui ahí porque era lo más completo”, reveló.
A Francisco siempre le gustó pelear, pero a veces lo hacía en ámbitos que no eran los adecuados: “Peleaba en la escuela, en la calle. Hoy es mi trabajo hacerlo, pero cuando iba al boliche o salía a bailar, pelear era algo que me gustaba, no te voy a mentir”, cuenta hoy con una sonrisa, como si se hubiese tratado de una travesura adolescente. Tuvo varios problemas cuando era menor.
Además, contó que en esas disputas utilizaba técnicas y sabía que hacía daño. Con 24 años sabe que lo que hizo fue un error: “Estaba mal. Mi papá me habló mucho, me decía que no tenía que hacerlo. Yo le decía que me gustaba, que si me buscaban para pelear yo iba a pelear”, cuenta entre risas, mientras reconoce que nunca sufrió ninguna consecuencia. “Eso podía haber terminado mal”, acepta. Con madurez y profesionalismo, advierte: “Con esto que cuento no quiero aconsejar a los chicos a que tienen que pelear en la calle porque está mal. Si quieren pelear, que vayan a un gimnasio que ahí se van a sacar las ganas”.
Por su crecimiento en la vida y en el deporte, Francisco agradece el rol de sus padres: “Son una inspiración para mí, una honra, un ejemplo. Siempre hablo con ellos, les pido muchos consejos y en todo momento están para mí. Mi viejo salía de laburar retarde y me pasaba a buscar por el gimnasio. Mi mamá, que no trabajaba, y mis hermanos, también. Ellos dejaban de lado muchas cosas para que yo pueda ir a entrenar, son esfuerzos que se los debo siempre; sin ellos yo no estaría hoy acá”, expresa de forma muy sentida.
Así pelea Francisco PradoPero Prado también tuvo que hacer esfuerzos. Y para cumplir con sueño y su propósito de vida tuvo que salir a trabajar: “Hacía mudanzas con mi papá en un camión, vendía carbón, vendía remeras, laburé en un supermercado, en una videoteca”. Todo esto porque su plan siempre fue irse para continuar su camino en el MMA. Su objetivo estaba en juntar dinero para irse a vivir a un gimnasio y así poder alcanzar mucho más. “Tenía amigos que trabajaban para comprarse un auto, yo lo hacía porque quería irme”.
Una vez que terminó la escuela en San Lorenzo, viajó a Brasil para continuar con su camino. “Me fui a Río de Janeiro, estábamos en la pandemia”. Francisco Prado se fue a vivir a un gimnasio donde dormía con siete compañeros en una habitación “No entendía nada. Estaba solo, pero lleno de fe por estar ahí. Fue una experiencia que me nutrió muchísimo”, cuenta. Viajar le abrió la cabeza y tenía miedos, pero todo transitaba de buena manera para el luchador: “Conocí gente muy buena que me ayudó muchísimo, mis compañeros eran buena gente y me hice muy amigo. Todavía tengo relación con ellos”.
Luego de su travesía por Brasil, su carrera como deportista de MMA era cada vez más fuerte. Regresó a la Argentina y se entrenó con dos deportistas que hoy también brillan en UFC: “Estuve en Córdoba con Esteban Ribovics y después en Mar del Plata con Kevin “Chino” Vallejos”. Luego de varios combates en el evento sudamericano de MMM denominado Samurai Fight House, en el que se consagró campeón, llegó el llamado que cambiaría su vida: “Me llamó UFC directamente para ir a pelear en Australia. Fue con cuatro semanas antes de aviso”.
Las expresiones en su rostro hacía notar el recuerdo de aquel momento con muchísima emoción. Su sonrisa mientras narraba lo que vivió, no la pudo disimular. “Era algo increíble. Me acuerdo la alegría que tenía... Era inexplicable, porque uno ve todo tan lejano y de repente ya estás ahí. Me dijeron ‘dale, vení a pelear’, eso fue loquísimo”. Dentro del recuerdo de su debut en la empresa más importante del mundo en las artes marciales mixtas rememoró el momento de su presentación en el octágono: “Estaba el presentador Bruce Buffer diciendo ‘De San Lorenzo, Santa Fe, Argentina...’, y eso fue increíble, era soñar despierto. Es loco como uno normaliza todo porque hoy en día no pasa más eso, pero la sensación de esa primera vez no me la olvido más”.
Hace poco fue papá de Pilar y Prado cuenta con mucho amor que es lo mejor que le pasó en la vida: “Me llena de alegría todos los días, la llevo al gimnasio, vamos con mi mujer, Nicole. Me ve entrenar, me encanta verla y compartir cosas con ella. En un principio fue difícil, pero después me adapté y ahora te digo que es hermoso”. Actualmente está radicado en Boca Ratón, Estados Unidos.
Su vida como padre y deportista profesional es muy sacrificada, pero entiende que es la vida que siempre soñó y que le encanta: “De lunes a sábados empiezo muy temprano, me voy al gimnasio, después desayuno y descanso”. Luego es turno de volver a entrenarse. Se va a dormir temprano porque sabe que al día siguiente la rutina será muy exigente una vez más. A pesar de todo, cuenta con tiempo para descansar: “Los domingos es el día que aprovecho para estar mucho más con mi mujer y mi hija”.