Fue a tirar basura a un contenedor, pensó que había encontrado un oso de peluche blanco pero algo llamó su atención: “Estaba respirando”
En una fría mañana de otoño cuando Eva Eftekhar se dispuso a llevar dos bolsas llenas de basura al contenedor más cercano. Normalmente, simplemente tiraba las bolsas sin mirar, pero como estas ...
En una fría mañana de otoño cuando Eva Eftekhar se dispuso a llevar dos bolsas llenas de basura al contenedor más cercano. Normalmente, simplemente tiraba las bolsas sin mirar, pero como estas eran particularmente pesadas, Eftekhar echó un vistazo dentro del contenedor para ver qué tan lejos caerían.
Mirando por encima del borde, vio lo que luego describió como un esponjoso “osito de peluche” blanco sentado sobre la basura, con la cabeza dentro de una lata. Entonces, notó que el “peluche” estaba respirando. Eftekhar llamó a su hija, Yasmin Eftekhar, para que la ayudara a despejar el interrogante que la abrumaba.
“Ambas pensamos que podría ser un hurón”, dijo Yasmin a un medio local, “por lo delgado y largo que era”. El tiempo apremiaba por lo que las mujeres, rápidamente, tomaron una escalera del jardín. Eva subió y luego bajó al contenedor de basura.
“Mi mamá tuvo mucho cuidado al sacar al animal porque no sabíamos qué heridas podría tener”, dijo Yasmin. “Así que lo levantó… Luego yo lo envolví en una toalla contra mi pecho”. Enseguida, ambas mujeres se dieron cuenta de que el débil animal era una gata que se aferraba a la vida.
El rescate ocurrió después de una lluvia fuerte. La gata tenía la cabeza metida en una lata vacía de comida. Ese había sido su último intento por encontrar algo de comer. “Estaba letárgica e inmóvil”, dijo Yasmin. “Como si se hubiera rendido. Había un hueco entre la lata y su cuello, así que podía respirar y eso nos dio esperanza sobre su panorama”.
Con la lata atorada en su cabeza y para evitar que se lastimara más, llevaron a la gata a un veterinario. “Estaba muy sucia, olía mal y se le notaban los huesos de todo el cuerpo”, dijo Yasmin. “Pero, por alguna razón, no tenía heridas graves. Tenía algunas cicatrices en el cuerpo que ya habían sanado, algunas heridas leves en la cara. Pero no estaba hipotérmica ni presentaba huesos rotos”.
En casos de animales rescatados con signos de desnutrición, lo primero que hay que hacer es acudir a un veterinario para una evaluación clínica y para definir el plan de recuperación más adecuado según su estado. “En estos casos, la alimentación debe reintroducirse de manera gradual: suelen recomendarse pequeñas porciones frecuentes, por ejemplo cada dos o tres horas, evitando grandes cantidades de una sola vez, ya que una ingesta excesiva repentina puede generar complicaciones digestivas y metabólicas”, explica María Noel Travetto, médica veterinaria (Mat. 12.508) y Gerente de Asuntos Regulatorios para Mars Pet Nutrition.
En etapas iniciales, puede considerarse alimento húmedo, que suele ser más fácil de ingerir, y a medida que el animal se recupera y gana peso, el veterinario podrá indicar una transición progresiva incorporando también alimento seco. “Además de la alimentación, es importante mantener al gatito abrigado, en un ambiente tranquilo y libre de estrés, ya que el entorno también influye en su recuperación”, agrega la experta.
Aunque la gata tenía un microchip, no estaba registrada a nombre de ningún tutor. Los Eftekhar ya tenían un gato, pero llevaron a la gatita a casa para bañarla mientras esperaban si alguien la reclamaba. “El veterinario no pudo encontrar ninguna información de su chip, así que nos comunicamos con la empresa en la que estaba registrada. El operador dijo que en su expediente no había nada. Absolutamente nada. Nada sobre su sexo, que la habían esterilizado, su edad, información de vacunas: nada. Y por eso tuvimos la opción de registrarla y adoptarla”, detalló Yasmin.
Dos días después, la gatita blanca se convirtió en un miembro oficial de la familia Eftekhar. La llamaron Ángel.
Durante sus primeros días en su nuevo hogar, Ángel devoraba toda la comida que Yasmin le daba, como si fuera su última comida. Seguía a Yasmin a todas partes, pero no le gustaba que la acariciaran. “Arañaba a cualquiera que intentara tocarla sin que ella iniciara el contacto”, dijo Yasmin.
Angel parecía confundida por los juguetes que Yasmin le mostraba, y pasaron dos días completos antes de que maullara por primera vez.
Entonces, un día, mientras Yasmin intentaba darle a Angel un medicamento recetado por su veterinario, ambas llegaron a un punto de inflexión.
“Cuando saltó a mi escritorio y se sentó en su almohada, no la toqué ni intenté darle la pastilla”, dijo Yasmin. “La dejé en paz. Creo que fue en ese momento cuando se dio cuenta de que tenía espacios seguros y que no necesitaba vivir con miedo constante”.
Durante semanas, Yasmin siguió dejando que Angel marcara el ritmo de sus interacciones. “Ahora puedo acariciarle el cuello y la espalda y tomarla en brazos sin miedo a que me arañe o me muerda. Ella se siente cómoda apoyando su barriga en mi mano”, dijo.
Angel también duerme en la cama de Yasmin y se lleva bien con el otro gato de la familia, al que observa atentamente y con el que ha aprendido a jugar con delicadeza.
Angel’s Rescue + Her Now“Es una gatita muy dulce”, dijo Yasmin. “Le encantan las caricias y los besos, siempre me busca a mí o a mi mamá para que le dé cariño. Pero Angel también tiene carácter: le gusta salirse con la suya y puede ser un poco mandona”.
Desde su traumática aventura en el contenedor de basura, Angel ha recuperado peso, tiene una familia y comprende mejor lo que significa amar y ser amada.
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