Generales Escuchar artículo

Gabriel Mores, qué lo llevó a irse del país, cómo recuerda a su padre y los últimos días de su abuelo ilustre

Se mueve en una de las confiterías más tradicionales de Buenos Aires con la comodidad de quien transita un espacio propio. La ciudad se imprime en su piel y en sus afectos, a pesar de que lleva v...

Se mueve en una de las confiterías más tradicionales de Buenos Aires con la comodidad de quien transita un espacio propio. La ciudad se imprime en su piel y en sus afectos, a pesar de que lleva varios años residiendo en Miami. Allí hace música, obvio, pero también se desarrolla en el mundo tech, otra de sus pasiones.

Se crio entre artistas. Abuelo prócer del tango, padres que se destacaron como intérpretes del género, una tía también cantante y actriz y una prima que es celebridad de televisión.

Gabriel Mores -apellido con peso específico si los hay- se embebió desde la cuna en esa atmósfera que aplicó en él con fuerza. Pianista, compositor, cantante. Las armonías lo atraviesan. Además, productor de otros artistas, tiene su propio estudio e integra el comité tradicional de los Latin Grammy.

Se embandera en su estirpe y la defiende como quien porta sobre sus hombros un estandarte de esos que generan orgullo. “Nunca me pesó mi nombre”, sostiene, buscando alivianar eso que, posiblemente, es una carga mayor para el afuera que para él mismo. Nació Martínez -el verdadero apellido paterno- pero se crio como un Mores, la identidad artística adoptada por los suyos.

Invita con café y algo más para combatir el gélido atardecer porteño y se dispone a la charla. Los últimos días de Mariano, el abuelo ilustre que lo marcó con sabiduría; el recuerdo de la voz de Nito, su padre fallecido prematuramente; la reconstrucción de Claudia, su madre, luego de enviudar y la relación con Mariana Fabbiani, su prima hermana famosa por sus trabajos en televisión, hija de Silvia Mores. Sobre eso y más se confesará nuestro interlocutor. A los cincuenta y pocos tiene mucho para contar. Y, se nota, le encanta hablar. ¿Por dónde comenzar?

Uno

Su presente se define en una multiplicidad de posibilidades. Entre ellas, El bandoneón con ruedas, un preciso proyecto para acercar a las infancias al tango.

El creativo publicitario Carlos Ceretti fue quien le acercó la propuesta a Mores. “Tengo la idea de un disco de tangos, valses y milongas para chicos, ¿te gustaría continuarlo conmigo?”, le dijo el hombre que fue el responsable de frases repetidas y recordadas como: “me tomo cinco minutos, me tomo un té”, “caro, pero el mejor”, “el color lo tengo acá” y “chuavechito”, entre tantas otras.

Gabriel Mores no lo dudó y aceptó el convite. Juntos también le crearon un disco a la confitería Las Violetas, el emblema de Almagro donde se realiza esta entrevista. Carlos Ceretti falleció el año pasado, pero el concertista continúa desarrollando el valioso proyecto cuyos temas van acompañados por videos de animación. A la voz de Mores se suma la de la destacada cantante Mariana Quinteros, nominada al Latin Grammy, entre otros reconocimientos.

El proyecto se transformó en un valioso material que se puede convertir en un camino iniciático de las infancias en torno al tango argentino. “El contrabajón”, “Perro tanguero”, “La otra calesita”, “Milonga del café con leche” y “Tangón de cuna” son algunos de los títulos que conforman el primer álbum. Cada uno de los tracks va compañado porn un material de animación.

-Los videos cuentan con un trabajo de edición muy cuidado...

-Me gusta hacerlo, soy un fanático de la tecnología. En este trabajo me ocupé no sólo de la música y los videos, sino también de todo lo referido a las aplicaciones para celulares, el desarrollo de la página web y un juego interactivo para que los chicos puedan reconocer las palabras del lunfardo.

-Lo audiovisual es una llave reconocible para las infancias...

-Cuando comenzamos con este proyecto, empecé a olfatear todo lo que se vendría con la IA, así que me pareció que, a través de los dibujitos, era un buen modo por donde podríamos entrar en el mundo de los niños. Si bien las canciones hablan de temas que les son cercanos, lo cierto es que se verán atraídos, en primera medida, por todo aquello que es audiovisual. Si eso sucede, la música se les internalizará naturalmente.

-¿Qué buscás con este proyecto?

-Me interesa mantener vivas nuestras tradiciones musicales, poner en relevancia a nuestros héroes del tango y enfatizar determinados valores, esos que se inculcan cuando uno es chico.

-El tango no es un género que, generalmente, se aborde en los colegios...

-Tiene lógica, porque las letras no fueron pensadas para esas edades.

-Pero se les podría inculcar a los alumnos algunos conocimientos en torno a nombres como los de Carlos Gardel, Osvaldo Pugliese, Tita Merello o Mariano Mores.

-Estoy de acuerdo, desgraciadamente hemos perdido esas posibilidades.

Paradojas que sorprenden, reconoce que “en Miami, hay un solo bandoneón”.

Adiós, pampa mía

-¿Por qué te fuiste de Argentina para radicarte en Estados Unidos?

-Estaba un poco desencantado con el sistema. Mi abuelo, en sus últimos años, no tenía un solo esponsor. Cuando se pidió un auspicio a una cadena de supermercados, la respuesta fue: “Qué grande ´Marianito´, pero no lo podemos auspiciar, porque el público mayor que lo sigue a él no consume”. Lo mismo sucede con las compañías discográficas, no siempre a los artistas les liquidan de acuerdo a las regalías que reciben por ventas de discos o reproducciones en plataformas.

Conoce como nadie la historia de su abuelo ilustre. Del derecho y del revés puede hilvanar esa vida que fue marcada por la pobreza inicial y por la trascendencia artística posterior, aunque, acorde a esas injusticias que se suelen cometer con los grandes de la cultura en nuestro país, los últimos tiempos de “Marianito”, como muchos lo seguían llamando, no fueron fáciles. Algunas puertas se habían cerrado. Podría también pensarse a la historia argentina desde los nubarrones inconcebibles en torno a los que forjaron la cultura nacional con mayúsculas. Un verdadero desdén.

Mores desliza que “el público del tango se va extinguiendo y no se renueva”. Una aseveración algo determinante, que puede evaluarse con matices. “Hoy la movida se da con las milongas”.

-¿No percibís a un público joven que “oxigene” el género?

-Sí, pero se mueve en el under. Las milongas funcionan, sin embargo, en la Calle Corrientes, ¿cuántos shows de tangos hay en cartelera? ¿Quién produce hoy? Y no me refiero a las casas de tango que están pensadas para el turismo y que mantienen su actividad.

Trabajó durante dieciocho años en El Querandí, uno de esos reductos poco frecuentados por los locales, pero cuya demanda está sostenida en los espectadores que llegan desde el exterior.

Su tarea como productor musical y conformar su segundo matrimonio con Elizabeth Guerrero, bailarina de tango y de ballroom, incentivaron la decisión de radicarse en Estados Unidos. “No vivo solo del tango, tengo mi estudio, trabajo para mucha gente”, reconoce el artista, quien también aborda la composición para piezas teatrales, como sucedió con las últimas propuestas escénicas del licenciado Gabriel Rolón.

-En Estados Unidos, tu nombre debe generar, al menos, cierta curiosidad.

-El apellido del abuelo tiene la vara muy alta, entonces hay que pensar muy bien qué trabajos tomar, no es tan fácil.

-¿Por qué?

-A veces me llaman para hacer “cositas” y no puedo, no debo, aceptarlas.

-Hay que honrar una memoria y una trayectoria.

-Es un pro y es un contra. El prestigio del apellido hay que sostenerlo.

Sus hijos menores se educaron en Miami. “Los inscribimos en la Escuela Argentina, porque sabían el himno norteamericano de memoria y no conocían el argentino”. Finalmente, los bisnietos de Mariano Mores aprendieron sobre tradiciones. “Hoy comen pastelitos”.

-¿Fue compleja tu llegada a Miami?

-Me pasó lo que le sucede a mucha gente, te prometen el oro y el moro y, cuando llegás, las cosas no son como te las pintaron. Hay que empezar de cero. A pesar de los contactos, Miami no es un lugar fácil. Por otra parte, siempre quise tener mis papeles en orden, lo cual implica un desembolso de dinero importante, pero ya tengo la Green Card.

Llegó en 2018 y uno de sus primeros trabajos fue encabezar un espectáculo tanguero, pero las cosas no fueron como esperaba. El productor a cargo, de origen argentino, lo estafó. “Un chanta, no pude escapar de eso. Aunque cada vez se le cierra más el circuito”.

Las búsquedas laborales, la posibilidad del desarrollo artístico y personal fueron motores que impulsaron su partida de Argentina. En plan confesional, también reconoce que “necesitaba cambiar de aire”. “No es fácil ser el nieto de alguien como mi abuelo. Como dije anteriormente, nunca me pesó mi apellido, pero, a esta altura, ya tengo algunos laureles mínimos propios”.

Sus cucardas no son nimias. Gabriel Mores es un gran compositor, pianista y cantante. Al punto tal que, su arte, no sólo acompañó los últimos tiempos artísticos del gran maestro, sino que logró pisar, por mérito propio, los escenarios de espacios relevantes como el Teatro Colón.

-Para los entendidos del tango has dejado de ser “el nieto de...”.

-Entiendo que la figura de mi abuelo ha sido trascendental, no me peleo con eso, es un placer.

-¿Padeciste el desarraigo?

-Sí, aunque tuve la suerte que todos los años venían mis hijos a visitarme.

De su primer matrimonio es padre de Camila (26) y Matías (24), quienes viven en Buenos Aires. Gael (13), su hijo menor, vive con el músico y su madre a algunos minutos de la intersección de Lincoln y Collins.

“Hoy me puedo sentar a comer con mi mujer, mi ex y con todos los chicos juntos; mi exsuegra me adora. Mi hijo más chico, cuando venimos a Argentina, se queda a dormir en la casa de mi exesposa, algo muy hermoso”.

En esta tarde gris

Mariano Alberto Martínez, conocido artísticamente como Nito Mores, falleció en 1984 a pocos días de cumplir sus cuatro décadas. Casado con Claudia Mores, el matrimonio les dio vida a Marcela y Gabriel. “Cuando falleció, yo tenía diez años”.

-¿Tenés recuerdos de tu padre?

-Vagos.

-¿Qué recordás de él?

-Nuestras partidas de ajedrez y acompañarlo a la cancha de golf de dieciocho hoyos en Mar del Plata. Era un gran ajedrecista y golfista.

-La casa de Mariano Mores sobre la calle Alem era un punto de encuentro familiar y de la colonia artística...

-Recuerdo que mi viejo, que también era un gran pianista, subía al “cuartito azul” que teníamos ahí y tocaba “Taquito militar”. Mi mamá me contó que, en algún show, llegó a tocar a cuatro manos con mi abuelo.

El prócer del tango era exigente con su descendencia y no les permitía bajar la vara de la excelencia. Tanto Nito como su hijo Gabriel sorprendieron a Mariano en el escenario para poder desandar ese rasgo de sus vocaciones.

“Lo sorprendí cantando en una muestra que hacía mi profesora de piano en el Café Tortoni”. Gabriel realizó su parte frente al teclado mostrando su evolución académica pero, en determinado momento, enfrentó a la platea, invitó a su abuelo a subir al escenario y le indicó “hagamos ´Oro y gris´ en tal tono”.

“Se tuvo que sentar y tocar el piano, mientras yo cantaba. Para él fue un shock, estaba como perdido”.

-¿Por qué no quería que fueras cantante?

-Tenía miedo que, por culpa del canto, abandonara el piano, pero eso nunca estuvo en mi mente. Cantar y tocar el piano era un honor para mí. Muchas veces, el público gritaba ´que cante el nieto´, pero él no quería saber nada”.

En 2008 tocó por primera vez el piano de su abuelo en público. Fue en un gran concierto en el Luna Park, en el que Mariano Mores celebró sus noventa años. Con ese marco, Gabriel interpretó “Más allá de la vida”, un vals cuya composición había iniciado Nito Mores. “Al poco tiempo que mi viejo falleció, le hicieron un homenaje en la televisión. Verlo cantar nuevamente fue una sensación extraña, como si estuviese nuevamente vivo”.

Siendo casi un adolescente comenzó a trabajar con su abuelo. Primero fue “plomo” (encargado de cargar los instrumentos de la orquesta) y luego ya ocupó su lugar como músico. “Cobraba como uno más, sin privilegios; así que, en simultáneo, hacía guardias para una inmobiliaria y hasta fui chofer en un hospital”.

-Creo que no tomás dimensión de tu valía real como músico.

-Voy calladito y, cuando tengo que demostrar, demuestro.

-Tu abuelo te admiraba.

-Era muy fan mío, le gustaba lo que componía.

En febrero de 2012, Mariano Mores se presentó en el Teatro Auditorium de Mar del Plata, fue su última presentación ante el público.

-¿Cómo era Mariano Mores de entrecasa?

-Un fenómeno, no se quejaba por nada.

-Recuerdo a Myrna, tu abuela, con una coquetería extrema.

-Así se mostraba también en su casa. Ella era más brava, pero era necesario ese rol, porque mi abuelo era muy “buenudo”. Alguna vez lo “cag…” mal con guita, así que mi abuela lo tenía cortito.

-¿Cómo fueron los últimos días de tu abuelo?

-Tenía los achaques propios de sus 98 años, había perdido un poco de fuerza en sus piernas, por eso no asistió al concierto homenaje que le hicimos en 2015, la primera vez que toqué con la Orquesta Típica y Popular en el Teatro Colón.

Primero falleció Myrna y, al tiempo, Mariano. “Se fue apagando de a poco”.

Tanguera

Claudia, su madre, tuvo una carrera precoz antes de sumarse al “clan Mores”. Fue una gran “figurita joven” de su tiempo. Su matrimonio con Nito Mores fue “aprobado” por el público. Juntos en la vida y en el canto. La partida de su esposo también generó un sisma en su carrera artística.

Desde 2002, vive en el norte de Italia, en medio de las montañas, junto a su pareja, un arquitecto argentino que la sedujo con insistencia, dado que la cantante no quería volver a formar pareja. “José ha sido un faro de luz en su vida”, argumenta el hijo, feliz por el presente de su madre.

-Claudia Mores ha sido una gran cantante. Para el mundo artístico fue una pérdida que abandonara su carrera.

-Un sacrilegio, creo que haber sido abuela la apartó de su rol de artista.

-¿Cómo es tu vínculo con tu prima Mariana Fabbiani?

-Muy bueno, hace poco nos vimos en Miami. Pasamos nuestra infancia juntos en la mítica casa de los abuelos en Mar del Plata, nos divertíamos mucho.

-¿Cuándo tomaste conciencia de la envergadura de la figura de tu abuelo?

-Siendo adolescente, cuando lo fui a ver en un concierto en el Teatro Opera. Se abrió el telón, apareció esa orquesta impresionante y este hombre que tenía una fuerza única. Tocaba de memoria, no necesitaba las partituras. Mi abuelo fue un Rolling Stone.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/gabriel-mores-que-lo-llevo-a-irse-del-pais-como-recuerda-a-su-padre-y-los-ultimos-dias-de-su-abuelo-nid07072026/

Comentarios
Volver arriba