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Guillermo Barros Schelotto: “Podés jugar como quieras, pero no podés fallar en lo humano”

Hay carreras que se construyen dos veces. Para muchos futbolistas que integraron equipos que quedaron en la historia, el desafío después del retiro no es solamente encontrar un nuevo lugar dentro...

Hay carreras que se construyen dos veces. Para muchos futbolistas que integraron equipos que quedaron en la historia, el desafío después del retiro no es solamente encontrar un nuevo lugar dentro del fútbol, sino conseguir que ese segundo recorrido adquiera una identidad propia. Guillermo Barros Schelotto fue protagonista de uno de los ciclos más gloriosos de Boca, el de Carlos Bianchi, y desde hace más de una década trabaja para construir otro nombre desde el banco de suplentes.

Desde que comenzó como entrenador en Lanús, en 2012, Guillermo trasladó parte de aquella experiencia a una manera propia de dirigir. Pasó por distintos clubes, armó equipos competitivos y consiguió títulos, pero también fue moldeando una idea sobre el liderazgo que hoy parece ocupar un lugar central en su trabajo. “Podés jugar como quieras, pero hay algo en lo que no podés fallar, que es el trato humano al futbolista”, sostiene. A los 53 años, la experiencia y la madurez también modificaron su relación con la victoria, la derrota y las exigencias de un oficio en el que reconoce que no todo puede controlarse.

Guillermo Barros Schelotto recorre en su visita a Conversaciones en LA NACION ese camino entre el futbolista que fue y el entrenador que construyó después. Habla de las enseñanzas de Bianchi, de cómo cambió el vínculo con los jugadores, de la presión y las críticas, del esfuerzo que existe detrás de una carrera profesional y de su presente en Vélez. También vuelve sobre los años de gloria en Boca y una distancia que solo llegó con el tiempo: “Cuando sos parte no te das cuenta. Te das cuenta cuando te vas y ves todo lo que se había logrado”.

-¿Qué se siente estar en una redacción? No es lo tuyo.

-No, igual sabía lo que era. Quizás antes, cuando no había tanta tecnología a la hora de desarrollar una noticia, era más la relación con el periodista, acercarse a las oficinas del diario y, a partir de ahí, hacer la nota. Ahora es distinto.

-Es una de las tantas cosas que se perdieron.

-Sí, pero no digo que sea una mala situación. Es distinta. Quizás antes había una relación mucho más directa con el periodista, más humana. Eso es lo que se perdió, la relación humana que tenías con la persona que hacía una crítica hacia lo que vos hacías después del domingo.

-¿Encaraste alguna vez a alguno por una mala crítica o una crítica negativa?

-No. No recuerdo haber tenido alguna discusión con algún periodista por una crítica futbolística. Sí porque a veces han dicho algo que no era real y se lo planteé, pero no tengo rencor ni hoy tengo una mala relación con alguno.

-Entre tantas cosas que cambiaron, para un exfutbolista de elite, de gran nivel como fuiste, que tardó mucho en irse del país para jugar al exterior, ¿qué te genera que hoy cualquier jugador quiera irse a cualquier lado tan rápido?

-Es un poco la situación que te obliga a vivir el país. Tener una oportunidad y aprovecharla. Y si es en el exterior, tiene un montón de situaciones mejores, económica y socialmente. El crecimiento individual también te lo puede dar eso: conocer otra cultura, conocer otro país. De repente, no es solamente lo económico o lo profesional a lo que apuntás, sino también crecer en otros aspectos. Vivir en otro país también te ayuda a eso.

-O sea, no los frenás. No les decís: “El tren va a volver a pasar”. ¿Los entendés?

-No. Si tuviera un jugador que me planteara la situación de que se quiere ir, lo dejaría ir por muchas razones. Una es esa. Otra es porque el club se vería beneficiado económicamente y uno trabaja también para una institución, no solamente para ganar un torneo o hacer una carrera. Vos también te ponés la camiseta de la institución en la que trabajás.

-¿Más allá de la edad? Vos dirigís muchos chicos hoy, que son habitualmente los que tienen esas oportunidades.

-Sí. Hay miles de ejemplos en la historia del fútbol de jugadores que han esperado el tiempo de maduración para irse y les ha ido muy bien. Otros se han ido muy jóvenes y también les ha ido muy bien. Algunos debutaron, jugaron dos o tres partidos, se fueron y volvieron. Otros volvieron al año siguiente. Creo que es un tema mucho más individual que una situación que vos sabés que está pactado que sea así.

-¿Ya son distintos los jugadores que dirigís hoy de los jugadores que dirigiste en Boca y en Lanús, por ejemplo?

-Sí, hay otras cosas fuera del fútbol que hacen que el jugador sea distinto a esa época. Yo arranqué hace diez años o más y ha crecido tanto la tecnología en los últimos años... Va todo mucho más rápido que antes. Entonces, las situaciones de satisfacción las vivís en un período de tiempo más corto. Una derrota te duele mucho más porque es una gran oportunidad que perdiste y te lo hace saber todo el mundo, incluso hasta con las mismas decisiones que se toman profesionalmente.

-Yo te preguntaba si había cambiado el futbolista, pero también evidentemente cambió tu percepción de un resultado por el impacto que tiene luego.

-Sí, creo que cambió.

-¿Te duele perder más hoy que antes?

-A veces impacta mucho más de manera negativa por todo el reflejo que hay en lo mediático, sea un triunfo o sea una derrota. Y por cómo tiene llegada el hincha o el crítico al jugador, que antes no la tenía.

-Algún colega tuyo en algún momento me ha dicho que el futbolista, en el vestuario, rápido agarra el celular y se fija en las redes. Quizás tiene 49 mensajes positivos, pero se queda con el negativo.

-Sí, porque es el que te duele. Yo a tanto no llego. Nunca llegué, ni siquiera cuando era futbolista, a salir corriendo al otro día a comprar el diario. Obviamente que siempre la información te llega, pero hoy las redes sociales impactan de manera positiva o negativa en determinada situación en el jugador.

-¿Tenés una disciplina o un manual de cuánto tiempo pueden estar con el celular los jugadores y demás?

-No, porque en la época nuestra te llevabas el celular al vestuario y no te dejaban usarlo. Hoy ponés la música o hay un montón de otras cosas que te da el teléfono que antes no. Los jugadores tienen libertad. Antes, cuando cenabas, almorzabas o merendabas en la concentración, no podías usar el teléfono. Yo no tengo problema con que lo usen. Si veo que alguien está desenfocado por el teléfono, se lo diría o se lo digo. No me ha pasado últimamente, pero se lo diría.

-¿Qué ves cuando te ves protestándoles a los árbitros?

-No, eso no me gusta. Lo que pasa es el momento. De repente me conmueve la injusticia y considero que sucedió una injusticia y reacciono, pero no me gusta.

-La injusticia a veces es un lateral.

-Es injusticia igual. Pero de un lateral no se hace el gol de Racing que nos dejó afuera de la Copa. Igual, no me jacto ni me gusta. Incluso, en algunos casos, creo que tampoco lo merece la situación ni el árbitro. Me doy cuenta, pero no me gusta ni me jacto.

-Cuando decís que no lo merece, ¿eso te llevó a pedir alguna disculpa alguna vez?

-Sí, lo he hecho mil veces después de un partido, inmediatamente.

-Pero es más fuerte que vos.

-Es el momento, nada más. Tampoco nunca agredí oralmente de una manera... Puedo haber hecho algún gesto, a lo sumo, pero tampoco me gusta. Incluso cuando consideré esa situación, después, en la conferencia de prensa, nunca llevé esa discusión o esa pelea. Siempre lo dejé ahí, cuando termina el partido.

-Hubo un momento, un partido de tu Vélez contra Independiente, en el que te sacaste como pocas veces. Alguna fibra te habrá tocado que dijeran que habías hecho trampa.

-No, porque no fue eso. No me dijo: “Estás haciendo trampa”. Él había dicho otra cosa, el cuarto, y fue una reacción a eso. Pero terminó ahí. Ya está.

-Pero tu frase fue: “Me muero”.

-Sí, me muero.

-¿Por qué? Es lindo tener ese valor, pero ¿por qué tan arriba?

-Porque nunca en mi vida utilicé armas que no son propias del deporte o de la vida como para crecer. Bajo ningún punto de vista. Desde los 18 años he pagado los impuestos, he respetado la vida social en todo sentido y no iba a aceptar que me dijeran algo así. Pero, te reitero, fue el momento y ya está. No me jacto ni me gusta verme en esa situación.

-Ahora, sin hacer trampa, porque es cierto, exprimías muy bien el reglamento. Sabías hasta dónde. Tenías eso que cualquier futbolero no refiere como trampa, sino como picardía, de decirle algo a algún rival.

-No es que yo iba y le decía algo a algún rival. Muchas veces respondía a algún insulto, un golpe con mala intención o si yo interpretaba que había mala intención. Fijate que a mí nunca me echaron por pegar una patada fuera de lugar o por tirar un codazo con mala intención. Nunca me echaron. A veces yo reaccionaba a ese golpe con alguna palabra, un insulto, pero nada más. No era algo más grave que eso.

-Hay cientos de miles de pibes en el país que quieren ser futbolistas, que quieren llegar. ¿Qué tiene una familia para que lleguen dos hermanos y que, con el tiempo, lleguen dos primos? ¿Qué hay en esa familia?

-Me parece que hay amor al fútbol, tiempo dedicado al fútbol, tratar de llegar a ser y un montón de esfuerzos. No voy a hablar de mí o de Gustavo, pero sí de tres primos que llegaron a jugar. Por ejemplo, el que primero llegó, que es Juan, el hijo de mi hermana, está jugando. Estuvo peleándola en Grecia y ahora está en un equipo de Primera División del fútbol griego. Creo que eso lo hacés por el amor que le tenés al deporte, porque te gusta, porque estás preparado o decidido a hacer el esfuerzo. Otro caso, el hijo de mi otro hermano, mi hermano más grande, Pablo, también en un momento se tuvo que ir a jugar a Primera B. Agarró el auto y se iba todas las mañanas para Buenos Aires. Estuvo un año y pico haciendo eso, tratando de pulir algunas cosas como para poder después jugar en la Primera de Gimnasia.

-¿No están tocados?

-No, no creo. Hoy hay jugadores talentosos, obviamente, pero me parece que hay algo de talento en las posiciones que juegan, de tener lectura de juego. No solamente el talento es hacer una maravilla cuando tenés la pelota en los pies, sino también entender el juego, darte cuenta de las situaciones que van a venir en un partido y demás. Entonces, creo que es una combinación de cierto talento con muchísimo esfuerzo, que es lo que hoy más cuesta encontrar en el futbolista o en la persona, porque hay tantas frustraciones que te sacan las ganas de seguir haciendo las cosas.

-¿Sos todo el tiempo papá con él o es muy difícil no ser un exfutbolista, un actual técnico e incluso un conocedor del club donde juega?

-Creo que soy más papá que otra cosa. No me meto en lo futbolístico, casi nada. Y si le tengo que decir algo desde lo futbolístico, le paso alguna experiencia como exjugador. Pero creo que lo hago poco.

-¿Es difícil ser padre de un jugador? Porque los padres les dicen cualquier cosa. ¿Ibas a verlo de chico cuando podías?

-Sí, cuando podía. Pero yo no podía mucho.

-Claro, estabas concentrado.

-Exactamente. Jugábamos los fines de semana y muchas veces no podía ir. Pero cuando podía, sí.

-Quizás veías a padres de compañeros...

-Cuando podía ir, iba, pero más por acompañarlo a él que por la exigencia de “quiero ver cómo juega”. Es más, muchas veces volvíamos y me acuerdo de que una vez él jugaba en Gimnasia y habían perdido con un equipo que, la verdad, era muy superior. Se subió al auto y le digo: “¿Qué te dijo el técnico?”, riéndome.

-¿Con eso fue suficiente?

-Claro. Nos veníamos riendo de lo que le había dicho el técnico: “Agarren los libros porque, la verdad, me parece que ustedes no pueden jugar”.

-Ah, pensé que no estaba la respuesta.

-La respuesta estuvo. Sí, pero yo se lo dije riéndome y él me contestó riéndose. Había sido buena la respuesta del entrenador porque muchas veces los entrenadores, aun con los chicos, dicen cualquier cosa. Pero este le dijo la verdad: “Agarren los libros porque no va a jugar ninguno”. Y es el día de hoy que se lo digo: “Ya te lo dijo tal entrenador”.

-¿Leíste la carta de Messi? No la del retiro, la de la despedida del papá. ¿Qué te generó? Porque tu viejo los habrá acompañado y vos acompañás de esta forma.

-En muchas cosas te ves reflejado. Sentí lo mismo cuando mi viejo falleció. Creo que, más allá del comportamiento de muchos padres, que a veces delante de la gente no es bueno, también hay muchas veces mucho egoísmo. Pero el padre siempre es el primer hincha del hijo y no lo hace con mala intención, aunque a veces refleje cosas negativas. Algunas de las cosas que Messi puso o dijo que sintió cuando falleció el padre creo que les pasan a muchos. Otra vez también Tevez comentó algo cuando falleció el padre, que era su primer fan. Algo de eso comentó. Creo que es así. Uno ahora, alejado de ser futbolista y con mi viejo fallecido, se da cuenta de que el tipo iba a verme a mí. No iba a ver a Gimnasia o a Boca. Iba a acompañarme a mí, no porque le gustaba el fútbol.

-Hay algo de esfuerzo que no se ve tanto en la carrera de ustedes. La constancia está en las inferiores, está el esfuerzo. Luego está también el desarraigo, el vivir lejos de los tuyos. Vos te fuiste tarde a vivir a otro país, pero hoy vivís lejos de parte de tu familia. ¿Esa es una parte brava que no se le conoce tanto al protagonista?

-Sí. La mayoría de los jugadores, si no son del interior, son de un lugar lejos de donde están jugando. Y sufrir esa ausencia, que muchas otras profesiones no la tienen, de juntarte con tus amigos, de juntarte con tus familiares, incluso en los días que nosotros jugamos o trabajamos específicamente, es difícil. Pero también el fútbol te da otras cosas que valorás y le das una valoración a la vida de reconocimiento y de agradecimiento. De repente, a nosotros nos tocaba concentrar tres o cuatro días y estábamos en un lindo lugar, con buena gente, en un grupo de amigos, tanto en Gimnasia como en Boca. A mí me tocó ser futbolista y me tocó estar en Estados Unidos también. Me hice muy amigo de dos chicos de los que hasta el día de hoy soy muy amigo. También valorás la oportunidad de conocer otra cultura, otro país, otra historia. Creo que es parte de la vida o del recorrido de un ser humano en su trabajo. Quizás hay otras profesiones mucho más tradicionales que tienen los días de la semana iguales, los meses son iguales, y también tienen su vida cerca de sus amigos y su familia. Y también está bueno.

-Hace poco contaste que Bianchi les dijo a vos y a Palermo: “Ustedes van a jugar 20 partidos seguidos”. Y que eso después lo hiciste con Bentancur en Boca. ¿Qué otro ejemplo llevaste de los maestros que tuviste?

-Muchos. Incluso, a veces no tenés el ejemplo exacto o directo, como este. Cuando Bianchi llegó a Boca nos dijo a Martín y a mí eso, y yo después se lo dije a Bentancur. Pero hay otros ejemplos que, al no ser tan lineales, los adaptás a tu situación. Copiás de Bianchi o de otros entrenadores vivencias, experiencias, y las adoptás.

-¿Te acordás de alguna?

-Muchos entrenamientos, por ejemplo, pueden ser de otros entrenadores, pero los terminás adaptando al fútbol de hoy, que es mucho más dinámico que hace 15, 20 o 30 años, cuando yo jugaba. Hubo otras condiciones alrededor de la profesión.

-¿Bianchi fue así? ¿Llegó y les dijo a ustedes dos?

-Sí. Estábamos en Tandil. Él llegó diez días más tarde porque estaba comentando el Mundial de Francia 98. Cuando llegó, el primer día, todos se fueron a entrenar y, cuando salíamos, nos llamó a Martín y a mí y nos dijo eso.

-¿El primer día?

-Sí, el primer entrenamiento. La primera vez que estábamos en el campo nos lo dijo. Yo andaba con algunos problemas físicos y creo que Martín también.

-O sea, no les había visto que vos le dieras un centro a Palermo...

-No, nada. Él ya lo tenía en la cabeza. Ese día nos llamó a los dos ahí, en el medio de la cancha, y nos dijo eso.

-¿Cuándo te das cuenta de que se arma un equipo ganador?

-Creo que nunca te das cuenta cuando sos parte. Te das cuenta cuando te vas y ves el recorrido que tuvieron, la cantidad de triunfos, contra quién lograste campeonatos. También hay que reconocer que el fútbol argentino es distinto. Si jugás en el fútbol español, Real Madrid pelea contra Barcelona. Ahora Atlético de Madrid, desde que está el Cholo, se ha acercado bastante, pero si no, de repente te aparece una vez cada tanto Valencia o La Coruña. Acá, en el fútbol argentino, están River y Boca, pero están San Lorenzo, Racing e Independiente, que también te pelean. Está Vélez, está Estudiantes, están Central y Newell’s. O vas a jugar a un estadio como el Bosque y Gimnasia también te pelea. Entonces es difícil. Vas a Córdoba ahora y están Talleres, Belgrano, que fue campeón, Instituto, que va bien. Es mucho más parejo. Entonces, después de tantos años, yo me fui a Estados Unidos a jugar y desde allá, desde la lejanía, veías todo lo que se había logrado. No era cuestión de elegir los jugadores y ya está.

-O sea, en el día a día con Bianchi, ¿no tomaban dimensión de lo que estaban haciendo?

-No, creo que no. Nadie decía: “Che, ¿viste? Salimos campeones, no lo puedo creer”. Cuando le ganamos al Madrid, me acuerdo que estaba en la pieza de Martín después del partido. Al otro día entrenábamos porque volvíamos a la tardecita y teníamos el partido con San Lorenzo. Volvimos de la cancha, cenamos, se brindó y Bianchi dijo: “Hasta las dos o tres tienen libre. Mañana a las nueve arrancamos, que hay que entrenar”. Me acuerdo de que nos fuimos a la pieza con Gustavo, con el Pato, estaba Martín y había alguien más, no me acuerdo. Yo le decía: “¿Vos te das cuenta de los dos goles que hiciste hoy?”. Era una charla, pero no era “salimos campeones” o “le ganamos al Madrid”. Hoy pensás: “¿Cómo hacíamos para ganar?”. No era tan fácil.

-Donde todos pueden salir campeones. Como dijiste recién, ¿eso habla bien o mal del torneo?

-Creo que habla bien de las posibilidades que hay y del trabajo que se hace en equipos donde tenés que solucionar una situación económica que no te favorece o estás en desventaja contra River y Boca, pero les podés pelear el campeonato. La organización deportiva, las divisiones inferiores, la organización a la hora de la contratación pensando en el futuro... Creo que hay un alineamiento que podés seguir y que te puede dar resultado. Hay una disciplina por seguir que no está establecida. No es “esta es, seguila”, porque si no todos la copiarían y a todos les iría bien. Pero sí trabajo, estudio, una buena inteligencia en el descubrimiento del jugador en divisiones inferiores o en las contrataciones.

-¿A veces es más fácil jugar, no digo en un club chico, pero sí en un club mediano, que en un club grande por las exigencias?

-Depende de para qué estás preparado. A mí me da igual jugar en un equipo donde la expectativa es mayor que las posibilidades que tiene, que en un club donde no hay expectativa porque estás en desventaja por lo que se hizo anteriormente futbolísticamente. Entiendo la crítica. La comprendo, sea en un equipo chico o en un equipo grande. La entiendo, la respeto. No la comparto muchas veces, pero tiene cero incidencia en lo que yo vaya a hacer ahora que soy entrenador o cuando era jugador.

-Recién dijiste “ahora que soy entrenador”. ¿Sabés cuánto tiempo llevás como técnico?

-Arranqué en 2012, en Lanús.

-Hace casi una década y media. ¿Estás en el momento justo? Hablábamos antes de las críticas a los árbitros, de tus protestas, pero hoy estás más centrado, más ubicado en las conferencias, con la exigencia justa a los jugadores y quizás también a vos como entrenador, sabiendo que el fútbol a veces es inabarcable, inexplicable.

-Creo que puede ser que la madurez como ser humano te dé ciertas habilidades cuando sos más grande que cuando sos más joven. Hay algo que aprendí desde los 20 años que jugué, los 15 años que dirigí o los 10 años que estuve en inferiores. Hay algo a lo que no le podés errar. Podés jugar con cinco defensores, con tres defensores, con una línea de cuatro. Podés atacar con un delantero, podés jugar con tres delanteros, podés jugar con tres cincos. Nosotros con Boca salimos campeones jugando con tres cincos. Podés jugar como quieras, pero hay algo en lo que no podés fallar, que es el trato humano al futbolista y a todas las personas que trabajan alrededor de un equipo de fútbol. Yo puedo pensar 100% diferente que el director deportivo del club que me contrató, pero no puedo fallar en el trato humano con él, ni con un futbolista, ni con el mozo del comedor donde comemos todos los días. Creo que aprendí eso y, en la relación del futbolista con el entrenador, es fundamental.

-¿Te trataron mal alguna vez?

-No, a mí nunca. Sí he visto muchas veces el maltrato desde el poder. “Soy entrenador, te puedo decir lo que quiera”. Nunca lo he hecho de manera natural. Puedo haber respondido a una situación de exigencia, pero creo que nunca traté mal a un futbolista. Más allá de tomar las decisiones antipáticas que tiene que tomar un entrenador: poner once titulares, poner suplentes, elegir dentro de un plantel de 30 jugadores o tomar determinaciones al final de temporada con algún jugador porque necesitás el lugar para otro más joven. Pero creo que lo que aprendí es que el trato humano es la mejor indicación que le podés dar a un jugador en la cancha.

-Una tuya y otra, ya al cierre, de Vélez. ¿Qué te cambió vivir en Estados Unidos?

-Muchas veces estás acá, en el mundo del fútbol, y viste River-Boca, Gimnasia-Estudiantes, la pelea... Aprendí que son rivales deportivos, nada más. No tengo nada en contra. Te alejás y decís: “La verdad, son hinchas de Estudiantes, son hinchas de Gimnasia o de River”. Esa pelea, esa lucha que había, te alejás después de un tiempo y te da madurez para entender mucho mejor, comprender mucho más la derrota. Si te toca perder, te toca perder. Hubo uno mejor, le das la mano y te vas a bañar. Y si ganás, jugué mejor que el otro. No soy Dios. Si te gané, juego un poco mejor al fútbol que vos o quizás hoy jugué mejor que vos y te gané. Punto. Me voy a bañar y el lunes se arranca igual que todos los días de la semana.

-¿Vélez se transformó en un lugar para los Barros Schelotto?

-Lo mejor que le puede pasar al fútbol argentino es que cualquier hincha le pida al entrenador: “Armá un equipo para salir a ganar”. Podés armar un equipo defensivo, pero para salir a ganar. No salir a decir: “Bueno, voy a jugar con Boca o con River, ya está, voy a perder”. Armá algo, preparate esta semana. Eso es lo mejor que le puede pasar a cualquier entrenador, que el hincha sienta o le exija eso. Nosotros en Vélez sentimos la obligación de salir a ganar, de salir a competir de igual a igual con los equipos que tienen más poderío económico, que pueden reforzarse mejor. Hay unas buenas divisiones inferiores, muy bien organizadas, y hemos armado un muy lindo equipo que está jugando muy bien y que nos representa a todos. Esperemos seguir igual. ¿Cuánto tiempo más? No sé, veremos. Pero estoy muy cómodo. La verdad, puedo hacer el trabajo con toda la libertad del mundo todos los días.

-No veo que todos los hinchas de todos los equipos pidan eso. Sería bueno…

-Veríamos un fútbol mucho más atractivo, con más goles, más ofensivo quizás, y que todos compitan por ganar y jugar de igual a igual con todos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/videos/guillermo-barros-schelotto-podes-jugar-como-quieras-pero-no-podes-fallar-en-lo-humano-nid03102026/

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