Javier Milei y la relación con la prensa: más cerca del estilo Bukele y Ortega que el de Kast y Trump
Actividad frenética e intercambios acalorados en la Casa Blanca. Libertad, con algunas restricciones, en La Moneda chilena, el Planalto brasileño o en Londres. Silencio atronador y hostilidad en ...
Actividad frenética e intercambios acalorados en la Casa Blanca. Libertad, con algunas restricciones, en La Moneda chilena, el Planalto brasileño o en Londres. Silencio atronador y hostilidad en Managua, El Salvador y Budapest.
La inédita decisión del gobierno de Javier Milei, que el jueves pasado decidió quitar las acreditaciones a todos los periodistas que trabajan en la sala de prensa de la Casa Rosada, inscribe a la gestión libertaria en el club de los gobernantes que –sean de izquierda o derecha– prefieren no tener periodistas cerca a la hora de gestionar. Incluso varios de los socios internacionales naturales del libertario prefieren, sin embargo, intentar llegar a una convivencia armónica con los representantes de los medios, sin romper puentes ni denunciar, como en el caso del Gobierno, un complot para derrocarlo.
Considerado su principal aliado por el Presidente, y aunque comparte con Milei su rechazo a la prensa crítica, Donald Trump respeta sin embargo algunas reglas básicas en el vínculo con la prensa acreditada. En la Casa Blanca hay una sala de prensa, generalmente desbordada de periodistas, con lugares asignados para los medios tradicionales. Distintos acreditados definen ante LA NACION a Trump como “el presidente norteamericano que más habla con la prensa”, tanto que a veces aparece en la sala de manera sorpresiva para intercambiar opiniones con los medios considerados críticos. Los periodistas pueden, llegado el caso y con autorización, acceder al denominado jardín sur y ver el descenso de Trump del helicóptero que lo traslada desde y hacia la Casa Blanca, y también reciben allí respuestas “sin filtro”. La vocera Carla Levitt se encarga de la información diaria in situ, un punto que desde la postulación del hoy jefe de gabinete Manuel Adorni a legislador porteña comenzó a espaciarse en el gobierno libertario.
Menos propenso al “cara a cara” con los periodistas, y al igual que Milei desde el día 1 de su gobierno, el presidente conservador de Chile, José Antonio Kast, impuso mayores restricciones a la circulación de los periodistas por el Palacio de La Moneda que las vigentes con su antecesor, Gabriel Boric. Pero el trabajo, según uno de los acreditados allí, es “normal”, con un adicional: Kast mantiene la tradición de subir a los acreditados al avión presidencial para que cubran sus salidas al exterior. Una costumbre que aquí cultivaban los distintos gobiernos kirchneristas y que el gobierno libertario cortó de cuajo desde el principio.
También con sala de prensa funcionando a pleno en el palacio Planalto, los periodistas que cubren al presidente de Brasil tienen asignados espacios y una sala en la plata baja del edificio. Para subir al piso 3, donde se ubica el despacho presidencial, es necesaria una autorización especial. Al igual que su antecesor, el derechista Jair Bolsonaro, el presidente socialista Luiz Inácio Lula da Silva ofrece de modo periódico conferencias de prensa a los acreditados, una costumbre a la que Milei rehúye desde que llegó a la Casa Rosada. “Nunca hubo problemas para preguntar, a Bolsonaro le gustaba mucho hablar, y aunque los criticaba, le respondía a los periodistas”, cuenta un periodista acreditado brasileño que pide reserva de su nombre.
Saliendo de la región, en Gran Bretaña se suceden los gobiernos y el vínculo con la prensa se mantiene, con matices, inalterable. El grupo de periodistas que cubre las actividades del Gobierno, conocido como “El Lobby”, asisten cada día a conferencias de prensa del vocero de Downig Street, en el edificio pegado a la residencia del primer ministro. Los integrantes del “Lobby” viajan con el primer ministro en sus salidas oficiales fuera del país.
Sin prensaMuy distinta es la situación en El Salvador, donde el presidente Nayib Bukele, de buen vínculo con Milei, lleva adelante desde hace años una virtual guerra contra los medios, muchos de cuyos periodistas debieron exiliarse luego de amenazas y acciones judiciales concretas por parte del gobierno salvadoreño. Según Carlos Dada, uno de los periodistas que optó por salir del país, los ataques “han sido por fases”, y culminaron con el cierre de cualquier espacio para la prensa en las cercanías del despacho presidencial.
“Primero prohibió la entrada solo a El Faro. Después la abrió para todos, solo para insultar a los indeseables como nosotros y después acreditaron a youtubers y propagandistas y allí se acabó”, relata Dada a LA NACION. Él es uno de los hombres de prensa damnificados por la política de medios del gobierno de Bukele, hoy reducida a cadenas nacionales (nada de conferencias de prensa) y entrevistas a “influencers”, un estilo que Milei y varios de sus ministros cultivan con presencia en los canales de streaming y entrevistadores afines. “Lo más grave no es que no tengamos un espacio, ni que se nos prohíba entrar a conferencias de prensa, sino la certeza de que el periodismo no es bienvenido, y que seamos vistos como un obstáculo para el ejercicio del poder”, señala el periodista salvadoreño.
Ubicado en las antípodas ideológicas de Bukele, el nicaragüense Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, han construido un muro inexpugnable para la prensa, “incluso para la oficialista”, según relata a LA NACION Aníbal Oruño, exiliado en Estados Unidos luego de que en 2022 el gobierno sandinista cerrara y confiscara radio Darío, un medio critico del oficialismo, cuya sede fuera incendiada en 2018 por simpatizantes del régimen.
“Es que no es solamente que no hay una sala de prensa, es que Ortega y Rosario Murillo no dan entrevistas. Ningún periodista puede acercarse a hacerle una pregunta. Si no existe la capacidad de poder dar una entrevista, tampoco el lugar o el espacio, donde él pueda dar una conferencia de prensa, como en todo país democrático. Eso en Nicaragüa no existe”, relata Oruño, víctima de un país donde las salas de prensa ya son parte del pasado.