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La AFA, Chiqui Tapia y la farsa al desnudo

Detrás del brillo enceguecedor de los trofeos y la gloria deportiva que la selección nacional le regaló al país, se oculta una de las ciénagas institucionales más oscuras y cínicas de la Arg...

Detrás del brillo enceguecedor de los trofeos y la gloria deportiva que la selección nacional le regaló al país, se oculta una de las ciénagas institucionales más oscuras y cínicas de la Argentina contemporánea. La figura de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), dejó de ser la de un dirigente amparado por el éxito ajeno para convertirse en el símbolo de un modelo que agoniza.

Hoy, el fútbol argentino asiste al desmoronamiento de un entramado de poder que huele a cleptocracia y que la Justicia, poco a poco, ha comenzado a desentrañar con un cúmulo de pruebas.

No se trata en este caso de las habituales improvisaciones y arbitrariedades deportivas, ni de las turbias decisiones arbitrales, ni de las desprolijidades a las que la AFA nos tiene acostumbrados. El foco está en su situación judicial.

El panorama que protagoniza Tapia ha dejado el terreno de las meras sospechas para pasar al de las evidencias documentales. En los tribunales de Comodoro Py, el juez federal Ariel Lijo ordenó, recientemente, veinte medidas de prueba, que incluyeron el levantamiento del secreto fiscal y bancario.

En tanto, la investigación, impulsada por el fiscal Gerardo Pollicita, puso la lupa sobre el supuesto enriquecimiento ilícito de Tapia a partir de su rol en la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse).

Mientras las declaraciones juradas del mandamás del fútbol exhiben claras inconsistencias, el empresario Guillermo Tofoni denunció al propio Tapia y a su tesorero, Pablo Toviggino, por el lavado de activos al exponer que en los documentos patrimoniales la conducción de la AFA declaraba “liquidez cero” para, repentinamente, justificar 130 millones de pesos en presuntos rendimientos financieros.

No obstante, la matriz del escándalo trasciende los ingresos personales y se ramifica hacia el núcleo de la recaudación de la AFA. El ejemplo más obsceno es el caso de Sur Finanzas, la financiera que le dio nombre a la Copa de la Liga Profesional. Su propietario, Ariel Vallejo, se encuentra imputado por la Justicia en una causa por asociación ilícita y lavado de activos, por lo que el juzgado le prohibió seguir operando financieramente y ordenó incautar y entregar a la Corte Suprema de Justicia una flota de 24 vehículos de alta gama.

A esto se suma, la imputación formal contra Tapia impulsada por el fiscal en lo Penal Económico Claudio Navas Rial, por la retención de aportes tributarios a instancias de una denuncia de la ARCA.

Como si los casos domésticos no bastaran, las sospechas de lavado han cruzado fronteras, atrayendo la observación de las autoridades de los Estados Unidos.

Hay también una arista ética que no es judicial pero sí de confianza y humanidad: la campaña “Un gol, un techo” con los damnificados de la inundación de marzo de 2025 en la ciudad de Bahía Blanca, donde la AFA prometió que por cada gol de la selección entregaría una vivienda a las familias afectadas. Sin embargo, luego de varios meses de reclamos, algunas familias solo recibieron unos módulos de madera de 20 metros cuadrados, con lo que se comprobó que todo había sido mero oportunismo de marketing.

El golpe de gracia para el nefasto “modelo Tapia”, sin embargo, no se gestó en un expediente, sino en las tribunas del estadio Monumental, hecho que quedará grabado como el epitafio simbólico de su gestión. Lo que debía ser la emotiva despedida de Lionel Messi de la selección se transformó en un instante en un plebiscito fulminante, al grito de “Chiqui Tapia botón...”. Cuando los negociados opacaron al homenaje y el cielo se llenó de drones publicitarios, la tolerancia estalló. El cántico atronador y unánime que descendió desde las tribunas fue la condena social a un dirigente que se creyó dueño de la pelota. Fue el corolario de un show desteñido que, una vez más, estuvo contaminado por los errores organizativos, la sobreventa de entradas y una vergonzosa reventa ilegal que terminó con no pocas personas estafadas.

La imagen de Tapia escondido en las sombras de los palcos y marginado de la fiesta de los verdaderos protagonistas debería ser el anticipo de nuevos vientos para el fútbol argentino, tan necesitado de transparencia, responsabilidad y honestidad.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/la-afa-chiqui-tapia-y-la-farsa-al-desnudo-nid10102026/

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