La historia de amor de Pata Villanueva y David Lebón: así fue la conexión menos pensada entre la modelo y el rockero
En la noche de Reyes de 1994, un encuentro casual en el pub El Correo de Punta del Este dio origen a uno de los romances más comentados de la década noventista: el de ...
En la noche de Reyes de 1994, un encuentro casual en el pub El Correo de Punta del Este dio origen a uno de los romances más comentados de la década noventista: el de la modelo y vedette Pata Villanueva con el icónico músico de rock nacional David Lebón. La relación, que tomó por sorpresa al mundo del espectáculo local, se caracterizó desde sus inicios por una intensidad emocional profunda, al punto que la propia empresaria llegó a declarar en aquel entonces que el guitarrista fue “el hombre que más me amó”.
El desafío para la pareja no era menor, ya que ambos buscaban consolidar una familia ensamblada con un total de nueve hijos: tres provenientes de las relaciones previas de Villanueva –con Héctor Cavallero y el exfutbolista Alberto César “El Conejo” Tarantini– y seis del músico. Para materializar este proyecto de convivencia, alquilaron un lujoso piso de 350 metros cuadrados frente al Hotel Alvear, en la zona de Recoleta, donde intentaron encontrar una estabilidad que, a menudo, se veía interrumpida por la propia dinámica de sus personalidades y la presión del entorno.
El periodista Miguel Braillard, quien entrevistó a la pareja en aquel domicilio hace más de tres décadas para LA NACION, relata cómo el ritmo de vida de ambos, sumado a constantes rupturas y reconciliaciones, definía una relación tan apasionada como inestable. En el transcurso de esas conversaciones, Lebón explicaba las razones de los vaivenes: “Fue extraño, pero la verdad es que cuando llegamos al mejor momento como pareja en lugar de refugiarnos en esa paz, nos preocupamos por la prensa y nuestros propios hijos. Cuidado que nadie nos presionaba, pero nos enredamos en eso, surgieron cosas y cortamos”.
Por su parte, Villanueva detallaba las tensiones profesionales que erosionaban la cotidianeidad: “A David le costaba aceptar mi trabajo. Yo estaba en un momento complicado y creí que no iba a poder seguir mi ritmo de vida, no podía dejar de lado mi profesión y mis compromisos laborales. La verdad es que pensé en mí y decidí que me beneficiaba continuar sola”. A pesar de las diferencias, el vínculo lograba recomponerse tras cada alejamiento. Lebón recordaba con especial cariño una instancia en la que la modelo viajó a visitarlo a Miami: “Sentí que no te iba a ver más y me afectó, por eso vine”, confesó ella, con lo que reafirmó que, incluso en la distancia, la conexión permanecía vigente a través de llamadas telefónicas constantes.
Lejos de la imagen pública de estrellas, ambos coincidieron en describir que, en la intimidad, compartían rasgos de timidez. En declaraciones citadas por LA NACION, Lebón rememoró entre risas los torpes comienzos del noviazgo: “Me acuerdo que me resbalé en el baño. Y después me quemé las manos cuando quise prender la estufa. Pata no paraba de cambiarse de ropa porque nada de lo que se ponía le gustaba. Era una escena de un sketch de programa cómico”.
El paso del tiempo, marcado por agendas laborales exigentes y la necesidad de Villanueva de establecer una vida más sedentaria tras años de viajes internacionales durante su matrimonio con Tarantini, terminó por desgastar el lazo. Mientras Lebón buscó un nuevo rumbo en Mendoza, la modelo inició años más tarde un vínculo de una década y media junto al empresario Martín Bernt. Hoy, el músico consolidó su vida personal tras contraer matrimonio con Patricia Oviedo en una ceremonia que contó con la presencia de figuras como Ricardo Mollo y Pedro Aznar. Aquel experimento familiar en la avenida Alvear quedó registrado como un capítulo singular de la farándula argentina, donde una vedette y un rockero intentaron, a su manera, desafiar las expectativas sociales de los noventa.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo firmado por Miguel Braillard.