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La reunión que cambió el rumbo del rugby argentino después del histórico bronce de los Pumas

“Si no se suben, ese subte no pasa más”. Con esa frase, Bernard Lapasset les planteó a los dirigentes argentinos una decisión que podía modificar el destino de los Pumas. Después del hist...

“Si no se suben, ese subte no pasa más”. Con esa frase, Bernard Lapasset les planteó a los dirigentes argentinos una decisión que podía modificar el destino de los Pumas. Después del histórico tercer puesto conseguido por la Argentina en el Mundial de Francia 2007, el rugby argentino enfrentó una decisión que marcaría su futuro. En ADN Puma. Gloria, caída y renacimiento del rugby argentino en la era profesional, Jorge Búsico reconstruye la reunión en la que la UAR recibió una advertencia que terminaría abriendo el camino hacia la elite internacional.

A continuación, LA NACION publica un fragmento de la obra.

El regreso al país estuvo envuelto en gloria y popularidad. Los Pumas acapararon la atención en los diarios, las revistas, las radios y la televisión. Las 24 horas. Pumas por aquí, Pumas por allá. También la desmesura: los jugadores del seleccionado de fútbol recibieron críticas de todos los colores por no cantar el himno como lo cantaron los Pumas. El año anterior, en 2006, en el primer Mundial de Messi, la selección había quedado eliminada por penales en los cuartos de final ante el local, Alemania. “Copiense de los Pumas”, le gritaron a Juan Pablo Sorín, en ese entonces capitán de la selección. El impacto de los Pumas también traspasó las fronteras: no bien culminó el Mundial, Leicester Tigers, uno de los equipos ingleses más fuertes de Europa, contrató como entrenador al “Tano” Loffreda. Algo inédito para el rugby argentino de ese entonces.

Pero aquí la situación seguía igual. Los Pumas iban a volver a jugar sólo seis partidos por año, tres de local, y sin posibilidades de ingresar a una competencia regular de trascendencia. El seleccionado argentino de rugby había logrado cambiar el horario de un superclásico, pero no podía cambiar dos cuestiones básicas para su crecimiento: la internacional, en pos de jugar un campeonato por los puntos, y la del plano doméstico, ya que la dirigencia aún no se mostraba totalmente abierta a los cambios que debían acompañar al éxito en el Mundial.

Pero pronto empezaron a aparecer esperanzas de cambios para los Pumas. El 19 de octubre, un día antes de la final del Mundial, el francés Bernard Lapasset fue elegido nuevo presidente de la IRB. Se trataba de un amigo de los argentinos, especialmente de Carlos Tozzi, y, sobre todo, de un hombre dispuesto a llevar adelante una nueva etapa en el rugby. En su agenda, Lapasset se propuso, entre sus metas más trascendentes, comandar el regreso del rugby a los Juegos Olímpicos y abrir nuevos mercados para que el rugby llegase a otros países. En este último punto estaba incluido el caso argentino: cómo encontrarle una competencia regular de importancia a un seleccionado que había concluido tercero en el reciente Mundial. Bajo esas premisas, Lapasset propuso, una vez terminado el Mundial, la realización de un Foro para redefinir el futuro del rugby durante los próximos veinte años.

El Foro se llevó a cabo en la ciudad de Woking, en el condado de Surrey, a treinta y siete kilómetros al suroeste de Londres. Para los fanáticos del deporte, Woking es conocida por ser la sede central de McLaren, una de las escuderías más emblemáticas en la historia de la Fórmula 1 y con la cual Carlos Reutemann corrió en 1971 el GP de Argentina, aunque esa carrera no otorgó puntos para el campeonato mundial. Woking también es célebre porque allí el novelista inglés H.G. Wells ambientó el inicio de La guerra de los mundos, publicada en 1898 y de la que el estadounidense Orson Welles realizó una famosa adaptación radiofónica en 1938. Desde 2007, Woking se agregó al diccionario del rugby y marcó, de alguna manera, la punta del hilo conductor del desarrollo del alto rendimiento en Argentina y del ingreso de los Pumas a las grandes ligas.

En noviembre de 2007, entre el martes 27 y el jueves 29, cuarenta y ocho días después de la final del Mundial de Francia, el hotel Holiday Inn de Woking albergó a los principales directivos y gerentes del rugby mundial. Por la UAR asistieron Alejandro Risler, Raúl Sanz, Hugo Porta y Carlos Tozzi. Lapasset invitó al Foro a dos jugadores: Richie McCaw, el capitán de los All Blacks, y Agustín Pichot, quien todavía jugaba en Francia.

Porta cuenta: “Lo único que recuerdo de Woking es que llevé escrito un texto que me habían pedido sobre el espíritu del rugby y mis experiencias como jugador, pero cuando llegué me di cuenta de que eso era una reunión de negocios, que del juego ni se iba a hablar. Me acuerdo que el “Ruso” (Sanz) corría de un salón a otro como loco y también que la primera noche fuimos a cenar todos con Agustín a un restaurante que quedaba ahí cerca”.

La delegación argentina llevó a Woking la idea de que los Pumas se incorporen a una competencia europea, idealmente el 6 Naciones. El planteo era simple: la enorme mayoría de los titulares de los Pumas jugaban y vivían en Europa. Sin embargo, había dos cuestiones elementales que impedían esa posibilidad: la primera es que Europa tenía todo su negocio cerrado, y la segunda –y esencial—, que la Argentina estaba ubicada geográficamente en el sur y que por eso le correspondía competir en ese hemisferio.

“La puerta de Europa nos la cerraron en dos segundos. No hubo tiempo ni de discutir, así que salí corriendo al salón donde estaban reunidos los de la Sanzar. Y ahí empezamos a encontrar un camino. Nada fácil, pero había un camino”, resumió Pichot. “No fue tan así”, me dijo una vez Sanz y lo mismo me explicó Lapasset una de las veces que vino a la Argentina. O sea, podría haber existido una chance en Europa, nunca en el 6 Naciones sino en alguna liga, pero Pichot sabía que allí no había futuro en el juego. Ni en el negocio. Lógico: Argentina debía entregar la localía y, con ello, el dinero por el ticketing y por los sponsors.

Para los Pumas no había posibilidades inmediatas en el norte ni en el sur. Todos los contratos televisivos estaban cerrados hasta 2012, pero en Woking se estableció que el destino argentino iba a estar en el entonces Tres Naciones. Así lo anunció Lapasset al término de las deliberaciones del Foro: “Todo está acordado para que en cuatro años Argentina adecúe sus estructuras y juegue el campeonato con Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda”.

Pero mientras ocurría el Foro de Woking, la dirigencia argentina debatía la sucesión de la conducción de la UAR encabezada por Risler y Sanz, cuyo mandato vencía a fines de 2007. Sanz hizo un intento por extenderlo dos años más, pero dentro de la URBA ya se había cocinado una lista única encabezada por el entonces vicepresidente de la Unión de Buenos Aires, Porfirio Carreras, un abogado y activo representante del club Alumni.

Al calor del verano, el 22 de febrero asumió la nueva conducción de la UAR. Otra vez, como hasta ahí en toda la historia, con un representante de Buenos Aires al frente. Si se les sacaba una foto a las historias de los nuevos integrantes de la directiva como así también a la de sus clubes, no había motivos para pensar que lo que se venía era una renovación. Las tres principales cabezas de la UAR pasaban a ser Carreras en la presidencia, Ricardo “Richichi” García Fernández (CUBA) en el área de alta competencia y selecciones, y Edgardo “Chani” García (Olivos) como secretario. Tres hombres y tres clubes con una trayectoria de fuerte defensa del amateurismo. Pero la historia de la UAR iba a cambiar de ahí en adelante. Más que un cambio, lo que sucedió fue un giro de 360 grados.

A los diez días de asumir, Carreras recibió un llamado de Lapasset. Quería conocer a la nueva conducción de la UAR en sus oficinas de París. Hacia allí viajaron Carreras, García Fernández y García en los primeros días de marzo de 2008. Cuenta Carreras en la entrevista para este libro:

--Hablamos de todo un poco hasta que Bernard nos dijo: “¿Qué van a hacer?” Intentamos hacer un desarrollo, pero nos paró de nuevo en seco: “Miren, por acá abajo pasa un subte. Hagan de cuenta que cuando se vayan de aquí, el subte llega y abre la puerta. Tienen unos segundos para definir si se suben o no. Si se suben, yo los voy a ayudar y ya tengo, para empezar, una partida de 750 mil libras esterlinas para este mismo año. Pero si no se suben, ese subte no pasa más. Fue el último”. Ahí mismo pensé que nos teníamos que subir.

--Vos siempre fuiste un defensor del amateurismo. ¿Cómo fue que cambiaste de un día para el otro?

--Me convencí de lo que nos proponía Lapasset y de que yo tenía una responsabilidad muy grande después del tercer puesto de los Pumas. Los jugadores nos pusieron la vara muy alta y debíamos responder a esa realidad.

--¿Y cómo siguió esa reunión con Lapasset?

--Cuando le dijimos que estábamos dispuestos a subirnos, él nos dijo que teníamos que armar un plan estratégico y que para ayudarnos se iba a acercar un especialista que ellos tenían en la IRB, Morgan Buckley, quien por otra parte ya conocía la estructura nuestra. Nosotros le dijimos a Bernard que no íbamos a aceptar solo una cosa: tener un campeonato profesional. Le explicamos que nuestra fortaleza son los clubes y que un campeonato profesional iba a perjudicar y dañar esa fortaleza. Lo entendió, pero no terminó de aceptarlo.

No bien regresaron a la Argentina, Carreras lo llamó a Pichot. Lo iba a necesitar para todo el trabajo que había por delante. Pichot era el único argentino que podía abrir las puertas dentro del mundo del rugby profesional. Además, Lapasset lo quería ahí, en la mesa de negociaciones. La UAR no sólo debía resolver el armado del Plan Estratégico, sino encontrar un reemplazante para Loffreda, ya que los Pumas volvían a jugar en junio. Cuando regresaron al país luego de obtener la medalla de bronce, los principales jugadores de los Pumas dieron una conferencia de prensa en el Hotel Panamericano, a metros del Obelisco. Allí, Pichot y los suyos le pidieron a Baetti, que estaba junto a ellos en la conferencia, que fuera él el sucesor de Loffreda, pero “Banana” se negó rotundamente.

Cuando Carreras y García Fernández se juntaron con Pichot para analizar quién podía ser el nuevo entrenador de los Pumas, Pichot insistió con Baetti. Me cuenta Pichot de aquel verano argentino de 2008: “Me fui a Rosario a hablar con Daniel. Me dijo lo de siempre: que no iba a seguir. Le dije: “Dale, ¿me vas a decir que preferís seguir operando en el hospital antes que dirigir a los Pumas?” Le ofrecí rodearlo con varios de los nuestros, con el Chino Turnes, que ya estaba entrenando otros seleccionados, al igual que Mauro (por Reggiardo), y casi lo convencí. Me pidió que lo dejara pensar un par de días, pero ya lo tenía adentro. Cuando vuelvo, me llama Richichi y me dice: “Ficha, tengo una buena noticia: ya arreglamos con Phelan”.

Siempre se creyó que fue Pichot el que convocó a Phelan para dirigir a los Pumas, pero esta vez no tuvo que ver directamente. Es verdad que Pichot y Phelan son amigos, del mismo club (CASI), que jugaron juntos en juveniles, en la Primera y en los Pumas y hasta que compartieron el mismo colegio, el San Juan El Precursor de San Isidro, pero Pichot sabía que la experiencia de “Tati” como entrenador era corta y sin buenos resultados. Él prefería una continuidad con Baetti; Carreras y García Fernández se le adelantaron. El 13 de marzo de 2008, la UAR anunció a Santiago Phelan, uno de los héroes del 99, como nuevo entrenador de los Pumas, el primero contratado de manera full-time en toda la historia. El rol de Baetti con Loffreda pasaba a tenerlo otro ex Puma, Fabián Turnes, brillante back de Banco Nación y del seleccionado en la década de 1980. Phelan convocó a un colaborador que había estado trabajando en el CASI y que con el tiempo iba a transformarse en una pieza vital del seleccionado: Germán Fernández, un exjugador de Olivos.

El desafío para Phelan fue enorme. Por un lado, su escasa experiencia como entrenador; por el otro, si bien jugó seis años en los Pumas, nunca lo hizo en un club profesional; nunca se fue del CASI. Y además tomó la posta de un equipo que venía de marcar la historia, ese mismo equipo que ya no contaba con varios de sus principales líderes: Pichot, Longo, Durand, Manuel Contepomi, Corleto (alejado por lesiones), Fernández Miranda, Ostiglia. Sí lo iba a hacer con otros, que además eran sus amigos, como Ledesma, Ignacio Fernández Lobbe y Felipe Contepomi, quien pasó a ser el nuevo capitán rumbo al Mundial 2011. Lo que le sobraba a Phelan era trayectoria y respeto; se lo había ganado como jugador.

Mientras el equipo se empezaba a preparar para los partidos de junio con Escocia (2) e Italia, la dirigencia encaró dos escenarios vitales. Por un lado, consiguió culminar el concurso preventivo para lo cual fue clave el acuerdo con Sportfive que ya se consignó en las páginas anteriores. El pago de dos millones de dólares a la firma francesa le permitió a la UAR conseguir su soberanía económica, una acción fundamental que era la que había buscado Sanz en la gestión anterior. Con el tercer puesto en el Mundial y los acuerdos con los sponsors por renegociarse, la UAR empezó a engrosar rápidamente sus ingresos. Como nunca en los últimos veinte años, se avizoraba una bonanza financiera.

Por el otro, Carreras, García Fernández y García se habían encerrado durante varios días en el parisino Hotel California, a metros de Champs Elysees y de Fouquet’s, el restaurante que todos los jueves por la noche había reunido a la delegación Puma durante el Mundial del año anterior. Porque siempre tendremos París, como le susurró Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en la célebre película Casablanca.

En París, entonces, en el Hotel California, los tres dirigentes argentinos, Pichot y Morgan Buckley, un calvo y cordial irlandés que trabajaba para el IRB y que fue clave en el camino que se transitó para ingresar a la Sanzar, trabajaron día y noche durante varios días para diagramar el Plan Estratégico que había que presentarle a la IRB. Allí fue, por ejemplo, donde nació el famoso Plan de alto rendimiento (conocido como Pladar) que incluyó los Centros Nacionales de Alto Rendimiento, predecesores de las actuales Academias. Esos centros se instalaron en cuatro regiones del país: Noroeste, en Tucumán; Centro, en Córdoba; Litoral, en Rosario y Oeste, en Mendoza, más uno Nacional en Buenos Aires. Ese esquema ya estaba organizado desde las épocas de Gradín y Perasso, pero lo que se hacía ahora era profesionalizarlo y adaptarlo a la nueva realidad que afrontaba el rugby argentino de alta competencia. Pichot viajó a los Estados Unidos y trajo los modelos de la NFL, y bajo esas premisas se fue dibujando el plan que quería la IRB.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/rugby/la-reunion-que-cambio-el-rumbo-del-rugby-argentino-despues-del-historico-bronce-de-los-pumas-nid09062026/

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