Los motivos por los cuales una guerra prolongada podría suponer perjuicios enormes para países como la Argentina
El conflicto en Irán entró en una nueva etapa. Aunque el mundo está acostumbrado a la idea de que ese país mantenga como rehén el estrecho de Ormuz, como señaló The Economist, pocos habrían...
El conflicto en Irán entró en una nueva etapa. Aunque el mundo está acostumbrado a la idea de que ese país mantenga como rehén el estrecho de Ormuz, como señaló The Economist, pocos habrían predicho que Donald Trump impondría su propio bloqueo o dispararía contra un buque de carga con bandera iraní durante el alto el fuego, el mismo alto el fuego que finaliza mañana. De hecho, para un presidente que aseguró al mundo que su intervención en Irán sería una “incursión de corta duración”, las decisiones resultaron sorprendentes para muchos. También supondrán un peligro para muchos, sobre todo dada la fragilidad del acuerdo.
De hecho, gran parte de la retórica de expertos y centros de estudios gira en torno al peligro de que el conflicto se prolongue. Oxford Economics, una empresa fundada en colaboración con la prestigiosa universidad, señaló recientemente que el cierre continuado del estrecho de Ormuz podría suponer un desastre para la economía mundial. Sus expertos sostienen que “nuestro nuevo escenario de una guerra prolongada en Irán, que simula un cierre de seis meses del estrecho de Ormuz y ataques intensificados contra la infraestructura energética, conduciría a una recesión industrial global. El crecimiento caería al 0,6% en 2026, el resultado más bajo desde la pandemia de Covid-19”.
El FMI adoptó una postura más optimista ante el conflicto, pero, al mismo tiempo, advirtió sobre los peligros de que la guerra se prolongue. Plantea tres escenarios, uno de los cuales se refiere a un conflicto de corta duración. Sin embargo, si el persiste, las perspectivas se tornan cada vez más sombrías.
En el escenario “adverso”, en el que se supone que los precios del petróleo aumentarán un 80% a partir del segundo trimestre de 2026, “el crecimiento mundial se reduciría en 0,8 puntos porcentuales en 2026, cayendo al 2,5%”, mientras que “la inflación sería 1,5 puntos porcentuales más alta, situándose en el 5,4% en 2026, y 0,4 puntos porcentuales más alta, situándose en el 3,9% en 2027”.
En el escenario más pesimista, las consecuencias son desastrosas. Suponiendo que los precios del petróleo se dupliquen con respecto a los niveles de enero y se mantengan en ese nivel hasta 2027, el crecimiento mundial se reduciría en 1,3 puntos porcentuales en 2026, mientras que la inflación alcanzaría el 5,8%. Este escenario, señala el organismo internacional, equivale a “un paso muy cercano a una recesión mundial”.
Este argumento cuenta con el respaldo de los analistas de BBVA, quienes también destacan que “un conflicto prolongado podría elevar los precios de la energía (y alimentos), aumentando las tensiones financieras y la inflación mientras pesa sobre el crecimiento”.
Las economías emergentes, como la argentina, son más susceptibles al impacto macroeconómico de este conflicto. De hecho, en el escenario severo, excluyendo a China, el crecimiento se reduce en un 1,9%, “casi el doble de la caída en las economías avanzadas”. Y a pesar de la distancia geográfica de la Argentina respecto del conflicto, el Cono Sur no es inmune a los impactos macroeconómicos.
Un aspecto clave en el que la Argentina se ve involucrada es la importación de fertilizantes y el precio del combustible para la maquinaria agrícola. En un informe publicado por la Organización Mundial de Agricultores, se destacan las conclusiones de una evaluación de la Sociedad Rural Argentina, en la que se subraya que, si el conflicto persiste durante “el delicado período de planificación de la cosecha, los precios sostenidos del nitrógeno se sumarán a los costos del diésel para la cosecha de invierno de 2026/27″.
En un escenario prolongado, la cosecha de verano que le sigue también se vería afectada, con la posibilidad de una reevaluación total del mercado de fertilizantes y mayores costos marítimos.
De esta manera, también señalan los peligros de la persistencia del conflicto, concluyendo que “la magnitud del impacto dependerá de la duración del conflicto y de su superposición con los calendarios de decisiones productivas”. Un argumento que cuenta con el respaldo de JP Morgan, quien señala que “este aumento de los precios de los fertilizantes, de mantenerse, probablemente se traducirá en una inflación alimentaria mundial al elevar los costos de los insumos y reducir el rendimiento de los cultivos, especialmente en las economías que dependen en gran medida de las importaciones de fertilizantes”. Esto reviste especial importancia, ya que el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa la Argentina provienen de Oriente Medio.
Sin embargo, este argumento tiene una salvedad: el daño ya se ha producido debido a la imposición de una prima de riesgo sobre el precio de los productos que atraviesan el estrecho. De hecho, este es el argumento esgrimido por Matthieu Favas, de The Economist, quien señaló que el hecho de que Irán haya demostrado su capacidad para cerrar el estrecho supone cruzar un “rubicón del riesgo”, lo que se traduce en una prima adicional de al menos US$10.
Esto podría ser un poco pesimista, ya que en una entrevista con LA NACIÓN, Miguel Leon Ledesma, de la Universidad británica de Exeter, señaló que “la fiabilidad del Estrecho de Ormuz se ha visto muy comprometida. Incluso después de que el conflicto termine, puede que haya rechazo a usar esas rutas. Pero es posible que haya una adaptación. Esa adaptación puede cambiar las rutas comerciales internacionales. Y puede que también evite que el aumento de las primas de riesgo sea tan alto como se espera.”
El factor clave que determina el alcance del impacto de los conflictos en el mundo, y en la Argentina, es el de la persistencia. Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante demasiado tiempo, los precios del petróleo se dispararán, y sin una destrucción de la demanda, el panorama es más que sombrío.