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“Los resultados fueron muy buenos”: la experiencia argentina con una novedosa técnica para tratar hematomas cerebrales

Un golpe en la cabeza que pareció no tener importancia. Una caída que ocurrió varias semanas atrás y que la persona incluso puede haber olvidado. Tiempo después aparecen dificultades para cami...

Un golpe en la cabeza que pareció no tener importancia. Una caída que ocurrió varias semanas atrás y que la persona incluso puede haber olvidado. Tiempo después aparecen dificultades para caminar, debilidad en una parte del cuerpo, problemas para hablar o cierta confusión. Detrás de esos síntomas puede esconderse un hematoma subdural crónico, una acumulación de sangre entre el cerebro y una de las membranas que lo recubren que afecta especialmente a los adultos mayores.

Aunque fuera del ámbito médico es poco conocido, está lejos de ser un problema excepcional. Su frecuencia aumenta marcadamente con la edad y se espera que siga creciendo. “Se calcula que para 2030 va a ser la primera causa de tratamiento en neurocirugía”, afirmó Pedro Lylyk, neurocirujano, especialista en neurointervencionismo y director general de ENERI.

Con el envejecimiento aumenta el espacio entre el cerebro y la duramadre, la membrana externa que lo recubre, y pequeñas venas que atraviesan esa zona pueden lesionarse tras un golpe. A esto se suma el uso de anticoagulantes o antiagregantes. “A veces tenés que preguntarle: ‘¿Usted no se acuerda de algún golpe?’. Y te dicen: ‘Bueno, sí, por ahí me golpeé en algún momento’. Pero muchas veces el golpe no es importante”, explicó Lylyk.

El hematoma puede aumentar lentamente y comenzar a comprimir el cerebro, con síntomas como dificultades para caminar o hablar, pérdida de fuerza, somnolencia o alteraciones cognitivas. A diferencia de un ACV, que suele presentarse de manera brusca, estos síntomas pueden instalarse progresivamente. Una tomografía permite identificarlo.

Cómo tratarlo es justamente uno de los campos que están cambiando. Durante la XXXV Semana del Intervencionismo Mínimamente Invasivo (SIMI 2026), Lylyk presentó la experiencia argentina con un novedoso abordaje mínimamente invasivo.

La técnica aprovecha la arteria meníngea media para llegar mediante microcatéteres hasta el espacio subdural, tratar los vasos involucrados en la persistencia del hematoma y, desde esa misma vía, aspirar su contenido. El procedimiento ya fue probado en pacientes en la Argentina. Según detalló Lylyk, completaron un protocolo autorizado para 25 personas y, en el seguimiento realizado, no registraron recurrencias ni necesidad de reinternación vinculada al procedimiento.

—¿Qué es exactamente un hematoma subdural y por qué aparece con tanta frecuencia en personas mayores?

—Es algo relativamente frecuente y va a ser cada vez más frecuente. A medida que vivimos más, hay más hematomas porque las personas mayores se golpean más y, además, muchas reciben anticoagulantes o antiagregantes. A veces el paciente ni siquiera recuerda haber tenido un golpe importante.

—¿Qué síntomas puede producir? ¿Puede confundirse con un ACV?

—Todos los pacientes que tratamos eran sintomáticos, pero lo que aparece depende de dónde esté ubicado el hematoma y de si está de un solo lado o de ambos. Si comprime áreas del hemisferio izquierdo relacionadas con el lenguaje, por ejemplo, el paciente puede tener una afasia o dificultades para comprender o expresarse. Si compromete una zona motora, puede aparecer debilidad en el lado contrario del cuerpo. Por eso, frente a un síntoma neurológico, muchas veces lo primero que uno piensa es en un ACV. La diferencia es que el ACV generalmente aparece de forma muy aguda, mientras que en estos hematomas los síntomas pueden ir instalándose progresivamente. Eso a veces hace más difícil reconocerlos. Pero con una tomografía se diagnostican rápidamente.

—¿Cómo se trataba hasta ahora y qué cambia con esta técnica?

—Hay distintas formas de tratarlo. El tratamiento neuroquirúrgico convencional consiste en hacer pequeños orificios en el cráneo, evacuar el hematoma, lavarlo y dejar un drenaje. Otra posibilidad, que se desarrolló mucho en los últimos años, es embolizar la arteria meníngea media. A través de esa arteria introducimos partículas o un material líquido para bloquear los pequeños vasos que alimentan la membrana relacionada con el hematoma y así intentar estabilizarla y reducir la posibilidad de recurrencia. También pueden combinarse la cirugía y la embolización.

Lo nuevo de esta técnica es utilizar esa misma arteria como vía para llegar hasta el propio espacio subdural. Primero embolizamos distalmente, es decir, cerramos las pequeñas ramas que queremos tratar. Después avanzamos con un microcatéter, realizamos un acceso controlado a través de la arteria y la duramadre y entramos en el espacio donde está el hematoma. Desde allí podemos aspirarlo y evacuar su contenido. De esta manera buscamos realizar en un mismo procedimiento la embolización y el drenaje. Es una técnica pensada para hematomas subagudos o crónicos, no para el hematoma agudo.

—¿Cómo se llega desde una arteria de la muñeca hasta un hematoma dentro del cráneo?

—Podemos ingresar por la arteria radial, en la muñeca, o por la arteria femoral. Desde allí avanzamos con un catéter hasta la carótida externa, en el cuello, y luego entramos con catéteres cada vez más pequeños hasta alcanzar la arteria meníngea media. Es una navegación endovascular; trabajamos desde dentro de los vasos sanguíneos y vamos viendo permanentemente dónde estamos.

Para elegir el punto de acceso utilizamos imágenes obtenidas en una sala que combina angiografía con tomografía. Una vez que llegamos al lugar adecuado, utilizamos un electrodo para realizar de manera controlada el acceso a través de la arteria y la duramadre, e ingresar al espacio subdural. Después, con el microcatéter, aspiramos el hematoma. Ese drenaje tiene que realizarse lentamente porque estamos modificando las presiones alrededor del cerebro. En nuestra experiencia pudimos evacuar aproximadamente entre el 70% y el 100% del contenido del hematoma.

—¿Qué resultados obtuvieron y qué falta para saber si puede convertirse en una alternativa habitual?

—Los trabajos experimentales los hicimos junto con investigadores de la Universidad de California en San Francisco. Después presentamos un protocolo que fue autorizado en la Argentina para tratar a 25 pacientes y ya completamos esa etapa. En el seguimiento a seis meses no tuvimos recurrencias ni necesidad de reinternación vinculada al procedimiento, incluso en pacientes complejos. Los resultados fueron muy buenos.

Ahora hacen falta estudios mucho más grandes, multicéntricos y comparativos. Probablemente la siguiente etapa incluya varios centros y permita comparar esta estrategia con tratamientos ya establecidos. Ahí podremos empezar a determinar con mayor precisión su eficacia y qué pacientes son los que más pueden beneficiarse.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/los-resultados-fueron-muy-buenos-la-experiencia-argentina-con-una-novedosa-tecnica-para-tratar-nid02102026/

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