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Lula y Bolsonaro cierran sus campañas antes de una elección que promete ser infartante

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SAN PABLO.– Imposible era llegar a la intersección de la Avenida Paulista y la Rua Augusta, en pleno centro de San Pablo, mientras miles de personas –más de 500.000 según los organizadores– se apiñaban la mañana del sábado para esperar la llegada del presidente de Brasil y candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones presidenciales del domingo, Luiz Inácio Lula da Silva. Cuando, alrededor de las 11.20, el líder de izquierda logró aproximarse hasta la camioneta que lo llevaría en su último acto de campaña en la capital paulista, el clamor que aún suscita el veterano dirigente se hizo sentir.

Exactamente al mismo tiempo, en un punto distinto del mismo Estado de San Pablo, el otro máximo candidato a ocupar el Palacio del Planalto por los próximos cuatro años recorría, también junto a miles de personas, el trayecto que une Santa Bárbara D’Oeste con Americana, una ciudad fundada en el siglo XIX por inmigrantes norteamericanos. Con una caravana de motociclistas que seguían el colectivo que lo llevaba en su techo, el representante del Partido Liberal e hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro, Flavio Bolsonaro, realizaba una de sus ultimas apariciones antes de los comicios.

VIDEO PAULISTA

A menos de 24 horas para que empiece, quizá, la elección más ajustada de la historia brasileña desde su vuelta a la democracia, el país parece encontrarse dividido exactamente por la mitad. No sólo por lo que indican encuestas como la última publicada por Datafolha el sábado, que ubicó a Lula con un 42% porciento de intención de voto frente a un 38% de Flavio Bolsonaro, sino también por la sensación en las calles de San Pablo. La última Quaest, en cambio, mostró un escenario todavía más ajustado para una segunda vuelta: Flavio 44% y Lula 42%, también dentro del margen de error; 13% votaría en blanco, nulo o no concurriría y 1% permanece indeciso.

El denominador común de todas las personas entrevistadas el sábado por LA NACION en San Pablo no era solamente que tuvieran decidido su voto por alguno de los dos candidatos mayoritarios, sino también que estaban convencidos de que el suyo ganaría en primera vuelta. Lo que es más, para ambos sectores, la victoria del otro candidato significaba prácticamente el certificado de defunción de su patria.

🚨🇧🇷 Batizada de “última motociata antes da vitória”, multidão de apoiadores segue Flávio Bolsonaro e Tarcísio no interior de São Paulo a 1 dia do pleito presidencial. pic.twitter.com/gqni4BkfJB

— Brasil Alternativo (@bralternativo_) October 3, 2026

“Lula es el mejor presidente de la historia de Brasil. Erradico el hambre dos veces, tenemos los mejor programas de gobierno, que fueron hechos para la población mas pobre, mas carente”, dijo a LA NACION Nerlandia, una militante del petismo de 48 años.

Según ella, el “gobierno de extrema derecha” de Flavio Bolsonaro sólo busca “favorecer a los grandes empresarios y el agronegocio”, y serviría para abrirle las puertas al gobierno norteamericano, por ejemplo, con la venta de las tierras raras de Brasil.

VIDEO NERLANDIA

Sin embargo, la mujer se mostró muy segura de que eso no va a suceder. “Lula que va a ser cuatro veces presidente de este país, podes preguntarle a cualquiera”, dijo Nerlandia.

Un par de horas más tarde, en la misma cuadra de la Avenida Paulista, un empresario de alrededor de 50 años, Renato, dijo a LA NACION: “Yo quiero que gane la derecha conservadora, si, la que cree en Dios, patria, familia y libertad, no como los ladrones que están del otro lado. Nuestro futuro, el futuro de nuestro hijos depende de las elecciones de mañana. Yo no quiero dejar el país en manos de esa gente”.

“El domingo ganamos”, dijo confiado.

¿Ideología o desgaste?

El primero, y quizá más obvio de los factores que contribuyen a semejante polarización en el país, es la afiliación ideológica de los votantes a un campo político como la izquierda o la derecha, lo que en el caso de estas elecciones se corresponde con el petismo y el bolsonarismo.

Según una encuesta de Datafolha divulgada en julio, el 44% de los brasileños de 16 años o más se reconoce de derecha o centroderecha, mientras que el 39% se sitúa en la izquierda o la centroizquierda. Estos números implican una inversión respecto de 2022, cuando la izquierda sumaba 49% y la derecha 34%, pero siguen representando dos bloques claramente diferenciados.

Sin embargo, la identificación ideológica no alcanza para explicar por sí sola el comportamiento de los votantes. En una elección dominada por dos candidaturas que concentran buena parte de las adhesiones y los rechazos, las etiquetas tradicionales conviven con posiciones más ambiguas, electores desencantados y decisiones que responden menos a la afinidad política que al rechazo hacia el adversario.

Flávio Bolsonaro e Tarcísio no interior de São Paulo nessa manhã pic.twitter.com/5OXrJMN9Ed

— CENTRAL DO FLÁVIO BOLSONARO (@CENTRALDOFLAV) October 3, 2026

Una de las particularidades de la contienda es que la polarización entre Lula y el bolsonarismo no necesariamente se traduce en una adhesión igualmente intensa a uno de los dos candidatos. De hecho, el rechazo a ambos dirigentes alcanza niveles elevados y deja al descubierto un electorado que, aunque puede terminar inclinándose por uno de ellos, no siempre se siente representado por su propuesta.

Una encuesta de Datafolha publicada en septiembre indicó que tanto Lula como Flavio Bolsonaro son rechazados por el 46% de los entrevistados. Es decir, que casi la mitad del país no votaría por el candidato contrario bajo ninguna circunstancia.

Según dijo a LA NACION Alberto Pfeifer, Coordinador del Grupo de Análisis de Estrategia Internacional y Geopolítica (DSI) de la Universidad de San Pablo (USP), la clave está en la diferencia entre el rechazo y la adhesión.

VIDEO RAFAEL

“Es muy firme la convicción de a quién no quiere votar el elector, de ahí los elevados índices de rechazo de ambos candidatos principales. Los desencantados, los que no quieren ni a Lula ni a Bolsonaro, pueden decidir la elección al abstenerse o al inclinarse por el candidato que tenga un menor rechazo relativo”, explicó el experto.

Pfeifer consideró además que, en este contexto, Lula tiene las de perder, tras casi cinco décadas como una figura clave de la política brasileña y unos 12 años como presidente. “El problema es que la imagen de Lula está desgastada. La población se cansó de Lula y la única opción viable es Bolsonaro”, sostuvo.

Al mismo tiempo, los datos muestran que las fronteras ideológicas son menos rígidas de lo que sugiere la confrontación entre los dos principales espacios políticos. Según una medición realizada en junio por Datafolha, el 24% de quienes declaran votar por Lula se identifican con la derecha o la centroderecha. En sentido inverso, el 19% de los votantes de Flávio Bolsonaro se reconoce de izquierda o centroizquierda.

Una cuestión de clase

Las diferencias regionales constituyen otra de las divisiones históricas de la política brasileña. El Nordeste, donde Lula conserva una fuerte base electoral, contrasta con el Sur, una de las regiones donde el bolsonarismo encuentra mayor respaldo. Una geografía política que se mantuvo en buena medida desde las elecciones de 2022, aunque con variaciones en la composición del electorado y en la intensidad de las preferencias.

La misma encuesta de Datafolha de septiembre muestra la dimensión de esa brecha. En el Nordeste, Lula aventaja a Flávio Bolsonaro por 53% contra 25%. En el Sur, en cambio, el senador obtiene el 45% frente al 27% del presidente.

Sin embargo, expertos como Pfeifer encuentran la explicación para esta división en algo más que lo geográfico. Los ingresos, el nivel educativo y la religión aparecen entonces como factores que ayudan a explicar la distribución del voto. Lula conserva una ventaja entre los sectores de menores recursos y entre los electores con menor nivel educativo, mientras que Flavio Bolsonaro obtiene mejores resultados entre quienes tienen mayores ingresos y educación secundaria o superior.

Entre los brasileños que perciben hasta dos salarios mínimos, el presidente registra el 47% de las preferencias, frente al 27% de su rival. En el otro extremo, Flavio se impone entre quienes reciben entre dos y cinco salarios mínimos.

La diferencia también se manifiesta en el plano religioso. Entre los evangélicos, el senador alcanza el 50% de la intención de voto, frente al 22% de Lula. El líder del PT, en cambio, mantiene una ventaja entre los católicos.

En el Sudeste, la región más poblada del país y donde se encuentra San Pablo, la disputa aparece mucho más equilibrada. Flavio Bolsonaro registra el 37% y Lula el 35%, una diferencia dentro del margen de error. El resultado refleja la complejidad de un territorio en el que conviven grandes centros urbanos, periferias populares y sectores industriales con comportamientos electorales distintos.

“Sí, la división entre un Nordeste lulista y un Sur bolsonarista continúa, pero tiene que ver con la disponibilidad de ingresos y el grado de instrucción: los más pobres y menos escolarizados tienden a votar por Lula, mientras que los más educados y con mayores ingresos se inclinan por la oposición”, explicó Pfeifer.

El impacto de la economía

La transformación de la estructura económica brasileña también modificó el mapa político del país. El antiguo cinturón industrial del ABC paulista, que durante décadas fue uno de los principales bastiones del movimiento obrero y la izquierda brasileña, ya no representa necesariamente una garantía electoral para el PT.

Fue en esa región, en las fábricas de San Bernardo del Campo, donde Lula construyó su trayectoria política como dirigente sindical antes de convertirse en uno de los principales referentes de la izquierda latinoamericana. Sin embargo, el electorado que acompañó el surgimiento del PT cambió con el paso del tiempo, al igual que las condiciones sociales y económicas que habían favorecido su consolidación.

“El antiguo cinturón industrial del ABC está compuesto hoy por exsindicalistas jubilados que quieren preservar el pequeño patrimonio que poseen: gente que se volvió conservadora por conveniencia, no por convicción; y una juventud que, al igual que en la Argentina, quiere más libertad y menos Estado”, aseguró Pfeifer.

Para el analista, esa transformación también se refleja en el escenario político local. “El voto en el ABC hoy es mucho más de centroderecha, como lo demuestra el perfil de quienes ocupan las intendencias locales: ninguno pertenece al PT”, afirmó.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/lula-y-bolsonaro-cierran-sus-campanas-antes-de-una-eleccion-que-promete-ser-infartante-nid03102026/

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