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Maraña impositiva: una persona puede pagar hasta 43 tributos distintos en un año

Comprar en el supermercado, pagar la factura de luz, cargar nafta. En la Argentina, cada decisión cotidiana esconde una compleja maraña de impuestos donde el Estado -en sus tres niveles- recauda ...

Comprar en el supermercado, pagar la factura de luz, cargar nafta. En la Argentina, cada decisión cotidiana esconde una compleja maraña de impuestos donde el Estado -en sus tres niveles- recauda a través de tributos, tasas y contribuciones. Así, incluso aunque el Gobierno eliminó recientemente algunos gravámenes, una persona puede llegar a pagar hasta 43 impuestos distintos a lo largo del año.

El dato refleja una leve mejora frente al año pasado, de acuerdo con el último Vademécum Tributario elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). Un año atrás, ese mismo contribuyente era alcanzado por 46 gravámenes anuales, pero con la reciente ley de Modernización Laboral se eliminaron tres impuestos internos nacionales que impactaban de forma directa sobre la telefonía celular, las pólizas de seguro y los vehículos automotores.

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“Un argentino con una estructura de consumo y un nivel de ingresos altos, que tiene un auto y una propiedad, puede pagar al menos 43 tributos distintos al año, considerando sus acciones habituales. Por supuesto, ese número puede crecer en función de las cuestiones específicas que realice. Hay que tener en cuenta que el vademécum tributario que elaboró el Iaraf para este año identificó 150 tipos diferentes de impuestos, entre nacionales, provinciales y tasas. Obviamente, un argentino no va a pagar los 150, porque no es materialmente posible: son tributos de distinta naturaleza que se aplican a diferentes cuestiones. Pero para lo habitual, el piso es de 43 tributos al año”, explicó Nadin Argañaraz, presidente del Iaraf.

El estudio segmentó la realidad económica de tres perfiles diferentes, para así medir cómo la tenencia de bienes y los hábitos de consumo expanden el mapa fiscal. El perfil número uno consume alimentos y bebidas, usa la tarjeta de crédito, adquiere servicios públicos, celulares, internet y plataformas de streaming. En este caso, paga 20 cargas tributarias diferentes: ocho impuestos nacionales, cinco provinciales y siete municipales.

Al perfil dos se le agrega la posesión de una casa y de un auto, por ende, paga un seguro y compra combustibles. Además, se lo caracterizó con ir a un recital y a una sala de cine al año, comprar productos electrónicos y ahorrar en dólares. En este caso, la carga tributaria salta a 33 gravámenes, de los cuales 12 son nacionales, ocho provinciales y 13 municipales.

Por último, al tercer perfil también se le sumó un segundo auto, un vuelo de cabotaje con fines laborales, con hotel y restaurante, un viaje al extranjero por vacaciones y el cambio anual de uno de los autos por uno 0 Km. ¿El resultado? Tuvo que pagar un total de 41 tributos a lo largo del año, de los cuales 20 fueron nacionales, ocho provinciales y 13 municipales.

A ese piso se suma un tributo si la persona trabaja en relación de dependencia y tiene ingresos inferiores al mínimo no imponible (por los aportes) o si es monotributista (por el pago del monotributo). En cambio, si supera ese mínimo, se agregan dos cargas: se pagan aportes e impuesto a las ganancias. O si es empresario o un profesional independiente, debe pagar Ganancias y autónomos. En cualquiera de estos casos, el total asciende a por lo menos 43 tributos al año si no fuma y a 46 si lo hace.

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“La Argentina está sobredimensionada en cantidad de tributos. Esto tiene que ver con el federalismo fiscal, porque la potestad tributaria está distribuida entre la Nación, las provincias y los municipios. Eso hace que el sistema tributario sea complejo. Cuando vienen inversores a la Argentina y preguntan cuántos impuestos hay, que sean más de 150, incluyendo tasas, es un número extraordinario. Hay que tener en cuenta, además, que solo 10 impuestos explican el 92% de la recaudación. Es un sistema caro y complejo que termina haciendo más complicada la vida de las personas y las empresas. Hace falta una reforma tributaria estructural que tenga dos pilares: bajar la carga fiscal y, en segundo lugar, simplificar el sistema tributario”, consideró César Litvin, CEO de Lisicki, Litvin & Abelovich.

Justamente, a pesar de la abrumadora cantidad de impuestos, contribuciones y tasas, la omnipresencia de la presión tributaria descansa sobre pocos pilares. El impuesto al Valor Agregado (IVA) es el único gravamen que alcanza al 100% de los bienes y servicios analizados en todos los perfiles. Detrás se ubican el impuesto sobre los Ingresos Brutos (II.BB.) provincial, la Tasa por Inspección, Seguridad e Higiene (TISH) municipal y el llamado impuesto al cheque, con una incidencia que ronda entre el 90% y el 95% de la canasta de consumo. Por eso, aunque se eliminaron tres impuestos internos este año, el efecto no se sintió en la cotidianeidad.

“Los impuestos internos eliminados recaían sobre consumos específicos y tenían una incidencia mucho más acotada sobre el bolsillo de la mayoría de los contribuyentes. Su eliminación fue positiva y contribuye a simplificar el esquema, pero su impacto es limitado, ya que permanecen prácticamente sin cambios los gravámenes que atraviesan de manera generalizada los ingresos, el consumo y la actividad económica. Pero la percepción del contribuyente está dominada por otros impuestos. El IVA afecta prácticamente todo el consumo; Ingresos Brutos está incorporado en una enorme cantidad de precios y, además, puede acumularse a lo largo de la cadena”, explicó Alejandra Sarni, socia de Impuestos en BDO en la Argentina.

La tributarista sumó otros ejemplos. Las cargas sobre el trabajo inciden sobre la diferencia entre el costo laboral para la empresa y el salario de bolsillo; el impuesto a los débitos y créditos se incorpora al costo de las empresas, y luego aparecen impuestos patrimoniales, automotor, inmobiliario, combustibles y tasas locales. “Ahí radica gran parte de la explicación de por qué la baja de impuestos muchas veces no termina de percibirse”, completó.

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Desde que La Libertad Avanza tomó el mando de la Casa Rosada, la carga tributaria se redujo en tres puntos del PBI y el año próximo bajaría uno más. Dejaron de existir el impuesto PAÍS, los gravámenes a la transferencia de inmuebles, sobre la renta de alquileres de vivienda y otros impuestos internos. Además, se bajaron las retenciones y Bienes Personales. Pero, ante todo, el Poder Ejecutivo siempre priorizó el superávit fiscal antes de seguir con la gradual baja de impuestos. Por eso, aunque el ministro de Economía, Luis Caputo, calificó de “desastrosa” y “engorrosa” la estructura impositiva, les pidió a los empresarios que se reunieron en el Coloquio de IDEA esta semana que esperen una reforma impositiva recién después de 2027 (aunque originalmente mencionó 2031, después explicó que se equivocó).

“La baja de impuestos es un camino que no tiene retorno. La recaudación bajó y no volvieron a subir los impuestos. Lo que dijo el Gobierno es que, a medida que tenga más superávit fiscal, va a seguir bajando impuestos. El problema es que las provincias y los municipios tienen otra dinámica; por eso, para una reforma estructural, hará falta un acuerdo federal entre gobernadores, intendentes y Nación. Las provincias dicen que no pueden sacar Ingresos Brutos porque es el impuesto más importante de su recaudación, pero en 2001 representaba el 1,9% del PBI y ahora representa el 4,1%. Más que se duplicó, pese a que es el peor impuesto de todos”, afirmó Litvin.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/marana-impositiva-una-persona-puede-pagar-hasta-43-tributos-distintos-en-un-ano-nid04102026/

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