Maridaje perfecto: este piso sobre la avenida Libertador combina arte y enología con magistral elegancia
Para hacer las fotografías que ilustran esta nota, la ...
Para hacer las fotografías que ilustran esta nota, la arquitecta Patricia Daiez volvió a recorrer su obra con los clientes ya instalados, en pleno uso del hogar que ella había reformado tiempo atrás. “Nunca sabés con qué te vas a encontrar...”, adelanta, pero este fue uno de esos proyectos angelados donde todo fluye.
Me gusta usar negro, pero nunca había trabajado con madera quemada. Tuve que ponerme a investigar porque era lo que estaba buscando: un shock de dramatismo al salir del ascensor.
Arq. Patricia Daiez, responsable de la reforma integral
Para este cliente amante del vino se articularon dos sectores en el living. El que está destinado a las degustaciones tiene una disposición circular que apela al concepto de ronda y se conecta directamente con la cava.
Con el deseo de ganar más espacio para cada integrante de una familia comandada por un abogado y una arquitecta, el trabajo abarcó reformas en la planta, el interiorismo completo de nada menos que 500 metros habitables y la inclusión de dos protagonistas importantes del estilo de vida de los dueños: el arte y el universo vitivinícola.
“En la primera recorrida acordamos la ubicación del arte para que marque un ritmo y tenga presencia”, repasa la arquitecta, cuya previsión permitió aplicar un diseño de iluminación de nivel museístico.
Un hogar funcional“Fue muy gratificante volver y encontrar todo tan bien usado”, comenta Patricia con la emoción de la tarea cumplida, al tiempo que insiste en compartir el mérito: “El cliente tiene un rol fundamental; esto fue de febrero a diciembre y ellos acompañaron siempre con decisión y con disponibilidad para reunirse y para recorrer. Son muchas las variables que hacen que las cosas salgan bien, y acá se dieron todas”.
“Mi propuesta fue adecuar la arquitectura a una familia con chicos usando un lenguaje clásico para aportar calidez sin restar elegancia, no agregar mucho color y jerarquizar las obras de arte”.
Un mueble vajillero con paño corredizo diseñado a medida permite llevar hasta la cocina la excepcional vista de este piso 11 sobre avenida Del Libertador sin perder privacidad en el comedor.
La cocina se destaca por la claridad del blanco con algo de madera y un toque de color en las sillas. “La impronta es la de su dueña, por eso se siente juvenil, con una onda muy simple y a la vez sofisticada”, resume Daiez.
Nobleza interiorPara este despacho, que originalmente era un espacio abierto, se generó un volumen con dos accesos: una abertura doble de vidrio con perfilería metálica −a tono con la cava contigua− y una puerta pivotante hacia el pasillo que conecta con la entrada.
Revestido en madera, el estudio del dueño de casa tiene una biblioteca provista de nichos traslúcidos para albergar obra y traer claridad. Con puertas vidriadas que dan a la cava, la perspectiva desde el escritorio llega hasta el ventanal del living.
La casa y sus mundos“En los proyectos me gusta rastrear cuál es la dinámica de quien habita, qué le pasa en la vida o con qué quiere convivir. Acá era el arte, por ejemplo, y los profesionales estamos para dar esas respuestas”.
En el dormitorio de la hija la partición del placard permitió optimizar el espacio ubicando el escritorio de modo que se pueda “esconder” tras las puertas, para una vista más limpia y ordenada.
El entelado, sumado al respaldo en tono ocre, aporta una nota de cálida intimidad en la suite principal dominada por los contrastes del blanco y negro.
En el inicio del proyecto, la arquitecta Patricia Daiez encontró una planta con buena disposición, pero oscurecida. Su diagnóstico fue contundente: “Acá hay que volver a traer la luz al interior”.