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Martín Tetaz: “El Gobierno está revirtiendo 95 años de sesgo anti-exportador, y ese cambio llegó para quedarse”

Martín Tetaz es economista y exdiputado nacional por Juntos por el Cambio. Acaba de publicar Comprá, campeón. Así funciona la economía, un libro que incluye un chatbot con el que los lectores ...

Martín Tetaz es economista y exdiputado nacional por Juntos por el Cambio. Acaba de publicar Comprá, campeón. Así funciona la economía, un libro que incluye un chatbot con el que los lectores pueden hacerle preguntas de economía, pensar mejor las decisiones de inversión y leer las señales del mercado.

En una entrevista con LA NACION, elogia el cambio exportador del gobierno de Javier Milei con más énfasis que muchos oficialistas —lo considera el fin de 95 años de sesgo anti-exportador y la causa estructural del subdesarrollo argentino—, pero le pone el dedo en la llaga a la política monetaria. Su diagnóstico: sin independencia real del Banco Central, todo lo demás es frágil.

–¿Cómo ve el panorama económico?

–Para entender la economía argentina actual hay que pensarla en tres capas. Primero, hay un cambio tecnológico global, una uberización de la economía, el shock de la inteligencia artificial. Está destrozando por los aires todas las cadenas de intermediación. El otro día estuve en av. Avellaneda y me contaban que el 80% de lo que vendían lo venden por internet. La chica que me atendió dijo: “Tengo 65.000 seguidores en TikTok y cuando cierro el local abro la cuenta y empiezo con las promos”. Eso es global, no tiene nada que ver con Milei, llegó para quedarse y hay negocios que ya no vuelven más al estilo anterior. Segundo, hay un cambio estructural que es, a mi juicio, el más importante y del que menos se habla. El Gobierno está revirtiendo 95 años de sesgo anti-exportador. Hay tres países en el mundo que cobran retenciones.

–¿Cuáles son?

–La Argentina, Rusia e Irán. Pero nosotros somos el único que además de cobrar retenciones les pagaba a los productores un dólar de 300 cuando valía 1000. Eso es mucho peor que las retenciones, en magnitud mucho más grande. Además prohibíamos exportaciones —de carne a China, por ejemplo— con el argumento de la mesa de los argentinos. Todo eso no fue un problema del peronismo ni del kirchnerismo: es un problema de los últimos 90 años. El cambio que se está produciendo es espectacular y me parece que llegó para quedarse, porque no veo a ningún gobernador peronista corriendo a Milei por izquierda. De hecho, el apoyo al RIGI o la modificación a la ley de Glaciares vino de gobernadores del propio peronismo. Este cambio está generando el boom de la economía de la cordillera. Y obviamente los sectores que estaban fuertemente protegidos —textil, ensamblaje, Tierra del Fuego— se quedaron sin esa protección. La fantasía de fabricar commodities más barato que los chinos no tiene pies ni cabeza. Hay que agregar valor, salvo en minería, agro y energía, donde hay ventaja comparativa.

–¿Cuál es la tercera capa?

–Una recesión producto de la aceleración de la inflación y del caos en la política monetaria entre junio del año pasado y febrero de este año. El talón de Aquiles del Gobierno, a mi juicio, es que tiene la peor política monetaria de América Latina. Nadie sabe cuál es. Un día dicen que controlan agregados monetarios, pero hace tres meses que la tasa está clavada. Y todos sabemos que armaron un corredor de pases activos que es esencialmente un techo a la tasa para que no suba. O controlás la tasa o controlás la cantidad de dinero: las dos cosas al mismo tiempo no se puede. Además, Milei felicita al ministro de Economía por la baja de la inflación en vez de al presidente del Banco Central, que es quien debería manejarla. Igual creo que en el segundo semestre la inflación se consolida la baja, eso va a permitir recomponer salarios y que vuelva la demanda de crédito. En los 90 se decía que Menem había ganado el voto cuota, porque la gente tenía miedo de que devaluaran con el crédito encima. Era al revés: ganaba porque la gente tenía tanta confianza que había decidido comprometer sus ingresos futuros a 12, 18, 24 meses. El verdadero termómetro de la confianza en el Gobierno no son las encuestas, que erran todas: es la demanda de crédito privado. Si hay demanda de crédito, Milei gana en primera vuelta. Si no se recupera, va a ser más complejo.

–¿Del 1 al 10, cómo está la economía?

–Yo pongo el acento en el cambio estructural de terminar con el sesgo anti-exportador, que es la causa del subdesarrollo argentino y del bajo salario. La Argentina debería exportar hoy US$300.000 millones y exporta US$100.000 millones. Tiene chances de duplicar las exportaciones en 10 años, y eso no solo va a ser el motor del crecimiento a largo plazo sino que va a evitar la crisis recurrente de balanza de pagos. Cada cinco años nos quedábamos sin dólares; eso no va a ocurrir más. El contexto recesivo complica la coyuntura —las importaciones cayeron 10% en el primer cuatrimestre cuando el año pasado crecían al 45%—, pero el activo más fuerte del Gobierno es ese cambio estructural. Por eso le pongo más nota ahí que en cualquier otro indicador.

–¿El Gobierno puede hacer algo para atenuar el impacto en el empleo registrado que genera la transición de modelo económico y el shock tecnológico?

–La vieja seguridad social apoyada en el empleo asalariado formal ya no existe más. Se murió. Nosotros no nos vamos a jubilar: nos va a corresponder una suerte de AUH de los viejos, que hoy se llama PUAM. La distinción entre empleo formal, monotributista e informal se está diluyendo. Hace 10 años quería decir algo muy claro; ahora no quiere decir casi nada.

–Pero el que trabaja en relación de dependencia tiene beneficios que el informal no tiene.

–El total del salario no es menor. Un repartidor de plataforma gana $2 millones por mes; un Uber puede ganar $2,5 o $3 millones. Ningún pibe de 18 o 20 años entra a un trabajo formal ganando eso. Y además el régimen es más flexible: te pagás las vacaciones y las tomás cuando querés. Además, solo el 10% de los empleados de plataformas trabaja tiempo completo; el resto lo usa como complemento de otro laburo. Ya todos tenemos cuatro o cinco laburos. Es una cosa habitual.

–¿Entonces no hay un problema de empleo en la Argentina?

–En el cambio estructural, no. Hay un libro de Jeremy Rifkin, El fin del trabajo, que fue récord en los 90, se tradujo a 30 idiomas, y nunca nadie erró tanto. Hoy hay récord de empleo en Estados Unidos. Rifkin no vio venir el fenómeno chino, nadie lo vio venir, pero incluso sin contar el empleo chino, la economía del mundo tiene la tasa de empleo más alta de la historia. Todos los pronósticos de las revoluciones tecnológicas que anunciaban el fin del trabajo fracasaron. Todos. Y este también va a fracasar. Ahora, el factor coyuntural es otro: hasta el tercer trimestre de 2025 había récord de tasa de empleo, incluso con un ajuste que bajó 25% el gasto público. Era una paradoja: el primer mega ajuste de la historia económica argentina, con tasa de empleo récord. Pero en el último trimestre empezó a caer el consumo, la demanda de crédito, los durables, el empleo. El Indec confirmó 240.000 puestos perdidos. Mi estimación es que en el primer trimestre de 2026 se van a perder otros 250.000. Todo por la recesión generada por el mal manejo de la política monetaria en la segunda mitad del año pasado. Pero el empleo se va a recuperar.

–¿Qué es lo que más le preocupa?

–La prueba de que se logró la estabilidad se mide por la irrelevancia de la próxima elección. Lo que más me preocupa es que la política monetaria tiene que ser completamente independiente para que no dependa del próximo gobierno. No quiero que el año que viene el Gobierno empiece de vuelta con la excusa del riesgo kuka. Si lo esgrime, es su responsabilidad, porque tuvo la chance de darle independencia real al Banco Central. La regla tiene que ser clara: el presidente de la nación no puede nombrar ni despedir ni directores ni presidente del banco. La fórmula que más me gusta es que los 10 principales bancos por depósitos pongan un director, esos directores elijan un presidente, y ese presidente no pueda ser removido por decreto.

–Sin embargo, vemos un Gobierno que en términos institucionales juega con algunos grises: intentó nombrar jueces de la Corte por decreto, no cumple con la promulgación de las leyes.

–El intento de nombrar por decreto es una cosa. Finalmente, los jueces salieron como tenían que salir: el Congreso no aprobó a Ariel Lijo. Es cierto que el Gobierno se mete donde no corresponde en la Justicia, pero no es como para pasarle la factura de hegemonía. Venimos de un gobierno que nombró jueces, compró medios y quiso controlarlo todo. Hoy, para aprobar cada ley, el Gobierno depende del acuerdo de los gobernadores. Eso prueba que no tiene hegemonía en el Congreso, tampoco en los medios ni en la justicia.

–La pregunta era si un gobierno que juega con la institucionalidad puede impulsar la independencia del Banco Central.

–Sí, no es un gobierno republicano, pero arrancó con mucha debilidad en los tres poderes. No tenía manejo del Congreso, nunca había nombrado un juez y no tenía gente para manejar el Ejecutivo; terminó dejando en cargos clave a gente de la gestión de Sergio Massa. Lo dejo a tu criterio si eso fue un acuerdo político o simplemente que tenían un equipo reducido de gente para gobernar. No lo justifico, lo entiendo pragmáticamente. El Gobierno fue pragmático. Llevó la institucionalidad al límite que podía llevar.

–¿Hay espacio en 2027 para una tercera vía que no sea Milei ni Kicillof?

–No. Creo que ese espacio es 2029. Para que exista una vía, primero tiene que haber una demanda. Si vos ponés una vía del tren en el medio de la nada, nadie la usa. Lo que ocurrió con Milei fue el hijo de una demanda social muy concreta. Dos años antes, esa misma lógica había funcionado para Juntos por el Cambio: había un discurso que calzaba perfecto con el hartazgo por el Covid, las vacunas VIP, la fiesta en Olivos. Dos años después ese discurso era una entelequia. La demanda concreta era: resolveme el quilombo de la inflación y basta con el afano. Y nosotros teníamos un candidato que era economista graduado en Harvard y se autopercibía político cuando le preguntaban por la economía. Decía: “Yo de economía no sé nada.”

–Pero usted era parte de ese espacio...

–Sí, y esos son los errores que uno admite. Cuando uno está en un espacio político no hace lo que quiere; hay que construir consensos. Hay discusiones que ganás y discusiones que perdés. Nuestros candidatos no estuvieron a la altura de la demanda colectiva, que era clara y contundente. Para 2027 no hay demanda de tercera vía.

–¿Y cuál es la demanda de la sociedad hoy?

–“Te voté para que me resuelvas el quilombo de la inflación, terminá con el laburo para el que te voté.” Hace un año que la inflación va para arriba, para abajo, y se está festejando una inflación más alta que la de hace un año. La guita no alcanza: ese es el denominador común de todas las clases sociales. Bajó la pobreza, sí, porque la AUH es más grande y el empleo informal favorece a los sectores de menores ingresos. Pero del umbral de pobreza para arriba, el 70% de la población es cada vez menos afluente. Le alcanza menos la guita al tipo que gana $8 millones por mes porque ya no puede pagar la cuota del colegio. Esa es la demanda número uno, y no hay ninguna propuesta de tercera vía hoy, ni siquiera hay una contundente del peronismo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/martin-tetaz-el-gobierno-esta-revirtiendo-95-anos-de-sesgo-anti-exportador-y-ese-cambio-llego-para-nid21062026/

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