Megan Powell, la inesperada medallista argentina que tiene sangre irlandesa y se entrena en Estados Unidos
SANTA FE.- En Megan Powell, los genes irlandeses se notan a primera vista. Hay algo, en los gestos, en sus formas, que tranquilamente se podrían comparar con algún personaje de serie de época si...
SANTA FE.- En Megan Powell, los genes irlandeses se notan a primera vista. Hay algo, en los gestos, en sus formas, que tranquilamente se podrían comparar con algún personaje de serie de época situada en Europa del Norte. Y algo de eso hay, porque su papá, Andrew Powell, efectivamente, es irlandés. Sin embargo, ella se ríe mucho con la situación y responde: “Me dicen eso eh, pero mi mamá que es de Buenos Aires es igualita a mí te digo... Somos muy parecidas”.
La de Megan es una historia de orgullo pleno. Porque nació en la Argentina, pero a los siete años emigró con sus padres, que se conocieron en Inglaterra, a Estados Unidos. Su mamá, Paula Alonso Gortari, viajó a hacer un doctorado de Historia Argentina, su especialización, y allí encontró a Andrew Powell, irlandés de Belfast. Se casaron y al tiempo se mudaron a Buenos Aires, donde vivieron por 10 años. Luego, la emigración otra vez. Hoy están instalados en Washington, mientras que Megan, hija única se mudó a San Francisco, donde entrena con su grupo de atletismo comandado por Craig Cox, su entrenador británico de quien dice, “es una gran inspiración”. Y a Megan, nada le gusta más que estar transitando esta oportunidad, la de representar a su país.
View this post on Instagram“Este año me salieron muy buenas las marcas y eso me dio la posibilidad de competir para la Argentina (...) La familia no paró con los mensajes, el apoyo que sentí de mi familia y de la gente de Santa Fe fue increíble. Siempre tuvimos la tribuna llena, increíble la energía. Mi familia no lo puede creer y yo, en realidad, tampoco”, le cuenta a LA NACION esta bióloga y científica ambiental de 28 años que reparte sus días entre el deporte y su trabajo de ocho horas en una compañía que se dedica a hacer pruebas médicas de los medicamentos que crea.
A la hora de definir por qué eligió atletismo y en particular, pruebas de velocidad, se explaya: “Atletismo empecé en la escuela y después competí para la Universidad, en Massachusetts. No podía mejorar mis marcas y dejé como tres años. Pero luego me mudé a San Francisco y encontré a este entrenador buenísimo, ahí somos un grupo como de 50 personas, entre 20 y 50 años, nos apoyamos, es muy importante”. Y se refiere a su competencia estrella: “Siempre me gustaron los deportes de adrenalina, como esquiar, pero para mí siempre fue la velocidad, los 400 metros, siento que esa es mi carrera”. Justamente, allí se colgó su primera medalla de esta cita (y con la albiceleste), la de bronce.
Sobre el oro conseguido después en la posta 4x400 relevos mixtos con Florencia Lamboglia, Agustín Pinti y Elián Larregina, dijo: “Los relevos me encantan, son increíbles. Y acá tenemos un equipo tan fuerte que es increíble poder ser parte. Fui muy bienvenida, acá tampoco nadie me conocía, esta es mi primera selección... Realmente me hicieron creer que debía estar acá, eso me ayudó un montón”.
“En la carrera sentí la presión de estar acá. Pero Elián (el que logró la remontada en una prueba que venía adversa y le entregó el testigo) corrió increíble y me lo pasó primera, bueno, no podía dejar que me pase nada ni nadie, de hecho yo estaba pensando: ‘Vienen todos detrás mío, vienen todos, tengo q dar todo’. Por suerte me salió y salió para todos”, se rio Megan, a quien la alegría le sale por los poros. De hecho, se pidió los días en el trabajo, desestimó la posibilidad de trabajar virtual porque no sabe cuántas posibilidades como esta tendrá y lo quiere disfrutar. Andrew, su papá, vino a verla y en sus pocos tiempos libres salieron juntos a recorrer Santa Fe, una ciudad que no conocía.
“El equipo argentino tiene mucha energía positiva, mente positiva. El atletismo viene con mucha presión, pero cuando estás con este grupo tratamos de disfrutarlo, eso se sintió en el comedor, viviendo en la Villa”, cuenta. Y agrega que el departamento que le tocó en tuvo compañías ideales: “Me tocó con Noe Martínez, Guille Cossio, Mili D’Amico y Vicky Olives, un cuarto buenísimo y nos fue muy bien. Fue la primera vez que estuve en una Villa, es redivertido haberme podido enfocar solamente en esto y eso me dio tiempo a conocer a todos, con sus historias, ver a los atletas de otros países, eso también es increíble. Es una experiencia que voy a llevar para siempre”.
Megan, esta argentina con acento norteamericano que dice que ama esta tierra porque “la gente es divertida, siempre tiene buen humor, ganas de hacer algo, compartir mate y a mí me encanta el mate”, confiesa también que esa característica de “hacer comunidad”, tan de acá, “me lleva y me motiva”.
Este viernes, Megan Powell corrió su última prueba en los Juegos Suramericanos 2026 y quedó tercera, ganando la medalla de bronce junto a Florencia Lamboglia, Noelia Martínez y Guillermina Cossio. Cerró así una producción de ensueño, porque según le confesó a LA NACION, no se esperaba subir al podio tan rápido, aunque en la posta mixta “estaba Elián Larregina” (uno de los mejores argentinos del momento).
Por todo esto, el deseo que acaba de cumplir no se quedó en Santa Fe. Se lo lleva, multiplicado: “Tengo un montón de ganas de seguir representando a la Argentina. Mejoré mucho este año, bajé 2 segundos, que en atletismo es un montón y espero seguir haciéndolo. Sé que tenemos un récord nacional de 30 años que alguien lo tiene que romper, no puede ser”, de ríe otra vez, aunque es mesurada. “Sueño con seguir representando a este país y poder seguir contado esta historia, porque esto fue una experiencia increíble (...) Sí, claro, me encantaría ir a unos Juegos Panamericanos y a unos Juegos Olímpicos. Esto es lo que me hace más feliz en la vida”, dice.
Y cree.