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Miedo y abandono. La triste constante de La Matanza, el distrito más violento de la provincia de Buenos Aires

“Me dispararon en una pierna porque me resistí a que me robaran la mercadería que tenía para vender. Esa era la única forma que tenía de ganarme la vida. Soy vendedor ambulante y querían sa...

“Me dispararon en una pierna porque me resistí a que me robaran la mercadería que tenía para vender. Esa era la única forma que tenía de ganarme la vida. Soy vendedor ambulante y querían sacarme los repasadores y las medias; con la venta de esa poca mercadería les podía llevar comida a mis dos hijos. ¿Cómo no me voy a resistir?”, explica, resignado y entre lágrimas, David Nazareno Coronel, de 32 años.

Mientras cuenta cómo lo asaltaron, David muestra su pierna izquierda vendada. A un mes del ataque, ocurrido en el cruce de Argentina y Crovara, en La Matanza, no puede caminar por la lesión provocada por el tiro que le acertaron a plena luz del día.

Es de noche y se moviliza en una silla de ruedas; pide ayuda a los automovilistas o peatones que se detienen por el semáforo de la esquina de Eizaguirre y Brandsen, en el límite entre Lomas del Mirador y San Justo, a pocas cuadras de la villa Santos Vega.

“Yo te puedo hablar de lo que es la inseguridad en La Matanza. A los delincuentes no les importa si sos pobre, si solo tenés unos repasadores y unas medias para vender y llevarles la comida a tus hijos: ellos te disparan”, concluye David, con su pierna izquierda dolorida y el alma rota por la indignación y la angustia.

En La Matanza no hay zonas rojas del delito: en realidad, los 325 kilómetros de su superficie parecen pintados de rojo por la cantidad de robos que se denuncian (y la inmensa cantidad de hechos que nunca llegan a las estadísticas, pero que aterrorizan igual).

En el partido más poblado del conurbano faltan policías y abundan los robos. Según las estadísticas oficiales, hasta el 30 de junio pasado, el Departamento Judicial La Matanza acumuló el 20% de las denuncias por robo en el Gran Buenos Aires. Este distrito ocupaba generalmente el cuarto lugar entre los departamentos judiciales con mayor índice de causas penales iniciadas. En lo que va del año, registró la mayor cantidad de robos denunciados, por encima de Lomas de Zamora y de San Martín.

La Matanza es el distrito con mayor tasa de homicidios de la provincia de Buenos Aires. Durante 2025, se registraron 147 homicidios dolosos en toda la provincia, lo que arroja una tasa de 4,6 casos cada 100.000 habitantes. Con 8,02 casos cada 100.000 habitantes, la tasa de homicidios del partido más poblado del Gran Buenos Aires casi duplica el índice provincial.

Aquel testimonio de David marcó el comienzo de una recorrida nocturna de casi 80 kilómetros que LA NACION hizo desde la avenida General Paz hasta el kilómetro 38 de la ruta 3, en Virrey del Pino, el “fondo” de La Matanza. Es el cuarto recorrido por la misma zona hecho por este cronista en los últimos tres años y medio. Pero lo que se ve es casi siempre lo mismo: idéntico abandono, aunque cada vez más violencia.

David fue atacado a veinte cuadras de la avenida General Paz, en una zona densamente poblada, pero salpicada por barrios con alto nivel de conflictividad como Las Antenas, 12 de Octubre, Puerta de Hierro, San Alberto, San Petesburgo, La Palangana o Villegas. No obstante, la violencia en los asaltos se replica en otras zonas de La Matanza. Por ejemplo, en Isidro Casanova.

“Es complicado vivir acá. Fíjese en la hora que es y esto está desolado. No pasan los móviles policiales. No tenemos prevención. En un rato, a la noche, comienzan a oírse los disparos de ametralladoras. Estoy con mi familia descansando y los balazos suenan cerca”, relató Jorge Carballo, vecino del barrio San Alberto, en Isidro Casanova.

La violencia y los balazos descriptos por este vecino quedaron expuestos hace diez días en la esquina de Germán Abdala y Gaboto, cuando un efectivo de la policía bonaerense que trabaja en sus horas de franco como chofer de una aplicación de viajes mató de cuatro balazos a un ladrón de 15 años que intentó asaltarlo junto con un cómplice.

Cerca de allí, pero en la villa San Petesburgo, fue asesinado el futbolista de Berazategui Federico Esteban Postarski, el 14 de julio de 2022. De la misma forma que el policía bonaerense, el futbolista del torneo del ascenso había sido convocado a la esquina de Gaboto y Rucci para realizar un viaje. Al llegar a esa dirección, frente a uno de los pasillos de ingreso a la San Petesburgo, el futbolista fue atacado por un grupo de delincuentes que le robó el Fiat Uno y lo mató.

Días después del homicidio, este cronista vio el cartel que habían puesto en la casa de Gaboto y Rucci con la leyenda: “Acá no pedimos viajes de aplicación”. Seis años después, nada cambió; los delincuentes, en esa zona o en otros barrios de La Matanza, siguen usando la misma metodología para robar y matar.

Cerca de allí, en Cristianía y Gaboto, sigue incólume “la esquina de la barricada”: la montaña de escombros y basura con la que los ladrones cortan los dos carriles de Cristianía, una de las avenidas más importantes de La Matanza.

En esta cuarta recorrida por ese lugar, la evidencia es incontrastable: la montaña de basura no fue removida. Un dato curioso: se ve incluso en Google Maps.

La esquina de la barricada está diez kilómetros hacia adentro de La Matanza y constituye una muestra del abandono del Estado municipal, que encabeza el peronista Fernando Espinoza desde 2005, con un solo paréntesis de un mandato, entre 2015 y 2019, en el que la jefa comunal fue Verónica Magario, actual vicegobernadora bonaerense.

La basura también sirve para que los narcos se oculten. En la esquina de Crovara y la calle 700, un grupo de “transas” se esconde detrás de una pila de escombros y ramas; al final del pasillo adyacente se juntan para vender drogas a la vista de los vecinos y de los policías que pasan por el lugar.

Durante la recorrida realizada en las últimas horas se pudo observar la presencia de un móvil policial en uno de los accesos de la villa San Petesburgo. El móvil estaba estacionado y carecía de patente. El único policía que lo tripulaba no lo tenía en marcha ni recorría la zona.

A diferencia de otras recorridas por La Matanza, en la noche del miércoles este cronista contabilizó 16 móviles en un trayecto de 80 kilómetros. Seis de ellos estaban en puestos fijos, lo que significa que no hacían vigilancia dinámica ni patrullajes por cuadrícula. El miércoles, a las 21, dos de esos móviles estaban en la rotonda de Ruta 3 y Camino de Cintura, en San Justo, y en el cruce de Ruta 3 y Gallo. Pero a las 23:30, cuando este cronista pasó de regreso, ambos móviles ya no estaban allí.

La mayor concentración de los móviles estaba en la zona de Crovara y Cristianía. Allí había ocho camionetas de la policía bonaerense, una de ellas sin patente, sin paragolpes frontales y sin luces reglamentarias.

“El problema es que la cúpula policial de La Matanza y de la policía bonaerense redujo de 150 a 90 las zonas que deben recorrer los efectivos a bordo de los móviles. Esto significa que cada policía tarda más tiempo en completar el recorrido asignado para vigilar; por eso no hay prevención. Anteriormente, el sistema de las cuadrículas se denominaba Plan Director de Seguridad. Después, pasaron a ser “zonas”, y la cobertura fue asignada a los Comandos de Patrullas. Actualmente, las camionetas de la Guardia Urbana hacen de soporte porque los patrulleros se fueron rompiendo y no llegaban a cubrir las zonas”, explicó Luis, vecino de Laferrere.

Jorge Carballo, el vecino de San Alberto, afirmó que el miércoles —la noche de la recorrida de LA NACION— el móvil asignado a la seguridad de la zona no pasó.

Esa falta de prevención y la facilidad de acceso a las armas quedan expuestas no solo en la acumulación infernal de delitos en la vía pública, o de entraderas, sino también en episodios ocurridos en ámbitos donde no deberían suceder.

Hace una semana, en la localidad de Villa Dorrego, un alumno de 15 años llevó un revólver calibre 32 al colegio Jesús María Plaza, situado en Matienzo al 6200. El arma estaba en la mochila del adolescente y al caer al piso —porque la tocó un compañero— se disparó accidentalmente. Milagrosamente, la bala no hirió a nadie. Cuando los policías llegaron al lugar, alertados por el director del establecimiento educativo, secuestraron el arma, que tenía cinco cartuchos intactos y uno percutado.

Este caso demostró cómo las armas circulan, pasan de mano en mano e incluso llegan al alcance de adolescentes y entran en ámbitos como la escuela. Esta situación penetra en el ánimo de toda la sociedad y siembra el miedo como forma de vida.

“Desde que mataron al chofer Daniel Barrientos , los colectivos dejaron de llegar hasta el fondo del barrio. La gente sale para ir a trabajar a las tres o cuatro de la madrugada y no tiene transporte. Caminan más de 12 cuadras para llegar a la ruta. La inseguridad es tremenda. Imagínese que en el fondo del barrio hay una toma en la que se vende droga. Hay narcotráfico y los que vienen a comprar llegan en motos y les roban a los vecinos que tienen que llegar a la ruta para ir a tomar el colectivo”, expresó Lucas, que vive en el barrio Vernazza.

Este vecino caminaba con su familia rumbo a su casa. Eran las 22:30, el colectivo no pasaba y debía recorrer a pie el trayecto por Bernardino Escribano, la única calle asfaltada del barrio para regresar a su vivienda desde la Ruta 3.

El 3 de abril de 2022 a las 4:30, en la esquina de Bernardino Escribano y Cullen, un grupo de delincuentes mató a Barrientos, que iba al volante del colectivo de la línea 620 que hacía el recorrido desde el fondo del barrio Vernazza hasta Ruta 3 y General Paz, en el otro extremo del partido de La Matanza.

En una recorrida realizada un mes después de aquel homicidio, dos móviles, uno de la policía bonaerense y otro de la Patrulla Urbana del municipio, custodiaban esa esquina. Pasaron más de cuatro años y esos policías no están más. Así, los vecinos quedaron absolutamente desprotegidos.

“Además de la inseguridad, tenemos el problema de la contaminación. Por un costado del barrio pasa un afluente del río Matanza en el que una fábrica de gaseosas arroja los químicos y desechos. Eso provoca un olor terrible e interminable, sarpullidos en la piel de los chicos y atrae a las ratas. Los políticos vienen al barrio para la época de las elecciones, hacen promesas de solucionar el tema de la contaminación y después se van y no hacen nada”, concluyó Lucas.

En esa zona, entre 2017 y 2023, en los barrios San Pedro, San Javier y Vernazza, entre los kilómetros 35 y 41 de la Ruta 3, fueron asesinados tres choferes de colectivos: Barrientos, Pablo Flores y Leandro Alcaraz.

“La situación empeora día a día y los hechos están a la vista. Barrios tomados por bandas narco y robos a cualquier hora del día”, expresó Elisa, la hermana de Pablo Flores, quien reclamó justicia.

“El 1° de octubre se cumplirán seis años del asesinato de Pablo Flores y, seis años después, continúa sin justicia. La causa se encuentra archivada por decisión de un fiscal”, agregó la hermana del colectivero asesinado en 2020.

Hay asuntos que no cambian en La Matanza: el reclamo de los vecinos, la indiferencia de las autoridades y el círculo vicioso del miedo, la violencia y la inseguridad que nunca descansan.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/violencia-y-abandono-la-triste-continuidad-de-la-matanza-el-distrito-mas-violento-de-la-provincia-de-nid20092026/

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