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Murió Luis Brandoni, el gran actor nacional que brilló tanto en el drama como en la comedia

Tan fuerte que se lo veía a Luis Brandoni en escena, en el cine, en la televisión, con la réplica siempre irónica, siempre contundente. Tan duro que era en entrevistas cuando escuchaba algo que...

Tan fuerte que se lo veía a Luis Brandoni en escena, en el cine, en la televisión, con la réplica siempre irónica, siempre contundente. Tan duro que era en entrevistas cuando escuchaba algo que no le gustaba. Él, que se había caído y levantado tantas veces, un día no pudo levantarse más. Fue en su casa, todavía convaleciente de un episodio cardiovascular que lo alejó de los escenarios a finales del año pasado. Luis Brandoni sufrió el sábado 11 un accidente doméstico por el que debió ser internado en el Sanatorio Güemes. El mismo lugar donde el sábado 18 pasó su último cumpleaños. Y también, el mismo lugar en el que murió hoy, a los 86 años.

Resulta muy difícil marcar un punto de inicio en la carrera profesional de Luis Brandoni. Si uno se guiara exclusivamente por fichas técnicas y currículum, quedarían afuera cosas que lo convirtieron en quien fue. Como las funciones de títeres que de chico hacía para sus amigos del barrio en un galpón, detrás de su casa en Dock Sud. O las charlas con su tía Danila, quien sin ser actriz era la más actriz de la familia. Ni hablar de sus incursiones en el teatro infantil amateur, que lo llevaron a formar parte de un ciclo en Radio Libertad, en 1951, con 11 años recién cumplidos.

El camino de Brandoni estaba marcado, vaya uno a saber si por él o por el destino. Sea como fuere, lo cierto es que comenzó a dejar huella en 1960, cuando formó parte de Buenos días, Pinky, con Lidia Satragno a la cabeza y perlitas tales como ser el lugar en el que María Elena Walsh estrenó sus primeras canciones infantiles. Y ahí estaba Luis, mirando, participando, aprendiendo de todo lo que veía.

Cuarenta años después, en una entrevista con la periodista Cecilia Fiel, el actor recordaba aquella época con mucha nostalgia: “Tengo grandes recuerdos de ese momento y también de un tiempo después. Porque ya estando en el servicio militar, en la Escuela Superior de Guerra y en un calabozo, me entero por un diario que había ganado un premio por ese programa. Ese es un lindísimo recuerdo. Yo le tengo un afecto entrañable a Canal 7 porque hay varias generaciones de actores y actrices que nos hemos criado ahí”.

Su primer impacto y el exilio

De esta primera etapa, en la que todavía era más “Beto” que “Luis”, surgen algunos muy interesantes trabajos en teatro, que incluso después recreó en pantalla grande, como fue el caso de Convivencia, o más acá en el tiempo, Made in Lanus (que estrenó en 1986 y retomó, esta vez como director, en 2024) y su contraparte cinematográfica Made in Argentina. O su fama televisiva, como contraparte de Joe Rigoli en La nena, programa protagonizado por Marilina Ross que le dio a sus intérpretes un nivel de fama al que hasta entonces, y a pesar de sus numerosos trabajos, no habían podido acceder.

Pero no todo fue alegría para el actor. Porque con la década del 70 llegaron el miedo, las listas negras, las amenazas de la Triple A, un exilio en México y el volver a empezar.

De regreso a la frialdad del archivo -esta vez cinematográfico- pican en punta La cigarra está que arde (1967), Tute Cabrero (1968), La gran ruta (1971) o La guita (1970), todos papeles importantes pero menores, de esos que apenas disparan un “Che, ¿ese no es Brandoni?”, un domingo a la tarde haciendo zapping.

De La Patagonia rebelde a Esperando la carroza

Hasta que a mediados de los setenta, el destino barajó, dio de nuevo y formó un poker ganador con las notables La Patagonia rebelde (1974), La tregua (1974), Gente en Buenos Aires (1974) y Juan que reía (1976). Cuatro títulos que alcanzaron para colocar al actor entre los más destacados del cine nacional de ese momento. ¿Hace falta seguir la enumeración? Y no, aunque sí conviene detenerse en momentos como el de Darse cuenta (1984), su primera colaboración con Alejandro Doria. “En los primeros meses del 84, cuando se había terminado la censura en Argentina, todo el mundo se preparó para filmar las cosas más estrambóticas, los desnudos, las denuncias políticas y todo eso. Y a este señor se le ocurrió filmar una película de un muchacho que lo atropella un camión, va a un hospital y se salva. Parece una tontería y tal vez haya sido la película más política de 1984. La mejor metáfora sobre el país que hubo”, reflexionaba el actor.

El cariño entre director e intérprete era recíproco y fue lo que llevó a que Doria lo pusiera primero en la lista para su próximo proyecto: Esperando la carroza. Para muchos, la mejor película del cine argentino; para otros, el más completo ADN del ser nacional, con sus virtudes y sus bajezas. Y, en el medio, una enorme cantidad de frases que quedaron en la historia. Y de todas, especialmente una, la de las “Tres empanadas”, que para Brandoni siempre fue un verdadero misterio. “Esa frase no tiene ningún chiste. ¿Cuál es el chiste? ‘¿Sabés qué tenían para comer? Tres empanadas’. A nadie se le ocurrió que podía pasar eso”, aseguraba el actor en el documental Carroceros.

La tercera y última colaboración entre Doria y Brandoni fue Cien veces no debo, con Andrea del Boca, Norma Aleandro, Federico Luppi y Darío Grandinetti. Otro grotesco exacerbado que, sin llegar a ser Esperando la carroza, también acuñó algunas frases para el recuerdo.

La marca Brandoni

Con la década del 90, la militancia política (la otra gran constante de su vida) le ocupó parte de su tiempo profesional. Sus convicciones, siempre ligadas al radicalismo, lo llevaron en la década del setenta a ser Secretario General de la Asociación Argentina de Actores, donde no estuvo exento de amenazas.

Con la llegada de la democracia, en 1983, Beto fue una voz autorizada para el presidente Raúl Alfonsín, en todo lo que tuviera que ver con el área de Cultura. El camino ascendente hizo que en 1997, con el fin de siglo, accediera a una banca de diputado. Su responsabilidad y rigor hicieron que la actividad política mermara su predisposición actoral. Sin embargo, con una energía inagotable que nadie entendía de dónde sacaba, Luis siguió actuando. A la vez que era cada vez más requerido también por sus opiniones políticas, donde por momentos perdía la compostura y se mostraba tan vehemente como en la ficción.

Su regreso a la pantalla chica (luego de un virtuoso paso una década antes junto a Patricio Contreras en Buscavidas) fue en Telefe con Mi cuñado (1993). En dupla con Ricardo Darín, y apoyado por un canal que comenzaba una renovación estética y de contenidos, al artista comenzó a seguirlo una nueva generación, que poco y nada conocía de su pasado, pero que había descubierto en él a un actor brillante con espíritu de comediante.

De ahí en más la historia, no por conocida, es menos sorprendente. Con medio siglo de vida, muchos éxitos y mucha carrera sobre sus espaldas, ahora sí “Beto” se había transformado cabalmente en “Luis”, y como le sucedió a los grandes de su generación, su nombre y apellido se volvieron “garantía de confianza” del proyecto a encarar. Ni siquiera era necesario que lo protagonizara.

Las grandes duplas

En un rápido repaso de títulos donde dejó para siempre su impronta, los trabajos son tan disímiles y tan entrañables que son el mejor ejemplo de su calidad de intérprete. En cine, y con dos años de diferencia, La furia (1997) y Esa maldita costilla (1999, el regreso de Susana Giménez a la pantalla grande), lo colocan en dos vértices de un mismo espectro. El protagonismo absoluto en Mi obra maestra (2018) con Guillermo Francella, frente a la breve pero contundente aparición en 4x4 (2018). Y ni hablar de esos trabajos corales como los de El cuento de las comadrejas (2018) o La odisea de los giles (2019). Cada réplica, cada tono era una clase de actuación.

Lo mismo en televisión: Durmiendo con mi jefe (2003), El hombre de tu vida (2011) y Un gallo para Esculapio (2017), que fue una de las ficciones más destacadas de los últimos años. O en teatro: Conversaciones con mamá (inolvidable mano a mano con Pepe Soriano), Justo en lo mejor de mi vida (de la que fue primero actor y después director), El acompañamiento (obra que debió suspender cuando contrajo Covid), o incluso Parque Lezama, la puesta de Juan José Campanella que también presentó con mucho éxito en España, y que este año se dio el gusto de llevar a la pantalla.

Quedaría para la última etapa de su vida, el orgullo (seguramente mutuo) de haber compartido pantalla junto a Robert De Niro en Nada, proyecto a cargo de Mariano Cohn y Gastón Duprat, de 2023.

En noviembre del año pasado, mientras presentaba la obra ¿Quién es quién?, junto a Soledad Silveyra, en el Teatro Liceo, el actor sufrió una descompensación producto de un cuadro de hipertensión. En diálogo con LA NACIÓN, Carlos Rottemberg, productor de la obra, señalaba: “Beto tuvo un pico de presión el domingo que obligó a suspender las funciones de ese día. A partir de eso se viene realizando estudios que no muestran nada importante, pero en la semana estuvo bastante caído, lo que provocó suspender también el miércoles y luego la función de anoche”. En principio se había anunciado que retomaría su trabajo para la temporada de verano 2026, pero finalmente no sucedió.

Como nacio la relacion entre Brandoni y Robert De Niro

A comienzos de este mes, y todavía en recuperación y cuidado cardíaco, Luis se cayó en su casa, por lo que debió ser nuevamente hospitalizado el sábado 11. Según el parte médico: “El Sr. Luis Brandoni sufrió el sábado pasado un accidente doméstico que le provocó una caída, con un golpe en la cabeza que derivó en un hematoma subdural. Actualmente se encuentra internado bajo evaluación y cuidado médico, cursando un cuadro delicado, acompañado por profesionales que siguen de cerca su evolución”.

En la presentación del documental El último viaje a la China, su compañera Solita Silveyra le contaba a LA NACION sobre el accidente: “En las ultimas funciones lo veía muy mal, sabía que esto iba a pasar, que en algún momento nos íbamos a pegar un susto bárbaro. Se cae bastante él. En realidad, nos caemos bastante los dos”.

La carrera de Luis Brandoni fue tan asombrosa como inabarcable. Una sucesión de éxitos que cimentaron el camino de un actor que, desde aquellos primeros juegos infantiles, llegó a lo más alto del espectáculo argentino. El mismo que hoy, con su fallecimiento, deja un espacio en blanco, que solo podrá llenar la emoción de volver a ver alguno de sus tantos celebrados trabajos. Y aplaudirlo una vez más.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/murio-luis-brandoni-el-gran-actor-nacional-que-brillo-tanto-en-el-drama-como-en-la-comedia-nid20042026/

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